Gladiadores de la hierba

Gabriel N. U. on Twitter: "Lagerpetids are on the news. Yesterday ...

Un espeluznante video, por la furia de los gladiadores, ha llegado a mis redes sociales y no pude dejar de pensar en las no pocas envidias que, de conocerlo, despertará en los biólogos Claude Nuridsany y Marie Perennou, directores de esa obra fantástica del cine documental que es Microcosmos: Le Peuple de l’Herbe (Francia, 1996).

Un camaleón acecha a una mantis religiosa. Simula su movimiento con el balanceo de la ramita que lo sostiene, baile enajenante que a menudo puede confundir a las presas, y prepara su latigazo letal, esa lengua que suele ser más larga que su propio cuerpo y sale disparada para atrapar y engullir al objetivo a un tiempo.

Pero el reptil comete un error. Se acerca demasiado. Tanto que la mantis lo distingue con sus cinco ojos de cazadora y antes de que el pegajoso proyectil asome en las fauces del multicolor intruso, el insecto dispara sus patas delanteras, auténticas cuñas que se incrustan en la cabeza de su enemigo y lo inmovilizan mientras es devorado vivo.

Estos duelos en el microcosmos son legendarios. Un mundo opuesto es el de los dinosaurios y sus principales eras de dominio, Jurásico y Cretácico, en las que el gigantismo se abrió paso. Sin embargo, entre sus antecesores del Triásico había también temibles depredadores en la invisible base de los pastizales, como el Kongonaphon kely (pequeño asesino de insectos), apenas clasificado pero descubierto en 1998.

Con 10 centímetros de longitud, este pequeño de Madagascar andaba sobre dos patas, tenía brazos largos, garras y dientes afilados para cazar insectos, como descubrieron los científicos que estudiaron los fósiles y publicaron su estudio en la revista PNAS. Presas que podían haber sido coloridas, a partir de hallazgos como uno reciente en Birmania. Aunque más jóvenes que nuestro pequeño depredador, escarabajos, arañas y avispas quedaron atrapados en ámbar hace 99 millones de años y conservaron su coloración iridiscente, que bien compite con la riqueza de nuestros días. 

ALFREDO C. VILLEDA

https://www.milenio.com/opinion/alfredo-villeda/fusilerias

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