Juglares invaden la ciudad

ALFREDO C. VILLEDA

 

Cilindrero en Coyoacan La vida no vale nada...! :D - YouTube
Los personajes que hoy deambulan por calles de la capital, empujados por la crisis económica derivada del confinamiento por la pandemia, no son ajenos a la ciudad, pero sí a ciertos territorios. Representantes de un México de antigua data, son icónicos de áreas como Coyoacán, Centro Histórico, Xochimilco y la Villa, de cantinas y bares con aires de evocación, pero ahora han tomado avenidas y banquetas de toda la metrópoli y rompen el silencio de la infausta soledad urbana.

Juglares del siglo XX, marimberos, organilleros, trompetistas y bandas familiares de metales surcan nuevos asfaltos para exhibir su arte a los chilangos que sí pueden trabajar desde casa o resistir la cuarentena con sus negocios cerrados, generando desde una genuina solidaridad de su hoy público cautivo hasta un notable fastidio de otros que de por sí no son tolerantes a esas expresiones populares, acaso por eso tan propias ya de geografías más bien turísticas dentro de la inmensa cuadrícula capitalina.

Alfonso Cuarón, en ese gran cuadro costumbrista que vendió como película e instaló en la colonia Roma, hace desfilar a los músicos de barrio junto con otros miembros de esa cofradía caminante, como el afilador y su flauta bicolor, el ropavejero y los buscadores de aparatos y fierro viejo que venda, algunos de ellos aún típicos de las mañanas en cualquier alcaldía de la ciudad, pero ahora todos tomando su turno para recordar con acordes y bocinas la atroz realidad de dos meses de confinamiento.

El hombre, como otras especies, requiere socialización y la distancia que impondrá la nueva normalidad le resulta incompatible. No puede soslayarse una contradicción entre su anhelo por escapar ya, salir del encierro que lo atormenta aun si se protege así con su grupo, solo para encontrarse conque afuera le espera un mundo distinto que aleja a cada individuo del resto, un universo de encapuchados con una burbuja de aislamiento que resquebraja la identidad personal y privilegia la de piquetes de seres desorientados.

El reencuentro con una ciudad que ya no es más la nuestra requerirá una buena dosis de pragmatismo pero, sobre todo, de resignación, que podrá sobrellevarse con la música de estos rapsodas que desatarán la nostalgia por ese mundo perdido.

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