Elogio del abrazo

Hoy he leído que aún tardaremos un año en volvernos a abrazar con la naturalidad de antes. Y yo, que he regresado esta mañana a la radio después de unos días pachucho y que tenía -y tengo- ganas de abrazar a mis compañeros, pues me he tenido que cortar. Y es lo que toca y no me quejo, ¿eh? Pero no me imagino un año cortándome.

Porque abrazarse no es un gesto banal, ni inocuo; más allá del abrazo mecánico, protocolario o de compromiso -que no me interesan un carajo-, abrazarse a otra persona significa muchas cosas y todas tienen que ver con los sentimientos. Un abrazo puede transmitir amor, cariño, deseo, felicidad, amistad, tristeza también… Porque un abrazo puede reconfortar -y mucho- en momentos de dolor. El abrazo puede simbolizar el reencuentro, la reconciliación… Y suple, o complementa, lo que a veces no se alcanza a decir con palabras.

Así que yo pregunto -modestamente- si no sería posible un plan de desescalada también para los abrazos, porque me temo que nos van a hacer mucha falta -muchísima- con todo lo que nos viene encima.

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Pintura de Juan Genovés

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