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De todos los tipos de historia que hay, la de la vida privada es una de las más fascinantes. Conocer las manías, las prácticas privadas y las preferencias más íntimas de alguien que ha muerto —que podrían pasar desapercibidas y parecer pequeñas— nos ayuda a concebir a esos seres como reales y más cercanos a nosotros. Tal es el enorme papel de las cosas pequeñas como es el perfume, y no existe un perfume más famoso en la historia que el de Cleopatra.

Cuentan los antiguos registros que la reina egipcia hacía perfumar las velas del barco en el que viajaba. Cuando la reina visitó por primera vez a Marco Antonio en Tarso, cuenta una de esas leyendas, el olor que despedía su embarcación cruzó el mar y llegó hasta la costa mucho antes de que ella lo hiciera. En muchos otros registros se habla del perfume de Cleopatra que, con el paso de los siglos se convirtió en una leyenda a la que incluso Shakespeare haría un homenaje en Antonio y Cleopatra (1607), cuando en voz de Enobarbo describe la regia embarcación: “como un trono bruñido / ardía sobre las aguas; la popa de oro puro; / de púrpura las velas, y de tal perfume, /que los vientos en ellas de amor se embriagaron.”

Es probable que existan pocos perfumes con tan inmensa mitología y hoy, gracias a la tecnología y a dos expertos arqueólogos —Robert Littman y su colega Jay Silverstein, de la Universidad de Hawái— los restos de una tumba han dado pistas para recrear ese olor que hace miles de años caracterizó a la reina Cleopatra, uno de los perfumes más codiciados de la antigüedad.

Los expertos se basaron en los residuos de una antigua ánfora encontrada en una excavación de la antigua ciudad egipcia de Thmuis, al norte del Cairo, fundada en 4,500 a.C.. Esta región fue la cuna de dos de los perfumes más famosos de la antigüedad, el mendesiano y el metopiano. Así que cuando los investigadores dieron con un lugar que parecía haber sido una fábrica de perfumes —un espacio lleno de pequeños frascos de vidrio y ánforas de arcilla— supieron que existía la posibilidad de recrear los aromas que habitaron el mundo egipcio hace miles de años.

Las ánforas encontradas no conservaban ningún tipo de olor, pero contenían residuos secos de lo que alguna vez contuvieron; los análisis de estas sustancias aún se encuentran en proceso. A partir de esto, otros dos expertos, Dora Goldsmith y Sean Coughlin, replicaron la esencia de Thmuis, usando antiguos manuscritos griegos de medicina. Se sabe que ambas fragancias contenían mirra, resina legendaria que proviene de un arbusto espinoso. Goldsmith y Coughlin también añadieron aceite de oliva verde, cardamomo y canela —todo esto siguiendo la receta antigua. El aroma de su réplica es intenso, especiado y con un dejo de almizcle; además se trata de un perfume de larga duración.

En el antiguo Egipto, los perfumes se utilizaban de manera ritual y, frecuentemente, se usaban pequeños conos hechos de cera llenos de esencia, semejantes a sombreros que se ponían en la cabeza y que iban desprendiendo perfume lentamente. Su consistencia era mucho más aceitosa que la de los perfumes modernos. Aunque estas versiones actuales o aproximaciones de los perfumes antiguos pueden darnos pistas olfativas del tipo de aromas que gustaban los egipcios, no se sabe si ese era el perfume que utilizaba Cleopatra. Lo que sí se sabe es que ella hacía sus propios perfumes en un taller personal; también se sabe, por algunos descubrimientos en momias egipcias, es que dos de los aromas más usados en aquel entonces eran la mirra y el olíbano, otra resina aromática extraída de un árbol.

Aunque invisible, el poder de los aromas es, ciertamente, mágico. En este caso, las aproximaciones que existen de los perfumes del antiguo Egipto y las posibles mezclas que se han hecho, son capaces de invocar a un fantasma legendario que, dotado de misterio y belleza, nos acerca a la vida privada de una poderosa reina que vivió hace miles de años y cuya historia aparece y reaparece en mitos y leyendas de todo el mundo.

Imagen: Dominio público

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