Cuando el hambre de las madres cambió el ADN de sus hijos

Ejemplos históricos de cómo la falta de alimentos, la violencia o el estrés durante el embarazo condicionan la genética del feto

Niños neerlandeses recogiendo madera de una antigua vía férrea para usarla como leña (mayo de 1945)
Niños neerlandeses recogiendo madera de una antigua vía férrea para usarla como leña (mayo de 1945) – Wikipedia

 

Se conoce como epigenética la regulación de la actividad de los genes por factores externos al propio genoma. Es una de las estrategias bioquímicas de ciertos genes para modular, bien activar o bien silenciar, su expresión. A nivel bioquímico esta regulación se lleva a cabo añadiendo un grupo –CH3 al ADN, es lo que se conoce como metilación.

En China el porcentaje de personas afectadas por la diabetes en la década de los ochenta era muy baja, pero con la llegada del nuevo siglo las cifras se han disparado y ya se aproximan a los ciento veinte millones. La mayoría de estos enfermos fueron gestados durante la hambruna que se extendió en China entre los años 1958 y 1962.

En Camboya el número de diabéticos tipo 2 es superior a lo esperado –casi el seis por ciento de la población- y afecta a la generación de los niños que nacieron durante los años de terror de los Jemeres rojos (1975-1979).

Estos hallazgos son una pequeña muestra de una larga lista y hacen sospechar que es muy posible que la hambruna, la violencia y el estrés propicien cambios en el ADN durante la vida intrauterina.

Los hijos del “invierno holandés del hambre”

En septiembre de 1944, meses después del desembarco de Normandía, los ferroviarios holandeses iniciaron una huelga con la que pretendían paralizar el transporte de las tropas alemanas y, de esta forma, ayudar a los ejércitos aliados.

La huelga no solo fracasó sino que tuvo terribles consecuencias. Los teutones castigaron a la población bloqueando el suministro de alimentos a una gran parte del país, cortando el gas, la electricidad y derribando multitud de diques, condenando de esta forma, al país al aislamiento y a la falta de recursos. Por si con todo esto no fuera suficiente, el descenso térmico provocó que los canales de navegación fluvial se congelasen.

Ante este escenario inhóspito la población se vio obligada a reducir la ingesta diaria de calorías en un setenta por ciento, y a comer hierbas, bulbos de tulipán e, incluso, la sangre de los animales para poder sobrevivir.

El saldo final fue la muerte de más de veinte mil personas por inanición, un terrible episodio que se conoce como el “invierno holandés del hambre”. Las estadísticas reflejan que durante ese periodo se produjeron muertes prematuras y un mayor número de abortos.

Se podría decir que el hambre dio la razón a Lamarck al provocar una “presión de selección” en un determinado perfil de la población.

Cuando los investigadores siguieron en el tiempo a los niños nacidos durante aquel periodo, se observó que tenían más obesidad, cáncer de mama, esquizofrenia y diabetes que el resto de la población. La base de estas patologías se encontraba en la metilación de ciertos genes durante el periodo fetal.

La herencia de la guerra de secesión americana

Cuando la Guerra de Secesión americana tenía los días contados, las condiciones de los campos de prisioneros de la Confederación tocaron fondo. En aquellos momentos los soldados cautivos se encontraban hacinados y las condiciones higiénicas brillaban por su ausencia. A esto se añadió la falta de alimentos, lo que provocó que muchos prisioneros falleciesen a consecuencia de enfermedades carenciales y que los más afortunados sobreviviesen a base de pequeñas raciones de maíz.

Aquella desgarradora experiencia marcó para siempre tanto a los supervivientes como a sus herederos. Cuando un grupo de investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) rastreó los archivos se asombró al comprobar que la supervivencia de los hijos de los prisioneros era inferior que la de los otros veteranos de guerra.

Tenían una tasa de mortalidad un once por ciento más elevada que la de los hijos de aquellos que no fueron apresados. En el caso de las niñas las mayores tasas se debieron, fundamentalmente, a hemorragias cerebrales.

El fenotipo ahorrador

Desde un punto de vista fisiológico la explicación de estos fenómenos es tremendamente atractiva. La madre, al verse privada de la alimentación, transmite una señal al feto para que añada grupos metilo a su ADN. De esta forma, el organismo quema lentamente energía y disminuye el sufrimiento ante la falta de recursos. Es lo que en 1989 el investigador David Barker denominó fenotipo ahorrador.

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