Un poema cada mañana para dar vidilla al Gran Encierro

          

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En aquel mundo de hace dos semanas, tan bestialmente distinto al de hoy, Marc Lacey, el editor de la sección de Nacional del New York Times, contó la nueva rutina que habían introducido en la primera reunión de la mañana: 

Antes de entrar en faena,
leer un poema.

Lo hacían porque sus reuniones editoriales pueden estar desbordadas de riadas y desastres naturales. A menudo cunde el desánimo por los escándalos políticos. Incluso puede haber muertos, tiroteos en supermercados y palizas de barrio. Estas conversaciones para decidir el contenido del periódico son el disparo de salida; el resto del día consiste en mirar esas tragedias de arriba abajo, darles vueltas y escudriñar hasta el último detalle de esas historias aciagas. 

Un bajón.

Por eso Lacey pensó que podía haber un modo de aliviar esto un poco. «Incorporamos un elemento a nuestras reuniones de la mañana con la intención de inspirarnos y aumentar nuestra creatividad antes de embarcarnos en otro largo día de editar noticias: leemos una poesía», escribe el editor, en un artículo titulado How Poetry Shakes Up the National Desk’s Morning Meetings (Cómo la poesía sacude las reuniones de la mañana de la sección de Nacional). 

Esta idea es extrapolable a cualquier situación. Por ejemplo, que un virus se haya convertido en una guerra mundial. También es extrapolable el poema. Pueden ser diez flexiones, un baile, una canción. Eso ya está ocurriendo: hay más música en los patios de vecinos y el volumen se ha venido arriba. 

Marc Lacey aprendió esta iniciativa de la profesora de Lengua del instituto de su hijo. Al principio de cada clase lee una poesía y los alumnos la escuchan en silencio. Les gusta tanto que lo han convertido en un hábito y si un día la maestra lo olvida, los estudiantes le piden lo que es suyo: ¡los versos! 

Cuenta el editor del New York Times que el día que propuso leer un poema antes de la reunión editorial, algunos miraron a otro lado. «¡OMG, such nonsense!», pensaría alguno. Pero a la editora de Fotografía y experta en Poesía, Morrigan McCarthy, le encantó el reto y leyó el primero.

«La magia de la poesía es que golpea tu mente con pensamientos sobre un tema de una forma inesperada. Esto es exactamente lo que queremos hacer en la sección de Nacional: buscar cada día formas interesantes e inteligentes de afrontar las historias más importantes del país», dice McCarthy en el artículo del New York Times

Poesía mañanera
Frida Kahlo, un icono de la superación

Es probable que mañana por la mañana no tengas una reunión de redacción con tus compañeros. Ni siquiera que los veas porque nuestro mundo de hoy, de ahora, de este mismísimo instante, es el Gran Encierro. Pero eso no es ningún impedimento. Aquí tienes un puñado de citas y poemas de personas muy inspiradoras a tu disposición. Puedes repartir una para cada mañana o pegarte el atracón.

Irene Vallejo, la bellísima voz del mundo clásico y autora de El infinito en un junco, te lee este haiku del maestro Chôsû:

Luna en el agua: 
rota una y otra vez,
y aún sigue ahí.

La doctora en Informática Luz Rello te dice esta frase «brutal», que es también el título de un libro de Juan Cruz: 

Cuando teníamos las respuestas
nos cambiaron las preguntas

El narrador y cuentacuentos Héctor Urién, en su voz teatral, te recita esta décima que escribió hace unos años. Algo que «brotó del alma»:

Echar la tarde contigo
no necesitar más nada
servirte como almohada
también de amante y de abrigo.
No cuidar de lo que digo
ni dónde pongo la mano;
ser simplemente un humano
feliz, libre y distraído
que si entró a la tarde herido
después de ti saldrá sano.

María Jesús Espinosa de los Monteros, directora de Podium Podcast y una de las mayores expertas en narración sonora de este país, te recita un poema de Manuel Alcántara. Uno de sus «favoritísimos», por su sencillez y «porque muestra bien lo poco que necesitamos para ser felices».

Le gustaban pocas cosas:
el alcohol y las ventanas,
el mar desde una colina,
el mar dentro de la playa,
el olor de los jazmines,
los libros de madrugada,
el sol, el pan de los pueblos, 
Quevedo, recordar África, 
las noches y los amigos,
el verano y tus pestañas.

Y el humorista Paco Calavera te suelta lo más serio que te van a decir hoy:

No te preguntes qué puede hacer tu país por ti.
Pregúntate cuánto hace que no te has lavado las manos.

Poesía mañanera
María de Médici, bailarina y mecenas de arte

Un poema cada mañana para dar vidilla al Gran Encierro


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