Merda d’artista

Merda d'artista

Hay una frase atribuida al conde de Romanones que dice que en España no tenemos ningún monumento al soldado desconocido porque aquí nos conocemos todos. Demasiado bien, incluso. Vistos los horrores escultóricos sembrados por toda la geografía española y dedicados a gente que tampoco había hecho tanto daño, cabe añadir que quizá sea mucho mejor no tenerlo. Dónde iba a meterse el soldado desconocido, pobre hombre. A Buñuel, siempre reacio a esa especie de tributos semipóstumos que están pidiendo la posteridad a gritos, le hicieron una vez un homenaje en México al que finalmente no pudo o no quiso resistirse. Se encontró con que le ofrecían una talla espantosa con una placa que rezaba: “Al gran director español Luis Buñuelo”.

Hablando de buñuelos, es lo primero que se viene a la cabeza al ver la escultura donada por el escultor Víctor Ochoa a las víctimas del Covid-19: lo segundo es el mismo buñuelo una vez digerido, después de pasar por el estómago, el intestino y el colon. Evoca de inmediato aquel cariñoso piropo que le dedicaba el sargento de artillería Hartman al recluta Patoso en La chaqueta metálica: “Eres tan feo que podrías estar colgado en un museo de arte moderno”. Zurullos de este estilo son los que le dan mala fama a los museos y no digamos al arte moderno. Cuando uno se enfrenta a una chapuza de estas dimensiones se pregunta qué diablos tendría en la cabeza el artista cuando decidió ensuciar el mundo con semejante mamarracho, aunque esta vez da la impresión de que no lo tenía exactamente en la cabeza.

La escultura que homenajea a las víctimas de la covid-19 en Madrid ...

Lo mejor es no hacerse muchas preguntas, dejarlo pasar, ignorarlo igual que hacemos con esos vecinos que no recogen la mierda que acaba de depositar su perro en el suelo. ¿Para qué te vas a enzarzar en una discusión inútil sobre higiene, si a lo mejor el pobre hombre se piensa que su perro caga pepitas de oro? Pero es que encima Víctor Ochoa se ha puesto a explicar el mamarracho cuando no había ninguna necesidad de hacerlo, sacándose de la manga símbolos y significados de lo más sospechoso: “Mi obra refleja ese momento de lucha desproporcionada contra un enemigo invisible” dice. “La parte de abajo, en bronce, representa la normalidad de una humanidad que se sobrepone a lo cotidiano”. Menos mal que lo advierte, porque cualquiera diría que se trata de un anuncio de bifidus activo o de un producto laxante. “La parte de arriba, en esmalte blanco, refleja el momento de esa lucha sobrenatural contra algo invisible”. Corramos un tupido velo.

Puede parecer extraño que Ochoa haya rematado su escultura en apenas tres meses desde que se inició la pandemia, pero en sus declaraciones asegura que lleva preparándola desde años atrás, lo cual hace pensar que sí, que, aparte de disponer de poderes paranormales, necesitaba urgentemente un laxante. En 1961 Piero Manzoni puso a la venta noventa latas que supuestamente contienen, según avisa la etiqueta, “Merda d’artista”, pero hasta la fecha ninguno de sus propietarios se ha atrevido a abrir alguna y comprobar si hablaba en serio. Víctor Ochoa ha ido un paso más lejos y Ayuso se ha apresurado a fotografiarse junto al mamotreto sin sospechar que Ochoa a lo mejor la había tomado de modelo: un fantasmón en el momento de echar una cagada gorda como para llenar cien cacerolas. A la presidenta de la Comunidad de Madrid le encanta darse el pisto en estos homenajes funerarios y hace poco inauguró un pebetero en la calle de Alcalá dedicado a las víctimas del Covid-19 que se quedó sin gas al día siguiente de encenderse. “Vuestra llama nunca se apagará en nuestro corazón” se lee en la placa, con lo que más simbólico no puede ser el asunto. Lástima que las víctimas ya no puedan defenderse.

DAVID TORRES

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