JACK KEROUAC SOBRE LA GENTILEZA (UNA CARTA A SU ESPOSA)

Resultado de imagen para jack kerouac

En una misiva a quien fue su primera esposa, Kerouac explora algunos de los más básicos principios del budismo y habla de la gentileza, una de sus más esenciales virtudes.

Cuando el budismo germinó en la cabeza de Jack Kerouac, él no solamente se interesó en la meditación (hizo sus propias instrucciones para hacerlo): esta filosofía impregnó su escritura y pensamiento de forma irreversible y derivó en varios de sus más deslumbrantes escritos, como la novela Los vagabundos del dharma (1958). Otros grandes de esta época dorada del budismo en Occidente —segunda parte de la década de los 50 y principios de los 60— fueron John Cage, maestro del silencio, y el gran Alan Watts, considerado uno de los más prolíficos traductores del budismo zen.

Fue precisamente Watts quien alguna vez criticó el acercamiento de Kerouac al budismo, tachándolo de tener “siempre una sombra de demasiada auto referencialidad, demasiada subjetividad y demasiada estridencia para tener el sabor del zen”. Sin embargo, uno de los textos más íntimos del escritor beat pareciera escapar a esta sentencia. En una carta a su ex esposa Edie Kerouac Parker, escrita en enero de 1957 (una década después de que su matrimonio fue anulado),  expone varios de los principios del budismo de manera brillante, y cierra con un poema que expone a la gentileza como una de las cualidades fundamentales de la existencia.

Al inicio de su carta, Kerouac comparte a Edie algunas de las lecciones más valiosas que ha reunido:

Tengo muchas cosas que enseñarte ahora, en caso de que nos encontremos, a propósito del mensaje que se me transmitió bajo un pino en Carolina del Norte, en una fría noche de invierno, bajo la luz de la luna. Dijo que Nunca Pasa Nada, así que no te preocupes. Todo es como un sueño. Todo es éxtasis, adentro. Sólo que nosotros no lo sabemos, debido a nuestra mente pensante. Pero en nuestro verdadero estado de gozo esencial de la mente, sabemos que todo está bien para siempre y siempre y siempre. Cierra tus ojos, deja caer tus manos y los extremos de sus nervios, deja de respirar por tres segundos, escucha el silencio interior de la ilusión del mundo, y recordarás la lección que olvidaste, esa que te fue enseñada en vías lácteas inmensas de nebulosos mundos, mucho tiempo atrás y ni siquiera. Es una vasta entidad, única, despierta. Yo la llamo la eternidad dorada. Es perfecta.

En la introducción a esta carta, el que fue uno de los más brillantes artistas de la generación beat habla de ese tan necesario silencio, de la verdad única y de los riesgos que supone nuestra mente pensante, un ente que para el budismo nos aleja de La Verdad, pues nace de nuestro ego y se alimenta de un mundo ilusorio. Continúa haciendo referencia al vacío primordial, uno de los conceptos clave del budismo:

Nosotros nunca nacimos, nunca moriremos realmente. No tiene nada que ver con la idea imaginaria de un yo personal, de los otros yos, muchos yos por todas partes: el yo es una idea, una idea mortal. Lo que le pasa a todo es una sola cosa. Es un sueño ya acabado. No hay nada qué temer y nada de lo que alegrarse. Aprendí esto mirando a las montañas meses enteros. Ellas no muestran ninguna expresión, son como espacio vacío. ¿Crees que ese vacío de espacio alguna vez se derrumbará?  Las montañas se derrumbarán, pero el vacío del espacio, que es la esencia universal de la mente, la gran campana despertador, vacía y despierta, nunca se derrumbará porque nunca nació.

Para cerrar su carta,  escribió un poema tan simple como deslumbrante en el cual, entre otras cosas, conmina a quien fuera su pareja a ser gentil con todos, todo el tiempo, y habla de esta virtud, no como una forma de hacer el bien a otros, sino como una forma de felicidad para quien la ejerce —una lección imprescindible y atemporal:

El mundo que ves es sólo una película en tu mente.

Las piedras no la ven.

Bendice y siéntate.

Perdona y olvida.

Practica la gentileza todo el día hacia todo el mundo

y te darás cuenta de que estás

en el cielo ahora mismo.

Esa es la historia.

Ese es el mensaje.

Nadie lo entiende,

nadie escucha, todos están

corriendo como gallinas

descabezadas. Voy a tratar de enseñarlo pero será

en vano, es por eso que voy

a terminar en una cabaña

rezando y siendo

en calma y cantando

junto a mi estufa

haciendo panqueques.

Imagen: Dominio público

https://www.faena.com/aleph

Deja un comentario