El patético escuadrón de la salud

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ÁLVARO CUEVA

Más me tardé en escribirle aquí, la semana pasada, que la estrategia de comunicación que el gobierno está siguiendo para combatir el COVID-19 con personajes como Susana Distancia eran un insulto, que las autoridades en sacar al Escuadrón de la Salud. 

A alguien lo están engañando o a alguien se le están subiendo los humos, pero si Susana Distancia sirviera para algo más allá de la diversión de un puñado de burócratas, no tendríamos la cantidad de muertos que tenemos.

No se trata de popularidad. Quiero ver un estudio serio que me diga cuántas personas se han salvado del contagio por la “bonita” ocurrencia de esta caricatura.

Quiero un comparativo con las estrategias de comunicación de naciones como Nueva Zelanda que son ejemplo global por su manejo efectivo de la pandemia.

Quiero ver algo que no sea el capricho de unas cuantas personas con presupuesto y con poder que me haga entender que no se trata de cumplir con una cuota de “spots”, que se trata de un ejercicio profesional de comunicación.

¿En qué momento le dijeron a la gente qué se espera conseguir, de manera tangible, cuantificable, con esta nueva campaña? ¿Dónde está la meta personaje por personaje? ¿Dónde están los objetivos de todo? 

Si no hay meta, si no hay objetivos, si no es cuantificable, ¿cómo vamos a poder medir el éxito o el fracaso de esto? 

¿Cuál es la diferencia entre esta barbaridad y las campañas sociales de los sexenios neoliberales que lo único que nos dejaron fueron cancioncitas como la de: “el chikungunya es malo”? 

Me sorprende que nadie esté pidiendo una rendición de cuentas peso por peso alrededor de esta estrategia, pero me sorprende todavía más que casi nadie se haya quejado por la ridiculización que esta estrategia hace de la figura de la mujer y de muchas otras situaciones.

No nos confundamos, poner mujeres canosas, dizque indígenas, en silla de ruedas y supuestas “queers” en actitud de personajes de Marvel en una campaña tan grotesca, no es un ejercicio de inclusión.

Es una falta de respeto, un truco publicitario, aspirar a un reconocimiento, a una felicitación, cuando a lo que tendríamos que aspirar es a impedir que el virus se propague.   

No estamos hablando de una cuestión comercial donde el juego es válido como en el caso de Mamá Lucha. Estamos hablando de vidas humanas, de salud.

¿Sabe por qué creo que casi nadie ha protestado? Porque esto no ha servido ni para encender a las redes sociales. ¡No es nota!

A ver, dígame: ¿usted estaba enterado de la existencia del Escuadrón de la Salud? ¿Sabe quiénes son Refugio, Prudencia, Esperanza y Aurora? 

¿Entiende la relación que existe entre sus uniformes y los semáforos de las autoridades de salud? ¿Le importa? 

Quiero ver en las urnas de los muertos, una calcomanía de Aurora para entender si esto funcionó.

Quiero ver en los uniformes del personal de salud que se sigue quejando por la falta de recursos, la figura de Prudencia como un sinónimo de orgullo.

Quiero ver, dibujada en los respiradores, la cara de estas lindas “muñequitas” para llegar a conclusiones sobre la seriedad con la que nuestros funcionarios están trabajando el covid-19.

Ni la burla perdonan. De veras. Nos vemos al final de la pandemia. Si es que llegamos.

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