Kobe Bryant, el migrante

Kobe Bryant en 2008 / Creative Commons (CC BY-SA 2.0)
Kobe Bryant en un partido de Los Angeles Lakers contra los Washington Wizards en 2008 / Keith Allison, Creative Commons (CC BY-SA 2.0)

Álvaro Hervás (@AlvaroSoze)

El pasado domingo la tragedia sacudió con la fuerza de un alud el mundo del deporte cuando se conoció que Kobe Bryant, junto a ocho personas más, había perdido la vida en un accidente de helicóptero. Icono mundial por ser uno de los mejores jugadores de baloncesto de la historia, su trascendencia en la cultura popular y en el reconocimiento de personas ajenas al mundo del deporte ha sido, y es, profundamente significativa.

No obstante, constantemente se obvia un detalle: Kobe Bryant fue migrante. Pese a que en muchos artículos y entrevistas tratan su infancia en Italia, esta siempre ha sido considerada como unas vacaciones más que como una experiencia migratoria. Una consideración que no se corresponde con la realidad, puesto que fueron siete años que supusieron el paso de la infancia a la adolescencia.

Su familia partió de su Estados Unidos natal hacia Italia en busca de mejores oportunidades de vida, como tantas otras personas. Su padre, Joe Bryant, jugador profesional de baloncesto en la NBA, estaba cansado del ritmo frenético de la liga estadounidense y quería una vida más tranquila para pasar más tiempo con su familia. Además, Joe admiraba el estilo de vida europeo, lo que claramente fue el factor de atracción. Por ese motivo, al tener una oferta de un equipo italiano, la familia Bryant migró a Italia en 1984. Kobe tenía por entonces seis años.

En esa época la inmigración en Italia no era muy frecuente y una familia afroamericana era rara avis. Las dificultades que tuvieron al principio son similares a las que enfrentan la mayoría de personas migrantes, aunque obviamente desde una posición privilegiada dada su situación económica. Los Bryant llegaban a un país alejado de su país de origen, con un idioma que les era ajeno  y donde no conocían a nadie. El hecho de que migrara toda la familia, como reconocía el propio Kobe en una entrevista donde hablaba sobre su infancia, fue una ventaja porque supuso contar con una red familiar que sirviera de apoyo. Es evidente, por tanto, que la reagrupación familiar es un factor clave para facilitar la inclusión en la sociedad de destino.

Al igual que para todas las personas que migran, un cambio semejante fue un gran desafío. Aunque sus hermanas mayores y él pudieron acceder fácilmente al sistema educativo italiano, el inicio fue complicado. No poder comunicarse con sus compañeros pudo incidir en que Kobe tuviera una actitud introvertida y no fuera muy sociable. Pero esto cambió con el paso del tiempo, por varias razones. Aprender el idioma e impregnarse de la cultura local favorece las interacciones con las personas del país de destino. Ahí radica la importancia de facilitar el acceso a la educación a las personas migrantes, no sólo por el aspecto formativo, sino porque facilita las relaciones sociales entre iguales y la inclusión. La otra razón que ayudó en la adaptación y que no se puede desdeñar es la profesión de su padre. El aura que envuelve al deportista de élite y más si cabe, cuando posee el carisma que tenía Joe Bryant, permitió que rápidamente los padres de Kobe hicieran vida social con otras parejas locales y, por extensión, que se relacionaran los hijos.

A todo lo anterior se suma el deporte como una herramienta de inclusión muy efectiva.  La historia de Kobe es un ejemplo de ello. No hay que olvidar que cuando una persona migra, rompe con sus relaciones sociales más importantes y ha de construir unas nuevas en el país de destino. Kobe, apasionado del baloncesto desde que era niño, jugaba en las canchas y participaba en equipos de formación de las ciudades donde residió, lo que le permitió entablar amistad con personas que tenían su misma afición. Como dijo Kobe en la misma entrevista y repitió en varias ocasiones“basketball is a universal lenguage” (“el baloncesto es un lenguaje universal”), y eso es extensible al resto de deportes. Compartir espacios de ocio permite interactuar en ambientes menos autoritarios, normativos e impositivos que en el colegio. Por eso fomentar la participación de las personas migrantes (sea cual sea su edad) en actividades deportivas es un elemento que, a la vez que facilita espacios donde aprender y mejorar el idioma, fomenta la creación de una red social que nutre de apoyos y ayudas. Dicha red puede generar protección y cobertura social, material y personal que facilite la adaptación.

La historia de la familia Bryant fue un éxito en términos de inclusión y adaptación a la cultura y sociedad del país de destino. Y como esta historia existen muchas más. Son ejemplos de que la apertura hacia la diversidad cultural y étnica favorece una convivencia incluyente y de respeto, donde los discursos de odio no tienen lugar.

El resto de la historia de Kobe es sobradamente conocida. Leyenda en la NBA y en el equipo para el que jugó toda su carrera profesional, Los Angeles Lakers, sus atributos y capacidades como jugador quedan fuera de toda cuestión. Héroe para muchos/as de los nacidos a finales de los 80’s y los 90’s, que iniciaban su pasión por el baloncesto y tomaron como ídolo al jugador que recogió la estela dejada tras la abdicación de Michael Jordan.

Sin embargo, su legado también incluye un aspecto oscuro. En palabras de Scott Fitzgerald, “muéstrame un héroe y escribiré una tragedia”. La masculinidad hegemónica y tóxica que lleva a pensar a los hombres que están por encima de las mujeres se vio refrendada tras la acusación por agresión sexual en 2003. Se pusieron de manifiesto dos cosas: la primera, que los héroes lejos de ser deidades son personas y pueden cometer actos horribles; la segunda, lo mezquina que puede llegar a ser la sociedad.

La pregunta que queda plantearse es: ¿vamos a juzgar a Kobe sólo como deportista, como migrante, como agresor sexual, o vamos a mirar la vida de Kobe como la de una persona con matices luminosos y muy oscuros? Así es como debemos entender a las personas, en su complejidad y no en estereotipos que pueden crear dioses o enemigos.

https://blogs.publico.es/conmde/2020/01/31/kobe-bryant-migrante/

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