Un anciano residente en un geriátrico de la Comunidad de Madrid. REUTERS/Susana Vera
Un anciano residente en un geriátrico de la Comunidad de Madrid. REUTERS/Susana Vera

 

Andaba dándole vueltas al asunto hasta que este martes 9 de junio oí la palabra. Era en el programa Hora25 de la Cadena SER, conducido por Pepa Bueno. Hablaba Xavier Vidal-Folch: “Hay una diferencia entre el error y el horror (…) y esto se llama eugenesia”. Se refería a la gestión de las residencias de ancianos por parte del Gobierno de la Comunidad de Madrid, presidido por Isabel Díaz Ayuso (PP). Eugenesia.

Según el diccionario de la RAE:

eugenesia

Del fr. eugénésie, y este del gr. εὖ eû ‘bien’ y -génésie ‘-génesis’.

  1. f. Med. Estudio y aplicación de las leyes biológicas de la herencia orientados al perfeccionamiento de la especie humana.

El horror al que hacía referencia el periodista.

Entre los días 18 y 25 de marzo, el Gobierno de Díaz Ayuso envió a los centros sociosanitarios públicos de la Comunidad de Madrid un protocolo a seguir en el caso de los enfermos y enfermas de las residencias de mayores madrileñas. En dichos documentos (el periódico Infolibre los ofrece AQUÍ completos) se detallan los criterios para prohibir el traslado de pacientes a los hospitales. A los hospitales públicos, según ha publicado este jueves día 11 El País, porque la prohibición no se aplicó en el caso de los mayores que pagan un seguro privado de salud. La idea de “prohibir el traslado de pacientes a los hospitales” no admite razonamientos. El horror no admite argumentos.

El documento redactado y enviado por el Gobierno madrileño, firmado por el entonces director general de Coordinación Socio Sanitaria, Carlos Mur, no solo detalla minuciosamente qué enfermos y enfermas no pueden ser trasladados al hospital. Por si la infamia no quedara clara, la nombra: “CRITERIOS DE EXCLUSIÓN”. Así lo firman, mayúsculas incluidas.

O sea, la Administración pública, el Gobierno madrileño, se permite prohibir a una parte de la población la posibilidad de ir al hospital, de recibir atención médica. A una parte de la población que está enferma, en riesgo de muerte. Exactamente significa esto: tú sí puedes vivir, tú debes morir. Ni más ni menos.

Llamo a Vidal-Folch. Quiero que me desarrolle más su consideración de eugenesia. Probablemente me quiero sentir acompañada. El horror requiere amparo. “Quizás no se trata de un plan deliberado, no existe un plan de solución final”, explica el periodista, “pero esa actuación sí tiene unos efectos prácticos, conduce a ese tipo de resultados”.

Ese tipo de resultados es la muerte de miles de ancianos y ancianas a los que se negó explícitamente el auxilio, a quienes se dejó morir. Se dictaron normas, se impusieron, para que no recibieran atención médica. Y en esa decisión no mediaron criterios médicos, sino administrativos. “Se debía llevar a todos los enfermos a los hospitales, ¡a todos!”, exclama Vidal-Folch al otro lado del teléfono, “y son los médicos quienes deben tomar decisiones, lo terrible es que lo hayan hecho funcionarios”.

Efectivamente, durante esta pandemia, en Madrid, un grupo de políticos y funcionarios han decidido en Madrid quién puede y quién no puede seguir viviendo.

“CRITERIOS DE EXCLUSIÓN”

La revisión del Juramento hipocrático resultante de la Declaración de Ginebra incluye el siguiente compromiso jurado: “No permitir que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mi paciente”. Todo médico debe respetarla, es decir, no puede tener en cuenta “consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad” a la hora de salvar vidas. Dichas consideraciones, exactamente esas, son las que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso especifica como CRITERIOS DE EXCLUSIÓN a la hora de impedir salvar la vida de los enfermos y enfermas de las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid. ¿Con qué criterios? ¿Con qué autoridad? ¿Movidos por qué tipo de bestialidad?

Esta bestialidad:

Se procederá a derivar al hospital a los pacientes que NO tengan las siguientes características, serían CRITERIOS DE EXCLUSIÓN:
Pacientes en situación de final de vida subsidiarios de cuidados paliativos
Pacientes con criterios de terminalidad oncológica, de enfermedades de órgano avanzada.
Pacientes con criterios de terminalidad neurodegenerativa (GDS de 7).
Deterioro funcional severo (definidos por Barthel <25)
Deterioro funcional grave (Barthel 25-40) más deterioro cognitivo moderado (GDS 5): lo ideal sería visita / atención en la propia residencia.

Un equipo de personas con cargos públicos se reunió un día. Una vez reunidas, seleccionaron entre toda la población bajo su gobierno a un grupo determinado. Detallaron qué grupo exactamente. Lo describieron, aislaron a esas personas y detallaron por escrito sus características. Acto seguido, decidieron que no merecían recibir la atención médica necesaria para salvar sus vidas, o sea decidieron que se les dejara morir. Así lo ordenaron. Y le pusieron nombre. Lo llamaron CRITERIOS DE EXLUSIÓN.

Las palabras retratan lo que somos y nuestras acciones. A menudo las cubrimos de remiendos con voluntad idiota de disfraz. Basta con desnudarlas. En este caso, quienes escribieron CRITERIOS DE EXCLUSIÓN ni siquiera se tomaron la molestia. Tres palabras en cueros, heladas, colocadas una detrás de otra con la crueldad del tirano frente al primer escalofrío de la víctima. En esas tres palabras cabe el retrato de nuestro espanto, y el de su barbarie.

“Aunque la Administración no sea directamente responsable”, retoma Xavier Vidal-Folch, “objetivamente es su responsabilidad que esas muertes hayan sucedido”. Responsabilidad objetiva de la Administración pública, se llama. Y, sin embargo, ¿no es directamente responsable? Aquel grupo de cargos políticos y públicos, cuando se sentaron y retrataron a aquellos a quienes no se prestaría atención sanitaria, aquellos y aquellas a quienes se dejaría morir, ¿no son directamente responsables? ¿No sabían, acaso, cuál iba a ser el resultado de su decisión, de la orden que dictaban? Probablemente, en su siniestra determinación no hicieron explícita la idea de “perfeccionamiento de la especie”, pero consideraron que las personas sanas merecían vivir y otras enfermas, no; que, entre las personas enfermas, las jóvenes merecían vivir y las ancianas, no; que, entre las personas ancianas enfermas, las que podían pagarse la atención sanitaria merecían vivir y las que dependían de la Sanidad pública, no.

Y nosotros, nosotras, ¿cuál es nuestro lugar en todo esto? ¿Qué papel juega nuestra tibia protesta, nuestro pequeño silencio ofendido?

El pasado martes 9 de junio, el periodista Xavier Vidal-Folch pronunció la palabra EUGENESIA. Al igual que CRITERIOS DE EXCLUSIÓN, no necesitó decorarla, disfrazarla, edulcorarla. Aquí consta.

Desde el 8 de marzo, cuando comenzó el recuento en Madrid, hasta el pasado 5 de junio, se calcula que han muerto 5.986 ancianos y ancianas en las residencias madrileñas. De ellos, 1.253 tienen confirmada la COVID19 por PCR. Los otros 4.733 padecían síntomas compatibles.

https://blogs.publico.es/cristina-fallaras