El día que Marcos Mundstock dio una clase magistral a los académicos de la RAE

Con motivo del fallecimiento del actor, músico y humorista, miembro de Les Luthiers, recordamos su memorable participación en el VIII Congreso Internacional de la Lengua, celebrado en Córdoba (Argentina)

Muere Marcos Mundstock, la «voz» de Les Luthiers

El año pasado, durante la celebración del VIII Congreso Internacional de la Lengua, hubo una conferencia que arrancó las carcajadas de todos los asistentes, académicos o no. Era la de Marcos Mundstock, componente de Les Luthiers, tristemente fallecido hoy, que se encargó de dar una suerte clase magistral, con recomendaciones lingüísticas incluidas, a los académicos del a RAE y del resto de Academias del mundo.

Su conferencia se enmarcaba en una sesión llamada «Reflexiones, reclamos y correcciones poco serias sugeridas por la RE. Novedosos usos y abusos del idioma: Academias y epidemias». Era un nombre largo que amparaba sus deseos, pues dentro de estos usos y abusos se encuentran las formas populares de medir el tiempo poco concretas.

El cómico, indignado por la falta de concreción a la hora de calcular el tiempo en nuestros días, propuso a los académicos una medición estricta del tiempo de tal forma que «un lo que canta un gallo» equivalga a «dos santiamenes o a cuatro periquetes».

También la tomó con las mediciones de lo que importan las cosas. Porque «¿’me importa un comino’ es lo mismo que tres pepinos o medio pimiento?», se preguntó Mundstock. «¿Y qué es un bledo, alguien sabe lo qué es un bledo? Algún día un ejército de bledos se lanzará sobre los hispanoparlantes para vengarse de tantos siglos de ninguneo», aventuró.

También pidió en un momento de su intervención a la Real Academia Española y al Instituto Cervantes que controlasen la proliferación de libros de autoayuda, porque «de literario tienen muy poco». Y relató cómo él mismo escribió un libro de autoayuda que fue fracaso del gran público y cómo posteriormente su «Ayuda para leer libros de autoayuda» fue un gran éxito.

Inventó, también, nuevas palabras para nuevas especialidades médicas o enfermedades, como los «cinecólogos», (doctores que solo atienden a las actrices de cine) o la «vajillitis» (inflamación provocada por lavar los utensilios de cocina con productos irritantes). Y propuso enmiendas a varios refranes: la mejor, que «donde manda capitán no manda marinero» sea sustituido por «donde manda capitán hay que ir».

 

 

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