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El nacimiento de las religiones cambió para siempre, y de manera irreversible, la historia de la humanidad. Por eso, resulta esencial preguntarse en qué momento y de qué forma, los rituales de los antiguos grupos humanos se convirtieron en sistemas organizados de pensamiento con reglas propias, filosofías, cosmogonías, formas particulares de adoración y culto. Algunos expertos se inclinan a pensar que las religiones nacieron, no sólo como formas de explicar lo inexplicable y darle sentido al sufrimiento como parte de la experiencia humana, sino también para orientar nuestros lazos interpersonales y alimentar nuestra cohesión colectiva.

Uno de estos expertos es el antropólogo Harvey Whitehouse del Instituto de Antropología Cognitiva y Evolutiva de la Universidad de Oxford. Whitehouse considera que las muchas maneras hasta ahora generalizadas de explicar el nacimiento de las religiones es insuficiente y simplista. Su trabajo, que abreva de un sinfín de disciplinas (historia, etnología, y psicología evolutiva, entre otras), ha implicado décadas de un esfuerzo conjunto entre académicos alrededor del mundo para refinar el estudio científico de las religiones humanas.

Tras interesarse en las creencias tradicionales de los pueblos de Papúa, Nueva Guinea, Whitehouse desarrolló su propia teoría, que propone a los rituales como prácticas capaces de dar identidad a una sociedad y crear lazos entre sus miembros. Al estudiar los rituales de las culturas neoguineanas, notó que los rituales dolorosos o difíciles, como los son algunos ritos iniciáticos, marcan a un individuo para el resto de su vida, convirtiéndose en una parte esencial de su propia narrativa personal y del sentido de pertenencia a su comunidad.

Las teorías de Whitehouse han generado muchos debates y lo han llevado a viajar por el mundo dando conferencias al respecto. En una entrevista reciente hecha por Steve Paulson para Nautilus, el antropólogo habló sobre sus últimos estudios en Brasil en torno a la manera en que el fútbol soccer une a los fanáticos en dicha nación, además de otros temas de su interés como el poder psicológico de Dios en las sociedades, y la dificultad que existe, en su opinión, par definir el término religión incluso hoy.

Al hablar sobre la definición de religión, Whitehouse explica que, el término es usado frecuentemente para nombrar un sinfín de cosas: la creencia en uno o varios dioses, la creencia en una vida después de la muerte, la hechicería, los rituales o, incluso, los estados alterados de conciencia. Los arqueólogos, al momento de estudiar las religiones antiguas, buscan indicios de actividad ritual y buscan maneras de establecer la frecuencia de estas prácticas. Algunos ejemplos podrían ser la presencia de representaciones de deidades y otros elementos en las tumbas (que casi siempre implican la creencia en la vida después de la muerte) o grandes cantidades de  restos de animales en lugares específicos, que indican banquetes y festines rituales. A partir de ello, los expertos han podido establecer las etapas tempranas de las religiones, y han descubierto, por ejemplo, que entre más frecuentes eran los rituales dentro de un grupo social, la religión tendía a ser más claramente jerárquica.

Sobre los rituales que implican dolor y trauma, físico y psicológico, Whitehouse explica que éstos son por lo general menos frecuentes que los que no implican dolor y que muchas veces tenían un carácter iniciático. Esta clase de rituales funcionaron como una manera de unir a los grupos a través de la resistencia, un mensaje inconsciente que asegura “si estamos unidos, podemos sobrevivir cualquier dolor, cualquier reto”.

Para explicar los orígenes y posibles motivos del nacimiento de las religiones, Whitehouse usa como ejemplo el fútbol —algo que proviene de sus recientes estudios en Brasil. Las religiones sí nacieron como una forma de explicar sucesos inexplicables, pero el ritual también sirvió al momento de realizar hazañas riesgosas, como una forma de amuleto —de la misma manera que los fanáticos de un equipo de fútbol suelen llevar amuletos y prendas de la suerte a los partidos, que los jugadores realizan toda clase de rituales antes de hacer un tiro libre, por ejemplo. A través de esta metáfora llena de humor, el experto explica el increíble parecido entre las religiones y sus rituales, y el fanatismo que existe en el fútbol a nivel psicológico.

Otro elemento importante al hablar del nacimiento de las religiones es el lenguaje, sin el cual los sistemas doctrinales no existirían y no podrían haber sido transmitidos. Además, Whitehouse resalta la importancia de los sueños (una posibilidad del cerebro de muchos mamíferos) en el nacimiento de los mitos de creación. Muchos de ellos deben haber nacido, en efecto, en los sueños de individuos específicos.

La transformación de las sociedad cazadoras-nómadas en pueblos sedentarios y basados en la agricultura —y todos los cambios en el tamaño y estructura de los grupos sociales que ésta implicó— es uno de los sucesos que Whitehouse presenta como causas del nacimiento de las religiones. Al estar en un grupo grande de gente, enfrentando peligros como los ataques de otros grupos humanos, la hostilidad de la naturaleza o la presencia de animales peligrosos, la religión nace como una forma de cohesión dentro del grupo, algo que también podría verse como un mecanismo de sobrevivencia.

Así, los rituales que siglos y siglos después se transformaron en religiones, comenzaron como procesos para unir a los grupos humanos —además de ser, por supuesto, una forma en la cual el hombre se relaciona con lo que ha nombrado como sagrado. Estos rituales, en las religiones grandes, terminarían por transformarse en prácticas como ir a misa, en el caso de las religiones cristianas, o rezar cinco veces al día, en el caso de las islámicas. Saber eso podría invitarnos a muchas reflexiones, una de ellas relacionada con la importancia de la parte social de la esencia humana, esa que nos ha llevado a lograr lo mejor como especie y que hasta el día de hoy constituye un reto para la humanidad entera.

 

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