El motivo por el que las tropas del Afrika Korps de Rommel comieron caca de camello

Desde hace siglos ha habido varios tratamientos escatológicos para varias dolencias. Las heces de camello fueron consumidas para combatir la disentería en África del Norte, durante la Segunda Guerra Mundial

La tripulación de un carro de combate alemán come en el desierto africano, en 1942
La tripulación de un carro de combate alemán come en el desierto africano, en 1942 – Bundesarchiv

Pedro Gargantilla

Nuestro Diccionario de la lengua española recoge dos acepciones para el término escatología, la primera referida con las creencias y doctrinas concernientes a la vida de ultratumba. En este sentido la escatología estudia la muerte y lo que hay en el más allá.

En su segunda acepción se refiere a lo perteneciente a los excrementos y las suciedades –del griego skor, excremento-. Será precisamente a esta acepción a la que nos referiremos a lo largo de todo el artículo.

La oscura profundidad de nuestro intestino, privada de oxígeno, alberga un universo excepcionalmente rico en microoganismos que interactúan entre ellos como si de una selva tropical o de arrecifes coralinos se tratase.

Durante décadas han sido numerosos los esfuerzos que se han realizado para conocer los entresijos de nuestra microbiota, en aras de mejorar los tratamientos disponibles o conocer la etiopatogenia de algunas enfermedades, inicialmente digestivas.

En este momento disponemos de muchos datos y hay líneas de investigación encaminadas a conocer qué papel pueden desempeñar nuestras bacterias intestinales en enfermedades tan dispares como el alzhéimer o determinados tipos de cánceres. Sin embargo, hace apenas unas décadas este ecosistema era un verdadero desconocido.

Caca de camello en el Afrika Korps

El segundo frente más importante de la Segunda Guerra Mundial, después del oriental, fue África del Norte. Durante casi tres largos años fue el escenario de importantes batallas que acabarían decantando la balanza hacia el lado de los aliados.

El ejército nazi del Africa Korps, además de tener que hacer frente a las tropas enemigas, tuvo que luchar contra las enfermedades digestivas, especialmente contra la disentería. En aquella época no había antibióticos para combatirla y el azufre que se vendía de estraperlo era para uso tópico.

Las tropas comandadas por Rommel descubrieron que los beduinos tenían una curiosa manera de hacer frente a este mal: consumiendo heces fecales de camello. Curiosamente, con las deposiciones del artiodáctilo la diarrea desaparecía en cuestión de horas. Eso sí, había que ingerirlas lo antes posible, en cuanto los camellos satisfacían sus esfínteres, calentitas como el pan recién horneado.

Tiempo después se descubrió que este tratamiento tan escatológico tenía su explicación, el excremento fresco de los camellos contenían una bacteria –Bacillus subtilis– capaz de vencer la infección.

La poco apetitosa sopa amarilla de dragón

Posiblemente, el primer tratamiento escatológico, en su sentido amplio, se remonta al siglo IV de nuestra era, cuando un médico chino –Ge Hong- administraba material fecal de «donantes sanos» para tratar diarreas severas.

A esta solución de heces humanas la bautizó como «sopa amarilla de dragón», un bonito eufemismo que no hacía otra cosa que enmascarar un tratamiento poco apetitoso.

En el Zhou Hou Bei Ji Fang, considerado el primer tratado chino de medicina de urgencias, se describe este tratamiento y su efectividad en las intoxicaciones alimentarias. Los resultados eran espectaculares y en algunos casos los enfermos se salvaron de una muerte segura.

La siguiente referencia la encontramos en el siglo XVI –durante la dinastía Ming–, cuando otro médico (Li Shizen) recomendaba suspensiones fecales –bien fermentadas o frescas– y heces secas para tratar enfermedades abdominales. Este galeno rebautizó el tratamiento como «jugo dorado».

En el siglo XVII, ya en el Viejo Continente, el médico italiano Fabricius Aquapendente se refería a este tratamiento como «transfaunación» y lo recomendaba especialmente para tratar determinadas enfermedades abdominales en el campo de la veterinaria.

Afortunadamente, las terapias médicas han evolucionado a hombros de gigantes desde entonces. En estos momento el trasplante fecal ya es una realidad y se puede realizar a través de diferentes vías: colonoscopia con sedación, enemas, sondas nasogástricas o mediante cápsulas previamente concentradas.

El siguiente reto que debemos afrontar, en esta línea de investigación, es disponer de modernos bancos de heces, que permitan ofrecer un transplante más personalizado e incluso autotransplantes de microbiota.

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