[Ensayo] «En favor de la poesía del pueblo. Walt Whitman y el resto de nosotros» de June Jordan

June Jordan (1936-2002) fue una poeta, ensayista y activista estadounidense, de origen jamaicano. Tanto su obra poética como ensayística destacan por su indagación en cuestiones de género y raza.

[Ensayo] «En favor de la poesía del pueblo. Walt Whitman y el resto de nosotros» de June Jordan

En el ensayo que presentamos en esta oportunidad («For the Sake of People’s Poetry. Walt Whitman and the Rest of Us»), Jordan propone una lúcida lectura de la poesía de Whitman y de su figura como padre de la poesía del Nuevo Mundo, vale decir, de una poesía que supera los paradigmas del Viejo Mundo y se instaura con un ethos que, a la luz de la naciente democracia, abre una vía de acceso y da voz en el poema hasta entonces marginados.

La traducción y las notas son de Mónica Drouilly Hurtado.

En Estados Unidos el padre es blanco; él es quien inauguró el experimento de esta república. Es él quien forjó su propio camino hacia la propiedad de esclavos y quien se aprovechó de mi madre –esa mujer africana cuya función era miserable– motivado por sus deseos o su rabia. Él es el que sigue dominando el destino del río Misisipi, las montañas Blue Ridge y la vida de mi hijo. Es comprensible, entonces, que sienta curiosidad por este hombre.

La mayoría de las veces mi interés puede ser caracterizado como cauteloso, a lo más. Otras, es el interés que un peatón siente por el camión que se le acerca rápido y que está a punto de atropellarlo. O atropellarla. De nuevo. Y en otras ocasiones es la curiosidad de un extraño tratando de averiguar el sistema del lenguaje que excluye su nombre y todos los nombres de toda su gente. Es este último el que me lleva al poeta Walt Whitman.

Tratando de entender el sistema responsable de todos los poemas aburridos, inaccesibles, irrelevantes, derivados y pretenciosos que están pegados a la médula de las lecturas requeridas en las aulas estadounidenses, o tratando de comprender el sistema responsable de la exclusión del Fondo Nacional de las Artes y las subvenciones de las publicaciones nacionales de todos los poetas hilarantes, impresionantes, visionarios, pertinentes e inolvidables, vuelvo a Walt Whitman.

¿Qué demonios le ha pasado? ¿No era un hombre blanco? ¿No era una especie de padre de la literatura estadounidense? ¿No hablaba de este Nuevo Mundo? ¿No lo veía? ¿No cantaba este Nuevo Mundo, esta América, en un Nuevo Mundo o una América a escala de su propia invención visionaria?

Sucede que Walt Whitman es el padre blanco que comparte las desventajas sistemáticas de su heterogénea descendencia atrapada en un clóset que es, en realidad, tan grande como la extensión continental de América del Norte y América del Sur. Lo que Whitman previó, nosotros, el pueblo y los poetas del Nuevo Mundo, lo encarnamos. Fue castigado por las cuestiones morales que despiertan nuestras mismísimas vidas.

De niña aprendí en casa la poesía de la Biblia y la poesía de Paul Laurence Dunbar. De estudiante, diligentemente seguí las indicaciones ortodoxas de un anglófilo consumado, cuyo nombre nunca recuerdo, desde Los cuentos de Canterbury hasta La tierra baldía. Y me quedé esperando. Estaba bien, pensé, enfrentarse a los narcisos del siglo XVII de una isla tan parecida a Manhattan como yo a la Reina María. Pero ¿qué pasa con Dunbar? ¿Cuándo iba a aparecer? ¿Y dónde estaban los poetas negros, todos juntos? ¿Y quiénes eran las mujeres poetas que podría emular razonablemente? ¿Y no estaba allí, siempre, algún gran poeta loco por Brooklyn o furioso por la guerra? Y me quedé esperando. Y seguí escribiendo mi propia poesía. Y seguí leyendo poesía aparentemente subterránea: poesía estrictamente fuera de la universidad. Seguí leyendo la poesía de tantos estudiantes dotados cuando me convertí en profesora. Seguí escuchando la maravillosa poesía innumerable de mis amigos que eran y que son poetas del Nuevo Mundo hasta que supe, a ciencia cierta, que había y que hay una poesía norteamericana, una poesía del Nuevo Mundo que es tan personal, tan pública, tan irresistible, tan rápida, tan necesaria, tan sin precedentes, tan representativa, como exaltada, tan de habla común y corriente y tan musical como una llamada de emergencia.

Pero yo no sabía sobre Walt Whitman. Sí, había oído hablar de este bohemio, este homosexual, incluso, que escribió algo sobre «The Captain» y «The Lilacs in The Hallway, ¡pero nunca nadie me dijo que leyera su trabajo! Whitman no solo era una lectura no requerida, era, por el contrario, presentado como un bufón peludo afectado por una proclividad infantil hacia el ejercicio y el aire libre.

Sin embargo, es a través del estudio de los poemas y las ideas de este padre blanco particular que he llegado a una comprensión táctica, si no estratégica, de los predicamentos antiestadounidenses, racistas y sexistas que condenan a la mayor parte de la escritura del Nuevo Mundo a un estatus periférico o de manuscrito no publicado.

Antes de que estos Estados Unidos comenzaran a existir, los grandes poetas del mundo ganaban su prestigio mediante formas innegables de popularidad espontánea; generaciones de un pueblo eligieron esas canciones para memorizarlas y seguir elaborándolas para comunicárselas a la siguiente generación. Estoy hablando de los pueblos; ¡familias africanas y familias griegas y familias de las tribus hebreas y toda esa multitud de personas para quienes el Bhagavad-gītā es tan cotidiano como el sol! Si estos poemas no siempre eran religiosos, eran ciertamente morales en su intención, o en su resultado, o ambas cosas. Ninguno de estos grandes poemas sería confundido con la poesía de otro país, de otro tiempo. ¡No encuentras ni un solo helicóptero despegando o aterrizando en ninguno de los sonetos de la Inglaterra isabelina ni tampoco corres a través del arroz y las arvejas en ninguno de los salmos! Evidentemente, un criterio para la gran poesía solía ser el requisito del nacionalismo cultural.

Sin embargo, para el advenimiento del poeta de treinta y seis años, Walt Whitman, el fenómeno de la poesía del pueblo, o la gran poesía y su popularidad espontánea, ya no podía ser asumido. La inmensidad física y la extensa población de este Nuevo Mundo separaba de manera decisiva a los poetas de los medios adecuados para producir y distribuir su poesía. Ahora tendrían que haber intermediarios —críticos y editores— cuyos principios de escasez de mercado, lógicamente, los opondrían a las tradiciones populistas del arte.

Conceptos del Viejo Mundo reemplazarían a los democráticos y prevalecerían estas nociones elitistas; en el contexto de tales consideraciones, echó raíces una organización literaria estadounidense antitética a los significados de los Estados Unidos del Nuevo Mundo. Y esta es una de las razones por la que existe el padre estadounidense preeminentemente blanco de la poesía estadounidense ante todo en el ámbito de la caricatura y el rumor de su propio país.

De hecho, si tienen la esperanza de escuchar sobre Whitman, lo mejor es salir de casa. Ignorar la crítica estadounidense prevaleciente y, en cambio, preguntar a cualquiera en cualquier parte del mundo: como Shakespeare es a Inglaterra, Dante a Italia, Tolstói a Rusia, Goethe a Alemania, Agostinho Neto a Angola, Pablo Neruda a Chile, Mao Tse-Tung a China y Ho Chi Minh a Vietnam, ¿quién es el gran escritor estadounidense, el poeta típicamente estadounidense, el gigante «literatus» estadounidense? Sin lugar a dudas, la respuesta será Walt Whitman.

Él es el poeta que escribió:

A man’s body at auction
(For before the war I often go to the slave-mart and watch the sale,)
I help the auctioneer, the sloven does not half know his business.

Gentlemen look on this wonder,
Whatever the bids of the bidders they cannot be high enough for itiv.

*

Se subasta un cuerpo de hombre
(porque, antes de la guerra, yo iba mucho al mercado de esclavos, y presenciaba las ventas).
Ayudo al subastador: el muy gandul no sabe nada del negocio.

Caballeros, vean esta maravilla:
por más que pujen los licitadores, nunca pujarán lo bastantev.

Les pregunto hoy en día: ¿quién en los Estados Unidos publicará esas líneas? ¡Están todos equivocados! En primer lugar, no hay nada oscuro, nada tramado, nada planificado, ¡nada que pudiese desconcertar a un pasajero de pie común y corriente en el metro! En segundo lugar, la voz de esas líneas es íntima y directa al mismo tiempo; es la voz de un poeta que asume que le habla a un igual y que no tiene por qué temer de la igualdad. Por el contrario, la distancia íntima entre el poeta y el lector es una distancia que asume que todo es lo suficientemente importante para ser compartido entre ellos. ¿Y qué es lo poético en una línea de palabras que se despliega tan larga como regular, en una idea dicha? Se podría imaginar más fácilmente a un ser humano diciendo estas palabras que imaginar a un artista componiéndolas en una habitación cuidadosamente separada de la vida real de su familia. ¡Esto no puede ser poesía! Además, ¡estas líneas aparentemente tienen un propósito expresamente moral! Entonces ¿es este escrito didáctico/político? ¡Ajá! Esto no puede ser buena poesía. Y, de hecho, nunca verán, por ejemplo, a la revista The New Yorker publicar un poema marcado por tales deficiencias espléndidas.

Gentlemen look on this wonder,
Whatever the bids of the bidders they cannot be high enough for it (…)
This is not only one man, this the father of those who shall be fathers in their turns,
In him the start of populous states and rich republics,
Of him countless immortal lives with countless embodiments and enjoyments.

*

Caballeros, vean esta maravilla:
por más que pujen los licitadores, nunca pujarán lo bastante (…)
No es sólo un hombre: es el padre de los que serán, a su vez, padres;
en él, el origen de estados populosos y prósperas repúblicas;
de él, innúmeras vidas inmortales, con innúmeras encarnaciones y alegrías.

Idea crucial y obviamente importante y, por esto mismo, no generalmente difundida: el poeta está tratando de salvar a un ser humano, ¡cuando hasta el poema es incapaz de ser salvado de la insolencia de la evaluación del mercado!

De hecho, Whitman y sus descendientes rastreables (aquellos que siguen su fe democrática en las formas de experiencia y arte que obviamente provienen del Nuevo Mundo) son los que sufren del rechazo de los ya establecidos y el desprecio de los mismos que fuerzan a este genio estadounidense arquetípico a publicar, distribuir y revisar él mismo su propio trabajo. Los descendientes que tengo en mente incluyen a aquellos inconfundibles jóvenes poetas contemporáneos que se construyen a sí mismos en base a cosas domésticas tales como la discoteca, Las Vegas, el McDonald’s y las zapatillas de running de cuarenta dólares. También dentro de la tradición Whitman, poetas negros y del primer mundovii transforman aún más la sensibilidad igualitaria que aísla a este padre blanco de sus compatriotas más poderosos. Me refiero a las poetas feministas y su intención evidente de hablar con la mayor diversidad posible de la vida de otros estadounidenses. Estoy pensando en todos los muchos héroes de primera línea del Nuevo Mundo que están abrumadoramente obligados a publicar sus propias obras utilizando una imprenta de mano, o lo que sea, o bien, a renunciar por completo.

Es decir, las únicas personas que pueden probar o verificar el significado de Estados Unidos como un Estado democrático, como una cultura pluralista, son las mismas personas cuya contribución a una visión nacional y exploración se encuentra con la burla constante y la indiferencia.

Un Estado democrático no existe, después de todo, para unos pocos, sino para la gran mayoría. Un Estado democrático no es puesto a prueba por el bienestar de los fuertes, sino por el bienestar de los débiles. Y a menos que los muchos que conforman esa constitución múltiple de diversos pueblos puedan ser vistos como parte integral del arte nacional, de la conciencia nacional, también podría llegar a significar Checoslovaquia cuando se habla de Estados Unidos, o solo Irlanda, o meramente Francia, o exclusivamente hombres blancos.

Pablo Neruda es un poeta del Nuevo Mundo, cuyo destino difiere de los otros descendientes Whitman porque nació en un país donde la mayoría de los ciudadanos no se confunden a sí mismos con los ingleses o anhelan, a lo más, enfrentarse a sándwiches de pepino y té. Nunca fue europeo. Su angustia no fue despertada por trajes de tres piezas y paraguas largos. Cuando llora, hacia el final de Alturas de Machu Picchu, «Sube a nacer conmigo, hermano»viii, claramente no alude al señor o coronel cualquiera. Como escribe antes, en ese asombroso poema:

entonces fui por calle y calle y río y río,
y ciudad y ciudad y cama y cama,
y atravesó el desierto mi máscara salobre,
y en las últimas casas humilladas, sin lámpara, sin fuego,
sin pan, sin piedra, sin silencio, solo,
rodé muriendo de mi propia muerte.

Por supuesto que Neruda no ha escapado de las consecuencias adversas que sufren los descendientes Whitman. Críticos y traductores estadounidenses no se cansan de afirmar que Neruda es un, cita, gran poeta, fin de la cita, a pesar del compromiso político de su arte y a pesar de las consecuencias artísticas del compromiso. En concreto, la decisión consciente de Neruda de escribir de manera sencilla para sus compatriotas y la decisión consciente de especificar, rotundamente, la United Fruit Companyx, cuando ese era el tema instigador de su poema, se convierten en momentos desafortunados en una historia supuestamente sublime, por no decir surrealista y profundamente europea, pero no obstante chilena. Para asegurar la validez de esta perspectiva, los habituales críticos y traductores estadounidenses nos presentan una noción superficial de la desafortunada poesía ostensiblemente política y, por otro lado, nos entierran bajo volúmenes de los primeros trabajos de Neruda, anteriores a la guerra cvil española o, en otras palabras, anteriores a la seria transformación de Neruda hacia una visión política del mundo.

Este tipo de censura artísticamente indefendible tendría que hacernos apreciar diferencias cualitativas, e incluso irreconciliables, con el poeta que escribió:

Tú mi enemiga de tanto sueño roto de la misma manera
que erizadas plantas de vidrio, lo mismo que campanas
deshechas de manera amenazante, tanto como disparos
de hiedra negra en medio del perfume,
enemiga de grandes caderas que mi pelo han tocado
con un ronco rocíoxi.

Y el poeta que escribió, unos veinte años más tarde, estas líneas del poema titulado «Los dictadores»:

El llanto está escondido como una planta
cuya semilla cae sin cesar sobre el suelo
y hace crecer sin luz sus grandes hojas ciegas.
El odio se ha formado escama a escama,
golpe a golpe, en el agua terrible del pantano,
con un hocico lleno de légamo y silencio.

De acuerdo con la crítica americana prevalente, el segundo poema de Neruda representa un logro menor, precisamente debido a que puede ser entendido por más gente, más fácilmente que el primero. También fue derogado porque este poema ataca una piedra angular del Viejo Mundo, es decir, la dictadura o, en otras palabras, el poder y el privilegio de unos pocos.

La peculiar venganza norteamericana contra Walt Whitman, contra el primer hijo de esta unión democrática, se puede comprender aún más si se miran algunos hechos: la eminencia de Neruda ahora se reconoce a nivel internacional; se sabe que abarca un profundo impacto en los poetas norteamericanos que no se dan cuenta de los orígenes norteamericanos/waltwhitmanianos de mucho de lo que es digno y singular en la poesía de Neruda. Incluso encontrarán críticos estadounidenses que felicitan a Neruda por superar el contenido «whitmanesco» de su arte. Esta arrogancia pérfida es tan premeditada como común. No se puede persuadir a nadie que esté familiarizado con la vida y la obra de Neruda de que el poeta podría haber perseguido la causa, en cualquier momento, de estar en desacuerdo con los principios, los análisis y la auténtica visión del Nuevo Mundo presentada por Walt Whitman en su ensayo Perspectivas democráticas, que sigue siendo el manifiesto impreso más convincente y persuasivo del pensamiento y la creencia en el Nuevo Mundo.

Permítanme definir mis términos brevemente: Nuevo Mundo no significa Nueva Inglaterra. Nuevo Mundo significa no europeo; significa nuevo; significa grande; significa heterogéneo; significa desconocido; significa libre; significa el fin del feudalismo, la casta, el privilegio y la violencia del poder. Significa salvaje en el sentido de que un árbol que crece lejos de la tierra representa un evento salvaje. Significa democrático en el sentido de que, como escribió Whitman:

I believe a leaf of grass is no less than the journey-work of the stars (…)
And a mouse is miracle enough to stagger sextillions of infidels.

*

Creo que una hoja de hierba no es menos que el camino recorrido por las estrellas (…)
Y que un ratón es un milagro capaz de confundir a millones de incrédulos.

Nuevo Mundo significa que, como escribió Whitman, «me conservo tan puro en las entrañas como en la cabeza y en el corazón»xv. Nuevo Mundo significa, como dijo Whitman, «¡Por Dios! No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás en iguales condiciones.

En Perspectivas democráticas, Whitman declaró:

Así como las mayores lecciones de la Naturaleza a través del universo son quizás las lecciones de variedad y libertad, las mismas presentan también las mayores lecciones en la política y el progreso del Nuevo Mundo… Únicos entre las nacionalidades, estos Estados han asumido la tarea de poner en forma la historia, el poder y la factibilidad en áreas tan amplias que rivalizan con las operaciones del cosmos físico, las especulaciones políticas y morales de épocas largamente diferidas, el principio democrático republicano y la teoría del desarrollo y la perfección por estándares voluntarios y la autosuficiencia.

Escuchemos a este padre blanco: ¡es tan raro! Aquí está llamando en voz alta a un espíritu estadounidense y democrático. Una idea estadounidense y democrática que podría restringir y coordinar moralmente el cuerpo material de la riqueza y el alcance pirata de los Estados Unidos. Hace más de cien años escribió:

Los grandes poemas, incluidos los de Shakespeare, son venenosos para la idea del orgullo y la dignidad de la gente común, el alma de la democracia. Los modelos de nuestra literatura, tal como la obtenemos de otras tierras, ultramarinas, han nacido en los tribunales y han disfrutado y crecido a la luz del castillo; todo huele a favores de príncipes (… ). ¿Llaman poetas estadounidenses a esas criaturas gentiles y pequeñas? ¿Calificas de arte, drama, gusto, verso estadounidense a ese trabajo perpetuo, devaluado y pegoteado? (…). Vemos a los hijos e hijas del Nuevo Mundo, ignorantes de su genio, aún sin inaugurar lo nativo, lo universal y lo cercano, todavía dándole importancia a lo distante, lo parcial, lo muerto.

Abominando la «débil sensibilidad de salones, sombrillas, canciones para piano, rimas tintineantes», Whitman conjuró una poesía de América, una poesía de la democracia que no «significara los paseos tranquilos, los setos recortados, las poses y los ruiseñores de los poetas ingleses, sino que todo el orbe, con su historia geológica, el cosmos, el fuego y la nieve que atraviesan áreas ilimitadas, livianos como una pluma, aunque pesen miles de millones de toneladas».

Bueno, ¿qué pasó?

Whitman siguió adelante y escribió la poesía que le exigía su visión. Se convirtió, mediante miles y miles de palabras, en un gran poeta estadounidense:

There was a child went forth every day,
And the first object he look’d upon, that object he became,
And that object became part of him for the day or a certain part of the day, or for many years, or stretching cycles of years.

The early lilacs became part of this child,
And grass and white and red morning-glories, and white and red clover, and the song of the phoebe-bird.

*

Había un niño que salía cada día,
y lo primero que miraba, en eso se convertía,
y eso formaba parte de él por aquel día o parte de aquel día,
o por muchos años o sucesivos ciclos de años.

Las lilas tempranas formaban parte de aquel niño,
y la hierba y las glorias-de-la-mañana blancas y rojas
y los blancos y rojos claveles, y el canto del jilguero.

Y, en otro lugar, escribió:

It avails not, time nor place—distance avails not,
I am with you, you men and women of a generation, or ever some many generations hence,
Just as you feel when you look on the river and sky, so I felt,
Just as any of you is one of a living crowd, I was one of a crowd,
Just as you are refresh’d by the gladness of the river and the bright flow, I was refresh’d,
Just as you stand and lean on the rail, yet hurry with the swift current, I stood yet was hurried,
Just as you look on the numberless masts of ships and the thick-stemm’d pipes of steamboats, I look’d.

*

En cualquier tiempo, lugar y distancia,
estoy con vosotros, con vosotros, hombres y mujeres de una generación o de cualquier otra generación del futuro;
exactamente lo mismo que sentís cuando contempláis el río y el cielo lo he sentido yo;
como cualquiera de vosotros forma parte de una vívida multitud, yo formo parte de una multitud;
lo mismo que os habéis serenado con la alegría de la ribera, así me he serenado yo;
lo mismo que os sostenéis en la batayola cuando la corriente es rápida, yo me sostengo al ser zarandeado;
lo mismo que vosotros contempláis los numerosos mástiles de los navíos y las chimeneas amontonadas de los vapores, yo he contemplado.

Este gran poeta estadounidense de la democracia como cosmos, este poeta de un continente como conciencia, este poeta de las muchas personas como un solo pueblo, este poeta de la dicción comprensible para todos, de una visión que insiste en cada uno, de un impulso rítmico/retórico capaz de transportar al lector desde el ferry de Brooklyn hasta las colinas de Alabama y traerlo de vuelta, de línea tras línea de detalles corporales y detalles concretos que constituyen el misterioso tejido celular de una nación indivisible pero dependiente y sorprendente en su diversidad, este padre blanco de una gran poesía privada de popularidad espontánea/una gran poesía escondida que celebra tan bien a la gente común, él ha sido, una y otra vez, dejado de lado como un presumido indisciplinado, una erupción simplemente monstruosa de prolíficas perversidades.

El año pasado, el New York Times Book Review consideró adecuado importar a un autodenominado crítico europeo de literatura estadounidense para abordar la pregunta: ¿hay un gran poeta estadounidense? Como este visitante ignoraba la filosofía y los logros de Walt Whitman, el visitante, Denis Donoghue, excluyó cómodamente a todos los posibles descendientes de Whitman de sus añejas celebraciones. Solo se mencionó a una mujer (ella, no hace falta agregar, no calificó). No hay poetas menores de cincuenta años y ningún poeta negro o del primer mundo recibió ni siquiera una evaluación superficial. Ningún poeta de valores distintivos del Nuevo Mundo y su encarnación formal logró mellar la suavidad de la exhibición pública de Donoghue.

Este evento del New York Times perpetuó los hábitos estadounidenses de deferencia absurda y mendigante hacia el Viejo Mundo. Y estos hábitos expresan más que las intrusiones de mercado en los reinos culturales. Nos borramos a través del odio hacia uno mismo. Prestamos nuestro silencio al proceso estadounidense antiestadounidense por el cual cualquier cosa y cualquier persona especial en este Estado nación es propensa a ser condenada porque es lo que es, sinceramente.

Contra el odio hacia uno mismo está Whitman y están todos los poetas del Nuevo Mundo que idean insistentemente variedades legítimas de nacionalismo cultural. Están Whitman y todos los poetas cuyas vidas han sido bautizadas por testigos de sangre, testigos de confrontaciones políticas catastróficas desde la guerra civil hasta la era de los derechos civiles, pasando por el movimiento de mujeres, y así sucesivamente a través de los conflictos entre los hambrientos y los bien alimentados, los derrochadores, los matones.

En la poesía del Nuevo Mundo, te encuentras con una reverencia por el mundo material que comienza con una reverencia por la vida humana. Existe confianza intelectual en la sensualidad como medio de conocimiento, como sistema de referencia fácilmente descifrado, aspiraciones en una voz creíble y colectiva y, en consecuencia, una preferencia enfática por un lenguaje hablado de amplio acceso. Equilibrando deliberadamente la percepción con la visión, busca hacer coincidir la exhortación moral con el informe sensorial.

Todos los descendientes rastreables de Whitman se han encontrado con una recepción académica del poder establecido vergonzosamente idéntica; a excepción de los poetas del Nuevo Mundo que viven y escriben más allá de los límites de los Estados Unidos, la descendencia de este padre blanco se encuentra con el eterno menosprecio del mercado como crudo u opcional o simplista o, como el propio Whitman escribió, «anhelante, grosero, místico, desnudo».

Yo también soy descendiente de Walt Whitman. Y no estoy sola luchando por decir la verdad sobre esta historia de tanta tierra y tanta sangre, de tanta que debería ser sagrada y de tanta profanación y aniquilación jactanciosa.

Mis hermanos y hermanas de este Nuevo Mundo, recordamos que, como dijo Whitman:

I do not trouble my spirit to vindicate itself or be understood,
I see that the elementary laws never apologize.

*

Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.

No nos disculpamos por no ser Emily Dickinson, Ezra Pound, T. S. Eliot, Wallace Stevens, Robert Lowell y Elizabeth Bishop. O, como Whitman exclamó, «existo como soy, eso es suficiente».

La poesía del Nuevo Mundo se desplaza más allá de la vida de Walt Whitman, Pablo Neruda, Agostinho Neto, Gabriela Mistral, Langston Hughes y Margaret Walker. Sigo este movimiento con mi propia vida. Estoy tranquila y sonriendo mientras avanzamos. ¿No está escrito, en algún lugar muy cercano a mí?:

A man’s body at auction (…)
Gentlemen look on this wonder,
Whatever the bids of the bidders they cannot be high enough for it.

*

Se subasta un cuerpo de hombre (…)
Caballeros, vean esta maravilla:
por más que pujen los licitadores, nunca pujarán lo bastante.

¿Y ese extraño padre blanco no predijo esta verdad que sigue creciendo?:

I swear to you the architects shall appear without fail,
I swear to you they will understand you and justify you,
The greatest among them shall be he who best knows you and encloses all and is faithful to all,
He and rest shall not forget you, they shall perceive that you are not an iota less than they,
You shall be fully glorified in them.

*

Os juro que los arquitectos surgirán sin falta, os juro que ellos os comprenderán y os justificarán.
El más grande entre ellos será el que mejor os conozca, que todo lo abrazará y será fiel a todo;
ni él ni los demás os olvidarán, notarán que vosotros no sois un ápice inferiores a ellos:
vosotros seréis en ellos plenamente glorificados.

Walt Whitman y todos los poetas del Nuevo Mundo que vienen tras él, nosotros, también, seguimos cantando esta América.

Notas

i June Jordan, al igual que muchos estadounidenses, dice «America» cuando debe decir «United States of America». En algunas ocasiones, he traducido esta palabra y su gentilicio como «Estados Unidos» y «estadounidenses»; en otras, me he rendido al ritmo de la oración y he puesto «América» y «americanos», siempre que el contexto lo permita.
ii Se refiere a los poemas «Oh Captain! My captain!» y «When Lilacs Last in the Dooryard Bloom’d».
iii En latín el original «literatus», usualmente usado en plural «literatis», una persona erudita, familiarizada con la literatura.
iv Nota del texto original. De «Canto el cuerpo eléctrico» («I Sing the Body Electric») de Walt Whitman.
v Traducción tomada de Hojas de hierba (Galaxia Gutenberg, 2014), con traducción, prólogo y notas de Eduardo Moga.
vi Ibíd.
vii Dado que fueron los primeros en existir en el planeta y actualmente constituyen la mayoría, la autora se referirá a esa parte de la población generalmente denominada tercer mundo como el primer mundo.
viii Sección XII de Alturas de Macchu Picchu.
ix De Alturas de Machu Picchu.
x Hace referencia al poema de Neruda «La United Fruit Co.»: Cuando sonó la trompeta, estuvo / todo preparado en la tierra, / y Jehová repartió el mundo / a Coca-Cola Inc., Anaconda, / Ford Motors, y otras entidades : / la Compañía Frutera Inc. / se reservó lo más jugoso, / la costa central de mi tierra, / la dulce cintura de América. / Bautizó de nuevo sus tierras / como “Repúblicas Bananas”, / y sobre los muertos dormidos, / sobre los héroes inquietos / que conquistaron la grandeza, / la libertad y las banderas, / estableció la ópera bufa : / enajenó los albedríos, / regaló coronas de César, / desenvainó la envidia, atrajo / la dictadura de las moscas, / moscas Trujillos, moscas Tachos, / moscas Carías, moscas Martínez, / moscas Ubico, moscas húmedas / de sangre humilde y mermelada, / moscas borrachas que zumban / sobre las tumbas populares, / moscas de circo, sabias moscas / entendidas en tiranía. / Entre las moscas sanguinarias / la Frutera desembarca, / arrasando el café y las frutas, / en sus barcos que deslizaron / como bandejas el tesoro / de nuestras tierras sumergidas. / Mientras tanto, por los abismos / azucarados de los puertos, / caían indios sepultados / en el vapor de la mañana : / un cuerpo rueda, una cosa / sin nombre, un número caído, / un racimo de fruta muerta / derramada en el pudridero.
xi Fragmento del poema «Las furias y las penas» de Pablo Neruda.
xii Fragmento del poema «Los dictadores» de Pablo Neruda.
xiii Democratis Vistas.
xiv Song of Myself («Canto a mí mismo») de Walt Whitman, traducción de Jorge Luis Borges.
xv Traducción de Jorge Luis Borges.
xvi Traducción de Jorge Luis Borges.
xvii Fragmento del poema «Había un niño que salía», traducción de Ernesto Cardenal y José Coronel Urtecho.
xviii «En la barca de Brooklyn», traducción de Concha Zardoya.
xix Fragmento de «Canto a mí mismo», traducción de León Felipe.
xx Fragmento de «Canto a la tierra que gira», traducción de Concha Zardoya.

Mónica Drouilly Hurtado (Santiago, 1980). Narradora y dramaturga. Es licenciada en estética e ingeniera civil de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es autora del libro de cuentos Retrovisor y de los textos teatrales Querido John, Take a chance on me, #WishList y Lovelace. Ha sido merecedora de diversos reconocimientos, entre ellos, la XVIII Muestra Nacional de Dramaturgia, el Premio Mejor Obra Literaria 2018 y el Concurso de Cuentos Paula. Es fundadora del sello editorial Noctámbula.

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