‘Minimás’: frases con puntería de dardo

           

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Entre el agua de la ducha, a Carmen Camacho le asaltan minimás

Atrapa algunas y otras bajan por el desagüe. 

Tienen la fluidez del pez. Se mueven igual: rápidas, resbaladizas. Pero no son lo mismo: las minimás son «aforismos a los que les da cosa llamarse así», explica la poeta en su libro Zona franca

A Camacho, la palabra aforismo le parece grande, quizá rimbombante, porque las frases de dardo que ella escribe están muy en el suelo. Aparecen al paso de la acera, al vapor de la ducha, al bullicio de la conversación de bar. En ellas hay «calambres exquisitos, voces de la calle, el regate del pensamiento, plomillos, un verso suelto, las chispas que saltan de los sueños» y, a la vez, un «aguijón de metal poético». 

Ahí se juntan los dos ingredientes que atribuye la poeta andaluza a sus minimás: «mirada y palabra punzante». Por eso, con tanto aforismo –que es más bien un pincho–, Zona franca, más que libro, es un alfiletero.

 

Los polizones viajan escondidos en etcéteras. 

Los zapatos acaban pareciéndose a sus dueños. 

Soy la piedra en la que tropiezo. 

Sea cual sea la respuesta: a partir de ciertas preguntas nada vuelve a ser igual. 

Cuando te entre una certeza, siéntate a reflexionar hasta que se te pase. 

Pocas cosas más ingenuas que el racionalismo. 

Guárdate de quien se siente poseedor de la verdad, pero más aún de quien se cree facultado para dispensar el bien. 

Narciso peina sus bigotes. Encuentra una cana. Arranca el espejo. 

Ni medio vacío ni medio lleno: madres que ven el vaso siempre a punto de caer. 

El amor no sabe firmar. 

¡Ay, si las camas tuvieran caja negra!

Para algo la tecla más extensa escribe silencios. 

Amorzuelo: 1. Contentura, 2. Tristumbre, 3. Olvidanza. 

Los científicos realizan sus experimentos como desconfiando del mundo. 

Insulso el pan y la vida de molde. 

Fe de erratas de un progresista: donde dije utopía, quise decir autovía

 

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