PRÓLOGO DE CARL SAGAN A “HISTORIA DEL TIEMPO” DE STEPHEN HAWKING

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He sido un niño pequeño que, jugando en la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro más fino o una concha más bonita de lo normal. El océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante de mi.
 
Sir Isaac Newton.
 
 
 
Ayer comencé la lectura de “Historia del Tiempo”, de Stephen Hawking, en la edición de bolsillo publicada por Alianza Editorial. Consta de 284 páginas, en total. Nada más abrir el libro, me encuentro con un breve apartado, escrito por el autor, el 20 de Octubre de 1987, titulado “Agradecimientos”, donde expone de dónde partió la idea de la escritura de este libro y la dificultad que implica la realización de un libro muy complejo, un breve tratado de Cosmología, dirigido a un público sin formación científica. Su editor le sugirió que, por cada fórmula que incluyese en esta obra, se reduciría el porcentaje de las ventas en la mitad. Al final, una sola fórmula aparece, inevitablemente, dada su enorme relevancia histórica:    E=mc 2     
  Se escogió para el prólogo a Carl Sagan, gran divulgador científico, seguramente porque en aquellas fechas, finales de los ochenta, triunfaba en televisión su serie COSMOS. Recuerdo perfectamente la serie, cuando la ponían en TVE, por las tardes, hace más de veinte años. Carl Sagan había escrito años antes (1980) su libro “Cosmos”, publicado en España por la editorial Planeta. La serie está basada en este libro. Este blog debe su título al primer capítulo de esta obra, “En la orilla del océano cósmico”. Recomiendo este libro mucho más que la serie de televisión. El contenido es exactamente el mismo, pero el libro es una joya, su lectura adornada de abundantes y bellísimas fotografías, constituye un verdadero placer literario y estético. La historia, narrada en el segundo capítulo –“Una voz en la fuga cósmica”-,  de los samurais Heike y la curiosa forma del caparazón de algunos cangrejos que los pescadores devolvían al mar, es inolvidable.
Carl Sagan era la figura científica idónea para prologar el libro más conocido y popular de Hawking.
Ambos libros, el de Sagan y el de Hawking, hoy día, son imprescindibles en cualquier biblioteca media.
Hacia el final del prólogo, Sagan dice: “También se trata de un libro acerca de Dios… O quizás acerca de la ausencia de Dios. La palabra Dios llena estas páginas”.   Ciertamente, el hombre – ya lo dijo el mismísimo Einstein – encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir.



PRÓLOGO DE CARL SAGAN A "HISTORIA DEL TIEMPO" DE STEPHEN HAWKING

 

Nos movemos en nuestro ambiente diario sin entender casi nada acerca del mundo. 


Dedicamos poco tiempo a pensar en el mecanismo que genera la luz solar que hace posible la vida, en la gravedad que nos ata a la Tierra y que de otra forma nos lanzaría al espacio, o en los átomos de los que estamos constituidos y de cuya estabilidad dependemos de manera fundamental. 
Excepto los niños (que no saben lo suficiente como para no preguntar las cuestiones importantes), pocos de nosotros dedicamos tiempo a preguntarnos por qué la naturaleza es de la forma que es, de dónde surgió el cosmos, o si siempre estuvo aquí, si el tiempo correrá en sentido contrario algún día y los efectos precederán a las causas, o si existen límites fundamentales acerca de lo que los humanos pueden saber. Hay incluso niños, y yo he conocido algunos, que quieren saber a qué se parece un agujero negro, o cuál es el trozo más pequeño de la materia, o por qué recordamos el pasado y no el futuro, o cómo es que, si hubo caos antes, existe, aparentemente, orden hoy, y, en definitiva, por qué hay un universo. 

En nuestra sociedad aún sigue siendo normal para los padres y los maestros responder a estas cuestiones con un encogimiento de hombros, o con una referencia a creencias religiosas vagamente recordadas. Algunos se sienten incómodos con cuestiones de este tipo, porque nos muestran vívidamente las limitaciones del entendimiento humano. 

Pero gran parte de la filosofía y de la ciencia han estado guiadas por tales preguntas. Un número creciente de adultos desean preguntar este tipo de cuestiones, y, ocasionalmente, reciben algunas respuestas asombrosas. 

Equidistantes de los átomos y de las estrellas, estamos extendiendo nuestros horizontes exploratorios para abarcar tanto lo muy pequeño como lo muy grande. 

En la primavera de 1974, unos dos años antes de que la nave espacial Viking aterrizara en Marte, estuve en una reunión en Inglaterra, financiada por la Royal Society de Londres, para examinar la cuestión de cómo buscar vida extraterrestre. 

Durante un descanso noté que se estaba celebrando una reunión mucho mayor en un salón adyacente, en el cual entré movido por la curiosidad. Pronto me di cuenta de que estaba siendo testigo de un rito antiquísimo, la investidura de nuevos miembros de la Royal Society, una de las más antiguas organizaciones académicas del planeta. En la primera fila, un joven en una silla de ruedas estaba poniendo, muy lentamente, su nombre en un libro que lleva en sus primeras páginas la firma de Isaac Newton. Cuando al final acabó, hubo una conmovedora ovación. Stephen Hawking era ya una leyenda. 

Hawking ocupa ahora la cátedra Lucasian de matemáticas de la Universidad de Cambridge, un puesto que fue ocupado en otro tiempo por Newton y después por P. A. M. Dirac, dos célebres exploradores de lo muy grande y lo muy pequeño. Él es su valioso sucesor. Este, el primer libro de Hawking para el no especialista, es una fuente de satisfacciones para la audiencia profana. Tan interesante como los contenidos de gran alcance del libro es la visión que proporciona de los mecanismos de la mente de su autor. En este libro hay revelaciones lúcidas sobre las fronteras de la física, la astronomía, la cosmología, y el valor. 

También se trata de un libro acerca de Dios… o quizás acerca de la ausencia de Dios. La palabra Dios llena estas páginas. 

Hawking se embarca en una búsqueda de la respuesta a la famosa pregunta de Einstein sobre si Dios tuvo alguna posibilidad de elegir al crear el universo. Hawking intenta, como él mismo señala, comprender el pensamiento de Dios. Y esto hace que sea totalmente inesperada la conclusión de su esfuerzo, al menos hasta ahora: un universo sin un borde espacial, sin principio ni final en el tiempo, y sin lugar para un Creador.

 

Carl Sagan
Universidad de Cornell, lthaca, Nueva York.
https://nrodriguezpadilla.blogspot.com

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