Los Piccard, la familia que conquistó el cielo y descendió a las entrañas de la Tierra

Durante cuatro generaciones, los miembros de esta saga han sido pioneros en vuelos aerostáticos, con batiscafos y aviones propulsados por energía solar

Auguste Piccard con su esposa e hijas, en 1931
Auguste Piccard con su esposa e hijas, en 1931 – Wikipedia

Pedro Gargantilla

En la Universidad de Basilea impartió docencia Jules Piccard (1840-1933), un químico helvético que centró sus investigaciones en el estudio de la cantaridina y en el peso atómico del rubidio. Una trayectoria profesional que nos va a parecer pueril cuando conozcamos la trayectoria profesional de sus descendientes.

Uno de sus hijos fue Auguste (1884-1962) que, siguiendo la estela de su padre, se decantó por las ciencias y llegó a ser catedrático de Física de la Universidad de Bruselas. Fue un científico reputado, que se codeó con los «grandes» del momento, como Albert Einstein y Marie Curie.

Auguste ha pasado a la historia, entre otras muchas cosas, porque en 1931 viajó en una cápsula presurizada hasta casi los 16 kilómetros de altura. Un viaje estrictamente científico con el que intentaba cerrar sus años de estudio dedicados a los rayos cósmicos.

Auguste fue la primera persona que pudo comprobar con sus propios ojos la curvatura terrestre, además de ser el primero en utilizar una aeronave presurizada. Parece ser que encargó el diseño de la misma a una fábrica de toneles de cerveza.

El viaje lo hizo en compañía de su ayudante, Charles Kipfer, y el punto de partida elegido para esta gesta fue Augsburgo (Alemania). Después de completar las observaciones intentaron sin éxito descender, flotando sin control durante más de quince horas sobre Italia, Austria y Alemania.

Cuando ya se les daba por muertos fueron rescatados en el glaciar de Gurgl, en los Alpes austriacos, a más de 1.900 metros de altitud. Como sentenció un periodista coetáneo, la historia de la aventura supera la ficción.

Profesor Tornasol

Auguste vivió la mayor parte de su vida en Lausana, en donde era fácil reconocerle por su aspecto desgarbado, frente despejada, un enorme mostacho y gafas de montura redonda.

Con esa guisa Auguste inspiró un personaje inolvidable del cómic, un simpático sabio de afilada perilla, cabeza en forma de bombilla, sordo como una tapia y enormemente despistado. En 1944 el belga Hergé incorporó a Auguste, bajo el pseudónimo de profesor Silvestre Tornasol, al universo de Tintín.

El percance estratosférico no fue óbice para que Auguste viajase en veintiséis ocasiones más hacia la conquista de los cielos, en alguna de ellas con su mujer, que realizaba las tareas de fotógrafo. En 1937 decidió cambiar el ámbito de estudio y apuntar hacia las entrañas de la Tierra, aplicando a la inversa los principios del globo aerostático construyó por vez primera un submarino al que bautizó como batiscafo.

Jacques Piccard el el submarino «Trieste» durante la inmersión de 1960
Jacques Piccard el el submarino «Trieste» durante la inmersión de 1960

Descenso a las fosas Marianas

El relevo en las investigaciones oceanográficas lo tomó su primogénito Jacques (1922-2008). A comienzos de 1960, junto con su ayudante Don Walsh, consiguió descender hasta los 10.916 metros, en el extremo suroeste de la fosa de Las Marianas.

Jacques se acercó a lo más parecido al Averno, un lugar a más de mil atmósferas de presión, absoluta oscuridad y a cuatro grados centígrados.

El hijo de Jacques, y ya estamos en la cuarta generación, se llama Bertrand (1958), estudió medicina y llegó a ejercer la especialidad de psiquiatría pero, como sus antepasados, el alma de Ícaro no tardó en florecer.

En 1999 protagonizó una gran hazaña al dar la vuelta al mundo a bordo de un globo aerostático, aquella aeronave con la que sus abuelos llegaron a la estratosfera. En el 2015 inició una aventura mucho más temeraria: dar la vuelta al mundo a bordo de un avión solar.

Bertrand Piccard
Bertrand Piccard – AFP

La aeronave fue bautizada como “Solar Impulse II”, en ella Bertrand, junto con André Borschberg, consiguieron completar la vuelta a la Tierra en diecisiete escalas, un viaje que se prolongó dieciséis meses y con una velocidad media de cuarenta kilómetros a la hora.

¿Con Bertrand se pone fin a la saga de los Piccard? Me gustaría pensar que no… que a los genes de esta peculiar familia les quedan muchos retos por conquistar.

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