Las plantas que cambiaron el curso de la Historia

Le debemos al reino vegetal invenciones tan diversas como las ruedas de los coches, los vaqueros o la fabricación de medicamentos

Cinchona officinalis

Durante los primeros cuatro mil millones de años fueron los microbios los que escribieron en solitario las páginas de la historia de nuestro planeta. Hace “tan sólo” unos quinientos veinte millones todo cambió, las plantas terrestres modificaron el paisaje de los continentes y permitieron otras formas de vida.

Ahora mismo hay infinidad de plantas que permiten que nuestra vida sea mucho más sencilla, a pesar de que muchas veces no reparamos en su existencia. ¿Qué sería de nosotros, por ejemplo, sin el caucho?

Este polímero elástico es uno de los componentes esenciales de los neumáticos y se obtiene a partir de una planta llamada Hevea brasiliensis, también conocida en portugués como seringueira, que literalmente significa “el árbol que llora”.

A pesar de que fue en el siglo XIX cuando entró por la puerta grande en nuestras vidas ya era conocida en la américa precolombina. De su tronco se consigue exudar el látex, a base de cortes angulares en forma de “V”, que a continuación se recoge y se coagula. Tras añadir azufre a la goma del caucho se reducen a la mínima expresión sus propiedades indeseables.

Tras este proceso de vulcanización, el neumático ya está preparado para hacer frente a un pavimento seco, a uno mojado y soportar todo tipo de frenadas.

Los insaciables consumidores de agua

Desde hace unos ocho mil años se cultiva en México la Gossypium hirsutum –la planta del algodón-, una variedad que a día de hoy representa casi el noventa por ciento de la producción mundial.

A partir de dos plantas de algodón, y un elevado consumo de agua, que oscila entre los dos mil y tres mil litros, el Homo sapiens es capaz de elaborar tan sólo una unidad de pantalones vaqueros. Quizás habría que reflexionar sobre ello cuando compremos los próximos jeans.

En este momento los principales productores de algodón en el mundo son China, Estados Unidos, India y Pakistán.

La planta que llegó allende los mares

Fue en el año 1635 cuando el jesuita Bernabé Cobo escribió en su “Historia del Nuevo Mundo” la primera descripción de lo que acabaría siendo un remedio revolucionario: “en la diócesis de Quito nace cierta casta de árboles grandes que tienen la corteza como de canela, un poco más gruesa, y muy amarga, la cual, molida en polvo, se da a los que tienen calenturas y con sólo este remedio se quitan”.

Ese tratamiento para las “calenturas” no era otro que la quina, un antimalárico que se extraía del árbol de la quina (Cinchona officinalis) y que cambió nuestra forma de tratar el paludismo.

Durante un tiempo fueron los jesuitas los que monopolizaron en Europa su comercio, motivo por el cual se conocería como “el polvo de los jesuitas”. En 1639 el conde de Chinchón –don Luis Jerónimo Fernández de Bobadilla y Mendoza- fue nombrado Virrey del Perú. Dos meses después de tomar posesión de su cargo, su esposa -la condesa de Chinchón- enfermó de malaria. Todo hacía vaticinar su fallecimiento, sin embargo, consiguió curarse gracias a la corteza del árbol de la quina.

Cuando llegó a España la aristócrata se convirtió en la principal embajadora de aquel curioso tratamiento procedente del otro lado del Atlántico, por esa razón, durante algún tiempo se le conoció como los “polvos de la condesa”.

La planta que valía su peso en oro

Los egipcios fueron notables escritores, les gustaba registrar todo aquello que era importante en sus vidas, para ello usaron como soporte una planta, la Cyperus papyrus.

De no haber sido por los rollos de papiros que elaboraron a partir de esa especie que crecía en las riberas del río Nilo desconoceríamos muchos aspectos de esta milenaria civilización.

En nuestro recorrido no podía faltar la pimienta –Piper nigrum- una variedad de plantas cuyo fruto se empleaba, entero o molido, como una especie picante y que durante un tiempo formaba parte de la farmacopea de toda botica que se preciara.

Durante el medioevo los benedictinos fueron sus principales defensores y se llegó a considerar un bien equiparable a las joyas. En el siglo quince su precio fue tan elevado que fue preciso buscar nuevas rutas comerciales que abaratasen su comercio. ¿Qué habría sido de personajes de la talla de Vasco de Gama, Cristóbal Colon o Fernando de Magallanes sin la ruta de las especias?

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