Rhinolophus

Estamos en manos de Trump y del bicho más feo del mundo

Murciélago pequeño de herradura ('Rhinolophus hipposideros'). La velocidad de este mamífero dificulta la toma de la imagen.
Murciélago pequeño de herradura (‘Rhinolophus hipposideros’). La velocidad de este mamífero dificulta la toma de la imagen.ALBERTO SOBRINO

 

El titular no es una errata. El bicho se llama en verdad Rhinolophus, y es uno de los mamíferos más feos que ha conocido el planeta en su ya larga historia de dar una vuelta al Sol detrás de otra como si no tuviera otra cosa que hacer en el gran esquema de las cosas. Su nombre común es murciélago de herradura, porque exhibe unas extensiones en su nariz que tienen esa forma, y que le sirven como antena de ecolocalización, uno de los más finos instrumentos que ha creado la madre naturaleza. Rhinolophus es un género que comprende 106 especies, y todas ellas se han revelado como un riesgo para la humanidad. La crisis de la covid-19 es seguramente el último ejemplo.

Rhinolophus no es una peste que nos hayan enviado ni Dios o Bill Gates para martirizarnos por nuestro comportamiento dañino con el planeta. Esos murciélagos llevan aquí desde hace 40 millones de años, cuando los humanos no éramos ni un borrador de un boceto de un proyecto de diseño futurista. Corría el Eoceno, cuando se formaron los Himalayas y los Alpes en una orgía geológica de colisiones de placas continentales, la temperatura del planeta dio unos bandazos de mucha consideración y todo aquello acabó en una extinción de mil demonios, la Grande Coupure, o Gran Ruptura de Stehlin, que afectó a muchos mamíferos del viejo mundo. Pero no a los Rhinolophus, que medraron y se diversificaron desde sus orígenes en Europa, Asia y África.

Un grupo de científicos estadounidenses y chinos acaba de colgar el mayor estudio sobre coronavirus de murciélagos en bioRxiv, lo que requiere una pequeña digresión. BioRxiv es un servidor de preprints, una web donde los científicos presentan sus investigaciones antes de que hayan pasado el proceso habitual de la revisión por pares, que es el fundamento de la publicación científica. Los físicos llevan décadas haciendo eso, y los biólogos lo hacen cada vez más. El sistema tiene la ventaja de la rapidez —crucial en situaciones como la actual— y de someter el trabajo no solo al escrutinio de los dos o tres expertos que lo están revisando, sino de toda la comunidad científica. Y el inconveniente de que las conclusiones no se pueden considerar aún a prueba de agua. Aclarado lo cual, sigamos.

La conclusión de la investigación es que Rhinolophus es el género de murciélagos esencial para la evolución de los coronavirus, el principal reservorio de los SARS (como el actual SARS-CoV-2) y el foco más probable de las pandemias de estos agentes respiratorios, que incluyen varios virus estacionales del catarro común. Los científicos pertenecen a EcoHealth, una alianza sin ánimo de lucro que recibió en mayo un hachazo financiero de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos, y por tanto en manos del inquilino de la Casa Blanca. Hace 10 días, 77 premios Nobel protestaron por esa decisión,

El cerrojazo presupuestario se debe seguramente a que uno de los autores de la investigación es Shi Zheng-Li, una científica especializada en murciélagos del Instituto Wuhan de Virología, a la que Donald Trump acusa sin pruebas de haber generado el SARS-CoV-2 en su laboratorio. Al mundo le conviene saber de dónde ha venido esta pandemia, pero quizá haya que esperar para ello a que Trump pierda las elecciones. Estamos en manos del medio oeste. Y del bicho más feo del mundo.

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