La sorprendente evolución de la serpiente que toma el veneno prestado

Esta especie asiática devora sapos y luciérnagas para convertirse en tóxica y paralizar el corazón de sus depredadores

Una serpiente juvenil de Rhabdophis tigrinus de la isla japonesa de Ishima, en una postura de defensa
Una serpiente juvenil de Rhabdophis tigrinus de la isla japonesa de Ishima, en una postura de defensa – ALAN SAVITZKY

Estas serpientes lucen unas glándulas en la piel, a veces justo alrededor del cuello, donde almacenan bufadienólidos, una clase de esteroides letales que obtienen de los sapos, su presa tóxica de elección. «Doblan sus cuellos en una postura defensiva que sorprende a los depredadores desafortunados con un bocado de toxinas», dice el herpetólogo de la Universidad Estatal de Utah, Alan Savitzky, quien ha estudiado durante mucho tiempo a estos reptiles deslizantes. Es como intentar darse un delicioso banquete y encontrarse con la muerte. Aves rapaces, como halcones, y pequeños mamíferos carnívoros, como mapaches o civetas, pueden acabar trágicamente.

El herpetólogo Alan Savitzky examina una serpiente Rhabdophis cerca de Kioto, Japón
El herpetólogo Alan Savitzky examina una serpiente Rhabdophis cerca de Kioto, Japón – Universidad de Kioto

Cambio de presa

PNAS
PNAS

Las serpientes obtienen sus toxinas de los sapos que devoran, pero en un giro sorprendente, el equipo internacional ha comprobado que no todos los miembros del género derivan su toxina defensiva de la misma fuente. Algunos de ellos, encontrados en el oeste de China y Japón, han cambiado su dieta principal de sapos por las lombrices de tierra. Como estas son inofensivas, las serpientes han añadido un postre que produce la misma clase de toxinas que los sapos: las larvas de luciérnagas. Los hallazgos aparecen en la revista PNAS.

«Este es el primer caso documentado de un depredador de vertebrados que cambia de una presa vertebrada a una presa invertebrada por la ventaja selectiva de obtener la misma toxina defensiva», dice Savitzky.

La mayoría de las especies de este grupo que comen ranas alcanzan una longitud de aproximadamente un metro, en ocasiones un poco más. Las especies que se alimentan de gusanos, sin embargo, tienden a ser algo más pequeñas, llegando a unos 60 cm. Las primeras pueden ser de colores brillantes (por ejemplo, negras con marcas rojas y un anillo amarillo alrededor del cuello o verdes con marcas negras y púrpuras). Las especies que comen gusanos a menudo son de color marrón.

Dada la relación distante entre los sapos y las luciérnagas, el drástico cambio en la dieta probablemente involucró una señal química compartida por sapos y luciérnagas; quizás las toxinas mismas. Ambos son los únicos animales actualmente conocidos o sospechosos de sintetizar estos compuestos. «Esto representa un notable ejemplo evolutivo de adaptación para compensar la ausencia de compuestos defensivos después de un cambio a una nueva clase de presas», dice Savitzky.

Poblaciones aisladas

Sin embargo, los investigadores no saben qué es lo que ha provocado este cambio en la dieta. «Los cambios evolutivos como este ocurren con frecuencia en grupos de animales durante largos períodos de tiempo. Son el resultado de la selección natural, en la que las especies que cambian a una dieta más favorable pueden reproducirse con más éxito y dejar más descendencia, que luego también utilizan el nuevo recurso alimentario», explica el científico en un correo electrónico a ABC.

De igual manera, «tampoco tenemos ninguna información que sugiera que los sapos no estén disponibles en las regiones donde las serpientes comen gusanos. Sin embargo, es posible que el cambio de dieta haya ocurrido en respuesta a una mayor densidad de lombrices de tierra en comparación con los sapos», explica. «Eso podría ser especialmente cierto si una pequeña población de serpientes se aisló en una región donde los gusanos eran mucho más abundantes. Las poblaciones más pequeñas de animales generalmente pueden evolucionar más rápidamente que las grandes poblaciones. También es posible que una dieta de lombrices de tierra sea más rica en energía, al menos en comparación con el coste de capturar gusanos versus ranas, pero eso es simplemente especulación», aclara el investigador.

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