‘Guerra y Paz’: el poder terapéutico de una novela en tiempos duros

¿Quién dijo encierro? ¡Viajen lejos! ¡Viajen en el tiempo! Este Folletín Ilustrado les llevará de nuevo por las páginas de una de las más grandes obras maestras de la literatura universal

         

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Ana Pavlovna llevaba unos días tosiendo. Decía que tenía la grippe (extraña palabra que apenas se oía en el verano de 1805). Al príncipe Vasili no le importó y pasó la tarde con ella. Después llegaron hechos y personajes hasta llenar las 1.400 páginas de Guerra y Paz

Desde que Lev Tolstói publicó esta novela, en 1869, nada ha podido hacerla antigua. Ni la cumbre tecnológica que vivimos hoy con los robots que barren suelos. Ni este limbo espacial donde no asomas un pie a la calle pero hasta María Santísima entra en tu casa por las videollamadas. 

Es más: la plaga ha actualizado esta historia de historias pasadas. ¡La vieja aristocracia rusa! ¡Los príncipes! ¡Napoleón!

guerra y paz

En la cuarentena de los pasados meses de marzo y abril emergió el furor de leer esta obra maestra. Miles de personas del globo entero hablan de ella en un club de lectura sito en Twitter: #TolstoyTogether 

Ahí publican frases del libro. Hablan de los personajes, de paralelismos históricos y verdades eternas, como la que dijo Andrei:

«Solo conozco dos males reales en la vida: el remordimiento y la enfermedad»

Guerra y paz parece tener un poder terapéutico. En #TolstoyTogether dicen que no hay libro que encaje mejor en tiempos de pandemia. Que es una historia fabulosa para ver cómo reaccionan las personas ante lo cotidiano y lo extraordinario. Que viene bien para poner orden en tiempos desorientados. Que se sienten reflejados en las emociones de los personajes: en esa montaña rusa que es un desmadre de subir y bajar.

Hay quien dice que pegarse este maratón de lectura lo salva de meterse un maratón de series. Y quien se libra de arruinar sus días enfangado en telebasura. 

En Guerra y paz ven un alivio. Podría parecer que aquellas batallas y salones de té quedaron lejos pero en muchas páginas, los lectores de hoy ven espejos. Como estas palabras que Pierre dijo a Natasha:

«Se habla mucho de la crueldad del sufrimiento. Si me dijeran: “¿Quieres volver a ser lo que eras y no pasar lo que has pasado o prefieres vivir otra vez lo que has vivido?”, respondería: “¡Que vuelvan el cautiverio y la carne de caballo!”. Cuando se nos arroja de nuestro camino habitual, creemos que lo hemos perdido todo. Sin embargo, es entonces cuando se empieza a vivir una vida nueva, una vida provechosa. Mientras dure la existencia, durará la dicha. Todos tenemos mucho por delante, muchísimo, no me cabe duda».

Yorokobu

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