La cortina de humo del coronavirus

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No voy a negar la gravedad de la enfermedad provocada por el coronavirus, pues ni tengo conocimientos especializados al respecto, ni, lo más importante, nos llega a la ciudadanía información buena y adecuadamente ponderada. Posiblemente, las reacciones precipitadas y en cadena fruto de la desinformación, de la intoxicación y del alarmismo mediático sean los que están sobredimensionando el problema de la enfermedad.
 
Las consecuencias económicas ya son evidentes -en el turismo, el transporte internacional, el comercio, la hostelería…- y diferentes instituciones anuncian que, en el mejor de los casos, el crecimiento se reducirá en varias décimas, y las cosas podrían ir todavía peor en los próximos meses.
 
Pero no hay que olvidar, aunque algunos se esfuercen en ello, que antes de la aparición de esta enfermedad, la desaceleración de la economía mundial, así como la posibilidad de una nueva, y quizá más contundente crisis, ya eran evidentes. Pero la problemática que estaba detrás de este escenario ha sido completamente relegada, cuando no ha desaparecido por completo. Podríamos decir, desde esta perspectiva, que el coronavirus ha llegado en un momento muy oportuno.
 
El elevado endeudamiento de las corporaciones privadas no financieras, el cordón umbilical que une la política de los bancos centrales a las grandes entidades bancarias y corporaciones, el aumento de la desigualdad, la represión salarial, el imparable avance del cambio climático, la persistencia de las políticas de ajuste presupuestario, la megaconcentración empresarial, las fracturas provocadas por la globalización… Sobre estos asuntos, cruciales para nuestro presente y nuestro futuro, nada de nada.
 
¿Y los dramáticos episodios que están viviendo las personas refugiadas en Lesbos, aplastadas por la policia griega y la extrema derecha, con el beneplácito de la Unión Europea? ¿Y los asesinatos de mujeres? ¿ Y el fracaso de los objetivos de reducción de la pobreza a escala global? Todo ha sido desplazado por el coronavirus.
 
A la hora de distribuir responsabilidades se apunta hacia China -diagnóstico muy oportuno para Estados Unidos y los países situados en su anillo de influencia en el contexto de la geopolítica del conflicto-. También se oyen voces, no sólo de la extrema derecha, que apuntan a las personas migrantes y los refugiados como una amenaza, lo que levantará nuevos muros. Pero qué poco se dice sobre las posibles causas de esta y otras enfermedades relacionadas con la devastación de recursos y hábitats naturales, la ganadería industrial, la degradación medioambiental y un urbanismo descontrolado. Y a la hora de enfrentar las consecuencias, cómo se notan los recortes sistemáticos en la sanidad pública.
 
No sé si alguna “mano mece la cuna”, pero es evidente que se impone a escala mediática y política una nueva agenda muy favorable al mantenimiento del status quo. Y se abre un panorama donde los que disfrutan del poder económico ya están exigiendo y obteniendo de los gobiernos y de los respectivos bancos centrales recursos para compensar la reducción, mayor o menor, real o supuesta, de sus beneficios.
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