Música para vegetales

Las plantas ocupan el espacio de los espectadores en el Teatro del Liceu, de Barcelona, en el primer espectáculo en la sala tras la crisis del coronavirus. AFP/LLUIS GENE
Las plantas ocupan el espacio de los espectadores en el Teatro del Liceu, de Barcelona, en el primer espectáculo en la sala tras la crisis del coronavirus. AFP/LLUIS GENE

Esta semana se ha celebrado un mini concierto para 2292 plantas en el Liceo de Barcelona. Digo mini porque la obra interpretada, Crisantemi de Puccini, no llega a los 7 minutos. Tampoco podría haberse estirado la cosa mucho más: las plantas generaban tal cantidad de humedad que los instrumentos habrían acabado más empapados que los calzoncillos de Aquaman.

Me he acordado de la cantidad de piezas musicales que le debemos al mundo vegetal. Las dos más famosas son el Ombra mai fu, de Handel y el Dúo de las Flores, de Delibes. La primera formó parte de la banda sonora de Las Amistades Peligrosas. Es lo que los pedantes llamamos música diegética, porque no viene de fuera: un castrato canta ese aria en la película, mientras John Malkovich le dirige intensas miraditas a Michelle Pfeiffer. Y provoca los primeros celos de Glenn Close.

La música de Handel es tan conmovedora que uno piensa al oírla: ¿quién se ha muerto? O al menos: ¿quién ha dejado tirado a quién? Cuando vas a consultar la letra te quedas un poco chafado. No es un aria de duelo, sino de celebración. El rey Jerjes le canta a una planta. Ni siquiera eso. Canta las bondades de la sombra que le da un plátano que tiene en el jardín. Como ocurre a veces con Handel, la música es robada. Ombra mai fu es un robo de un robo. El primero que puso música a esa letra fue un italiano llamado Cavalli. Luego llegó Bononcini y la adaptó. Y finalmente Handel hizo la adaptación de la adaptación. Como era el más genial de los tres, su versión es una obra maestra. A poca sensibilidad que tengas, la desgarradora melodía te acompañará ya para siempre. La de sus colegas en cambio es una bagatela musical. Se te olvida cinco minutos después de haberla escuchado.

El Dúo de las Flores de la ópera Lakmé de Delibes se ha empleado en cine y publicidad a cascoporro. Salía en un anuncio de British Airways que hemos visto todos. Se usó en True Romance, en Lara Croft, en La Casa de Papel. Aunque es armonioso y etéreo, hoy sería declarado políticamente incorrecto. Tanto como el dueto entre Mami y la Srta. Escarlata en Lo que el viento se llevó. Ya saben, cuando la esclava le dice a Vivien Leigh que tiene que ir ya comida a la fiesta de Ashley. A los hombres –dice la negra– no les gustan las mujeres glotonas.

El Dúo de Lakmé está plagado de incorrecciones políticas. Para empezar, Lakmé tiene una esclava, Mallika, que es con la que canta el dúo a orillas del río.  En vez de indignarse por su condición, la esclava parece encantada de serlo. Le habla a su ama de rosas y blancos jazmines. Incluso se apunta a una relación sáfica entre sierva y señora. Canta Mallika:

Ven, vayamos unidas.
Dulcemente deslicémonos:
¡Ah, vayamos unidas!

Estamos en la India Británica de mediados del XIX. Tampoco se podía ser más explícito.

Otra cosa que rechina en esta ópera es que Lakmé –la hija de un brahman–, de quien se enamora es de su dominador. Un oficial inglés llamado Gerald. Hay que recordar que los británicos oprimían tanto a los hindúes que estos tenían que practicar su religión en secreto. Por si fuera poco, al perder el amor de su colonizador, Lakmé decide suicidarse. O sea: mujer emocionalmente débil, con esclava y sin criterio político. ¡Impresentable!

Se nos ha ido tanto la pinza últimamente con lo políticamente correcto, que no me extrañaría que HBO decidiera ahora retirar todas las series y películas donde se escucha el Dueto de las Flores. Que sería como cargarse media cartelera, porque sale al menos en una docena de ellas.

Según voy escribiendo, me voy calentando. Hasta el punto de que en cuanto termine este artículo, voy a remover cielo y tierra para que retiren también Atraco a las tres.

¿Pues no decía José Luis López Vázquez que era el esclavo de Katia Loritz? ¡Y ella encantada!

Voy a calmarme. Me quedan aún muchas obras con plantas que no hacen apología de la esclavitud.

A ver si con Los pinos de Roma, de Respighi, se me pasa el cabreo.

¡No, quita, tampoco! ¡Que fueron fueron los romanos los que aplastaron a Espartaco!

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