“Hay un mensaje de advertencia sobre nuestro futuro dentro de los árboles”

La investigadora Valerie Trouet estudia el clima de la Tierra mirando los anillos de los árboles. En ellos no solo encuentra información sobre los cambios que sufrió nuestra atmósfera en el pasado, sino sobre cómo colapsaron imperios y civilizaciones que no supieron reaccionar.

La investigadora de la Universidad de Arizona y paleoclimatóloga Valerie Trouet

La investigadora de la Universidad de Arizona y paleoclimatóloga Valerie Trouet Cortesía de Valerie Trouet

Cuando mira en el interior de un árbol, ¿puede decir cuándo fue “feliz”?

Sí, aunque es diferente en cada árbol, claro. Simplificándolo un poco, un árbol que crezca en Arizona o en España no suele sufrir porque haga mucho frío, pero sí cuando le falta el agua para crecer y ser feliz. Si coges una muestra, como unos años son húmedos y otros son secos, en los años húmedos el árbol desarrollará anillos más anchos. En un árbol de 500 años, tienes anillos más anchos y más estrechos de modo que te ofrece un registro de qué pasó en cada año. Pero si te vas a Escandinavia, allí los árboles están felices cuando hace menos frío, así que allí hay que estudiarlo de otra manera.

La clave está en que en las mismas regiones muchos árboles están felices o descontentos a la vez, ¿no?

Exacto. Esa es la belleza de esto. Hemos hablado de un árbol en Arizona, pero si tienes 500 árboles en Arizona todos experimentan el mismo tiempo atmosférico, los mismos años húmedos o secos, de modo que los anillos van a ser similares. Por eso podemos buscar coincidencias de patrones y descubrir cuál es la imagen más fiable del clima del pasado, y lo más importante: eso nos permite datar maderas de distinto origen, ya sea de un barco, de un instrumento musical o de un árbol muerto.

“Fuimos a Grecia y encontramos el árbol más viejo datado en Europa. Tenía 1075 años”

¿Los dendrocronólogos conocen ubicaciones de árboles viejos que mantienen en secreto?

Bueno, algunos de los árboles más viejos son muy conocidos, están en parques naturales. Pero es verdad que hay otros árboles de los que muy poca gente tiene noticia. Por ejemplo, hace unos años fuimos a Grecia, a las montañas del Pindo, porque un colega había visto unas fotos de una presentación de alguien y le pareció que algunos árboles parecían muy viejos. Y encontramos el árbol más viejo datado en Europa. Tenía 1075 años. Fue bastante inesperado, porque no piensas encontrarte árboles tan viejos en un lugar habitado desde hace tanto tiempo como Grecia.

Pero con la información de los árboles vivos no basta, ¿no?

Lo bueno es que en lugares como este de Grecia también hay árboles cuyos tocones están enterrado en el terreno y que murieron a veces hace más de 1000 años. Y si ese árbol murió cuando tenía 500 años, eso te lleva a hace 1500 años. Además, hay muchas cosas que están hechas de madera y que podemos datar. La gente ha estado usando la madera para construir desde el principio de la civilización; edificios, instrumentos musicales, paneles para pintar cuadros… Cuando la madera está expuesta al aire se degrada, pero por suerte cuando se conserva bajo el agua, o en un lugar donde no hay oxígeno, se conserva mucho más tiempo. Eso nos ha permitido datar madera de pozos de agua del tiempo de los romanos o incluso antes, de la edad de Bronce. La cronología más larga y continua que tenemos, la de pinos y robles de Alemania, tiene un registro de más de 12000 años, y la parte más antigua procede de árboles que fueron cubiertos por los sedimentos junto a los ríos.

“Hacemos un agujero de unos milímetros en el tronco. Para el árbol no supone nada, es como tomar una biopsia”

Aunque para leer los anillos no tienen que cortar los árboles, a veces suceden accidentes, ¿verdad? Cuénteme la historia del pobre Prometheus.

La mayor parte de las veces no matamos a los árboles, ni siquiera les hacemos daño. El instrumento que más usamos es un perforador, una barrena que hace un agujero de unos milímetros en el tronco y extraemos una muestra. Para el árbol no supone nada, es como tomar una biopsia. Cuando tomamos muestras de madera muerta sí que usamos una sierra para cortar, pero solo para determinadas investigaciones como las de los incendios forestales. A principios de la década de 1960, hubo un estudiante llamado Don Currey que estaba interesado en investigar los pinos de conos erizados [Bristlecone pines] y la evolución de los paisajes glaciares. No está muy claro qué pasó, parece que empezó con una barrena, pero estos pinos están muy retorcidos y son difíciles de muestrear. Quizá se le quedó atascado el perforador o quería una muestra mejor. El caso es que le dieron permiso para cortar uno de estos pinos, lo cortó con la sierra, cogió una muestra, la llevó al laboratorio y empezó a contar los anillos. ¡Y resultó que aquel árbol era el más viejo de la Tierra y tenía más de 4600 años! ¡No te rías! Él sabía que era el viejo, pero no pensaba que era el más viejo. Por suerte 15 años después se encontró otro árbol vivo aún más viejo.

Trouet tomando muestras en el Monte Olimpo, Grecia

Trouet tomando muestras en el Monte Olimpo, Grecia Cortesía de Valerie Trouet

 

¿Cuál es el hilo conductor que une los árboles de Florida, el registro de huracanes y el auge de los piratas?

Todo esto nace de una coincidencia, de un día en que tres investigadores, Marta Domínguez Delmás, Grant Harley y yo nos juntamos a tomar algo tras una conferencia de deondrocronología en Tucson, donde yo trabajo. Grant tenía muestras de pinos en los cayos de Florida y quería ver los huracanes en los anillos y Marta, que está especializada en barcos hundidos, tenía acceso a las fechas de naufragios. Y en esa conversación nos dimos cuenta de que había un elemento común: la principal razón por la que se hundían los barcos eran los huracanes. Al final pudimos ampliar la cronología de los huracanes en el Caribe cruzando los datos. Y lo curioso es que al comparar vimos una depresión en el registro, un periodo en el que hubo muchos menos naufragios, que coincide exactamente con el periodo de baja actividad solar conocido como mínimo de Maunder. Esto se explica porque el sol calentaba menos el Atlántico y había menos huracanes. Y después en otro seminario, un geógrafo que estudiaba a los piratas nos hizo ver que ese periodo es precisamente la edad de oro de la piratería, porque los barcos no se hundían con los huracanes.

¿Los anillos cuentan la caída de grandes imperios?

Mi objetivo no es estudiar solo un punto en el espacio, sino analizar cómo regiones remotas pueden estar conectadas por cambios dinámicos. Hace unos años, en otra conferencia de dendrocronología, escuché a un colega de Argentina presentaba un trabajo sobre la expansión de los trópicos en el hemisferio sur. Y pensé que era fascinante y que podíamos mirarlo en el hemisferio norte. Usando cronologías de cinco localizaciones pudimos reconstruir cómo los trópicos se movían más al norte y al sur en los últimos 800 años. Cuando esto sucede, se producen condiciones de sequía, y vimos que un periodo de máxima expansión, que coincidía con un periodo de extrema sequía en muchas regiones, en el que se produjo el colapso de la dinastía Ming en China y también con una de las mayores crisis, por las hambrunas, en el Imperio Otomano.

“Lo que determina si una civilización cae o sobrevive es la reacción de la propia civilización”

Si los árboles nos cuentan cómo estos cambios climáticos del pasado influyeron en el equilibrio sociopolítico, ¿son una advertencia de que eso puede volver a pasar?

Creo que es un poco más complejo, porque estos cambios del clima a menudo son solo un factor más que contribuye a estas desintegraciones. Una de las cosas que he aprendido escribiendo este libro es que más que el cambio climático en sí mismo, lo que determina si una civilización cae o sobrevive es la reacción de la propia civilización, cómo responde su estructura socioeconómica a esos cambios en el clima. Sabiendo eso, se hace evidente que nuestra situación actual es precaria, porque no estamos respondiendo bien al cambio climático en marcha. Estamos en una posición única en la historia. Por primera vez nosotros sabemos que está pasando, sabemos lo que va a pasar y cómo va a ser el futuro. Esto es algo que antes no sucedía, cuando no sabían si al año siguiente cesaría la sequía o si duraría otros cien años. Ahora por primera vez sabemos lo que viene y lo que hacer, y aún así no somos capaces de actuar juntos y hacer algo al respecto. Y eso, como científica que estudia el clima, es frustrante.

Valerie Trouet usando el perforador para tomar muestras

Valerie Trouet usando el perforador para tomar muestras Cortesía de Valerie Trouet

 

¿Entonces hay un mensaje de advertencia en los árboles?

Me gusta pensar que los árboles son testigos, de lo que sucedió en el pasado pero también de lo que estamos haciendo ahora, desde la contaminación al calentamiento. Estudio muchas reconstrucciones de temperatura y veo un calentamiento extremo en todas y cada una, es abrumador. Los árboles, como testigos, están captando lo que esta pasando ahora y en ese sentido sí, contienen una advertencia sobre el futuro.

“Por primera vez sabemos lo que viene y lo que hacer, y aún así no somos capaces de actuar juntos”

¿Cree que la pandemia dejará una señal en los anillos de los árboles?

Sí, creo que es posible. Por un lado, las epidemias del pasado han dejado su marca en los árboles, en el sentido de que la madera era la principal materia para obtener energía y construir. Y si miras cuántos árboles se talaban en Europa en los últimos mil años ves una caída profunda en el siglo XIV, que coincide con la peste negra, porque hubo menos árboles eran cortados en ese periodo. En este momento, los árboles no tienen ese uso en los países industrializados, pero si ves algo parecido en el consumo de fósiles y emisiones de carbono y la contaminación, eso no dejará una marca en los anillos de crecimiento de los árboles, pero sí en la química, así que sí que creo que veremos este periodo único en el tiempo capturado por los árboles.

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