Tecnología para la represión

Tecnología para la represión
Efectivos antidisturbios observan como un manifestante protesta cerca de la Casa Blanca contra la muerte de George Floyd.- REUTERS / Eric Thaye

 

En 2018 estalló el escándalo de Cambridge Analytica: resumidamente, el uso sin conocimiento ni consentimiento previo de los datos personales de 87 millones de usuarios y usuarias de Facebook para favorecer la campaña de Donald Trump (2016). Cinco meses de trabajo por cerca de seis millones de dólares. “Estamos en la edad de los científicos de datos”, decían algunas personas, pero no… la tecnología al servicio de oscuros intereses lleva años entre nosotros.

Podríamos remontarnos a 1960 para empezar a escuchar aquello de “ciencia de datos”… y también estuvo ligado a unas elecciones presidenciales en EEUU, concretamente, a la de John F. Kennedy. El director de su campaña era su hermano Robert y acudió a Simulmatics Corporation para descubrir cómo podía afectar en las urnas que el candidato fuera católico. El trabajo se llevó a cabo de manera ultrasecreta, sólo conociéndose años después.

Se trataba de una compañía fundada prácticamente ex professo por el politólogo del MIT Ithiel de Sola Pool para realizar análisis estratégico para la campaña del demócrata. Pool sería años después una de las mentes detrás de la creación de ARPANET, el ente militar del que surgiría internet. El politólogo había estudiado la propaganda soviética y alemana y se le atribuye la creación de modelos teóricos con los que vino a demostrar cómo es posible manipular a diferentes grupos de personas.

Era la época de las tarjetas perforadas y las computadoras mastodónticas, pero con esos mimbres el equipo de Simulmatics recolectó y procesó más de sesenta encuestas de las elecciones de 1952, 1954, 1956, 1958 y 1960, lo que se traducía en más de cien mil entrevistas. La compañía creó clasificaciones de votantes, generando hasta 480 perfiles diferentes del tipo “afroamericano, metropolitana, católico, de bajos ingresos, demócrata…”, registrando 52 grupos distintos para diferentes temas. Aunque originalmente la investigación iba dirigida a destapar los prejucios religiosos del electorado, una de las primeras tareas que realizó Simulmatics fue un estudio del voto negro en el norte, realizado justo antes de la Convención Nacional Demócrata.

Cuatro años después, en 1964, otro politólogo llamado llamado Eugene Burdick, que había estudiado de cerca el trabajo de Simulmatics, escribió la novela The 480, que tomaba el título del número de perfiles de votantes desarrollado por la compañía de Pool. Para Burdick, “hay muchas razones para creer que el presidente Kennedy derrotó al vicepresidente Nixon en 1960, en gran parte, porque el presidente Kennedy había reunido un grupo perceptivo, rápido y ‘científico’ del nuevo inframundo. Nixon lo intentó, pero no tuvo tanto éxito como Kennedy”.

El inframundo al que se refiere Burdick es el “formado por personas inocentes y bien intencionadas que trabajan con reglas de cálculo y máquinas de cálculo y computadoras que pueden retener una cantidad casi infinita de bits de información, así como clasificar, procesar y reproducir esta información con solo presionar un botón”. Según precisa el politólogo, a pesar de la buena fe de estas personas altamente cualificadas, su intervención “puede reconstruir radicalmente el sistema político estadounidense, construir una nueva política, e incluso modificar las veneradas y venerables instituciones estadounidenses”.

Al servicio del racismo

Y sucedió. La tensión racial que vivimos estos días con el asesinato de George Floyd a manos de un policía fue la norma en la década de los años 60, con un pico especialmente violento en el verano de 1967, cuando ardieron ciudades de todo el país, desde Birmingham, Alabama, hasta Rochester, Nueva York, Minneapolis, Minnesota… El presidente Johnson creó la Comisión Kerner para comprender cuáles eran las causas de lo que a sus ojos era una cuestión de desorden civil, de disturbios en guetos… Y esta comisión volvió a recurrir a Simulmatics, que durante la guerra de Vietnam ya había hecho de las suyas preparando una campaña masiva psicológica de propaganda contra el Vietcong.

Los expertos de la compañía de Pool –hasta tres equipos- acudieron a los puntos de conflicto para identificar y entrevistar a las personas negras que ocupaban un lugar estratégico en las protestas. Se realizaron entrevistas, aparentemente inocentes, entre la población negra sobre cómo valoraban la cobertura mediática por ejemplo, y terminaron con información sobre los movimientos de la población durante los disturbios, con quienes se relacionaban antes y durante las revueltas, cómo se preparaban para las consecuencias de éstas…

60 años después, expertos como el profesor de Medios, Cultura y Comunicación en la Universidad de Nueva York, Charlton McIlwain, cuestiona toda esta metodología que, desde su punto de vista, contribuyó a la creación de los conocidos como “sistemas de información de justicia penal”, sentando las bases para el perfil racial, la vigilancia predictiva y la vigilancia racialmente selectiva… lo que se traduce en EEUU en el encarcelamiento de millones de personas negras y latinas (o ‘marrones’, como se refieren allí) a lo largo de décadas. En este espacio hemos denunciado en varias ocasiones cómo el uso de la Inteligencia Artificial ha cometido graves errores o cómo el reconocimiento facial hace aguas.

McIlwain, que es autor del libro Black Software: The Internet & Racial Justice, alerta ahora sobre las aplicaciones móviles de rastreo de los casos positivos de coronavirus. Según explica en un artículo de MIT Technology Review, las estadísticas de contagios entre la población negra y latina “nos convierte en un problema nacional; amenazamos desproporcionadamente con propagar el virus”. Las protestas por el asesinato de Floyd agravan la situación porque el profesor cree que han sido “vistos nuevamente como una amenaza para la ley y el orden, una amenaza para un sistema que perpetúa el poder racial blanco” y ahí surge la pregunta del millón, más aun considerando el racismo que destila Donald Trump: “¿Cuánto tiempo llevará la ley a implementar esas tecnologías que primero fueron diseñadas para luchar contra COVID-19 para sofocar la amenaza que supuestamente los negros representan para la seguridad de la nación?”. Su llamamiento es claro a negar la relación de problemas sociales como el crimen, la violencia o las enfermedades con los grupos raciales. De hacerlo, la tecnología contribuirá a perpetuar ese racismo.

https://blogs.publico.es/kaostica/

Deja un comentario