Los comandos especiales despedazan niños en Yemen, Irak y Afganistán

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Hace 18 años que la Alianza del Norte tomó Kunduz y Kandahar, y proclamó su victoria sobre los talibanesLos elfos y sus aliados norteños derrotaron a los pérfidos velados de Mordor, tras unos meses de combate. Después del ¡salvemos a las mujeres!, los inmorales negocian la paz con los fanáticos del Kalasnikov. Ya nada importa. Afganistán es el país por el que la guerra se precipita como un torrente por la rambla. Cuando desclasifiquen sus crímenes en Oriente Próximo pedirán perdón, pero la generación que lo presencie será otra. ¿Tiene sentido airear toda esta inmundicia?: Sí, porque el veredicto de la historia es la conciencia de los oprimidos.

La memoria de los olvidados duerme en una aldea de Afganistán, en Irak, o en Yemen. La inocencia de muchas de las víctimas y su extrema debilidad, facilita el cometido del mando conjunto de operaciones especiales (JSOC). Para estos señorazos no existe el derecho internacional. Obvian que el asesinato global debe regularse por las leyes, y ha de realizarse previo aturdimiento. Sin embargo, la propaganda del JSOC consiste en ocultar sus vídeos y cualquier indicio concreto y criminal, porque saben que el terror funciona mejor boca a boca. Sus barbados oponentes hacen justo lo contrario, como si las fuerzas fueran simétricas, aunque de signo contrario. Rebanan el cuello de sus enemigos como hacían los asirios, para luego publicitarlo en pantallas de cristal líquido, a la que la audiencia global tiene sospechoso acceso.

El periodista Jeremy Scahill descubrió las actividades de estas compañías de criminales, ypone su voz y pluma en Guerra sucias (Rick Rowley), un trabajo documental sobre los crímenes del JSOC en Oriente Próximo.

Cuando Scahill llega a Afganistán, se encuentra con extraños asesinatos, como el producido en Gardez. Entre los muertos había tres mujeres, dos de ellas embarazadas, a las que sacaron las balas para no dejar huella. Luego, dijeron que se trataba de un crimen de honor cometido por los talibanes, aunque al final aceptaron su autoría. El tema quedó saldado tras el sacrificio de un cordero en el lugar el crimen. En el aquelarre interviene un prohombre de estos hashashin,William McGraven, vicealmirante del comando, quien tuvo la fortuna de dirigir la muerte de Bin Laden años después. Hoy se producen multitud de operaciones de este tipo en más de 70 países, acompañadas de un apagón informativo colosal.

Scahill investiga la súbita aparición de Al Qaeda en Yemen, después de la aniquilación de una tribu de pastores en Al Majala. “No se podía distinguir entre los cuerpos de los niños y los animales del rebaño”. Murieron 46 personas, entre las que se encontraban tres mujeres embarazadas. En Yemen persiguen al ciudadano estadounidense Anwar Al Awlaki, un clérigo muy popular y moderado, por el que se interesaban medios de comunicación respetables. Pero todo cambió tras el 11S, y el crimen masivo de la invasión de Irak (2003). Anwar cambia el discurso y se endurece, mientras que es hostigado e interrogado una y otra vez. Luego pasa un año y medio encarcelado sin acusaciones formales.  Y de ser un buen imam, se convierte en un sospechoso de terrorismo carcomido por la ira.

El gobierno global de Obama emitió una fatwa en el que le condenaban a muerte, lo que suscitó un emocionante debate en el país de las libertades. Finalmente, un dron le despedazó. Habían quemado su efigie y juzgado en ausencia. Dos semanas más tarde asesinaron a su hijo de 16 años. Y eso no fue todo. En el año 2017 los comandos asesinaron también a su hija de 8 años, una niña de ojos negros, grandes y radiantes. El “ataque” fue aprobado por Trump. Para los criminales, el mal es como la raza, se hereda de padres a hijas, y por eso aniquilan a los retoños.

El gran sueño americano está unido al cowboy y a la patada en la puerta. A partir de aquí, todo es un decorado, una proyección de músculos tatuados en las estepas asiáticas. Si desde la era Trump las intervenciones se han multiplicado, es porque la impunidad es directamente proporcional a la debilidad de su estado. Roca Barea, en su aclamada obra Imperiofobia y leyenda negra, señala que a los imperios se les envidia, y que una construcción multinacional es algo extraordinario. Los imperios contienen elementos muy diferentes, y resulta extraordinario que alcancen la conciliación. El poder global es una especie de exaltación de su acción civilizadora. A todos les une la gloria, pero también un trágico final cuando sus partes blandas y sensibles se pudren a causa de la corrupción.

Desde que Trump llegó al poder, las acciones encubiertas se han multiplicado. Sabotajes, revoluciones de colores, desestabilización y un sinfín de asesinatos quedan sin respuesta en aldeas lúgubres o luminosas, oscuros callejones de ciudades desconchadas, y tórridos desiertos de desamparo. Y estas acciones están acompañadas de una guerra sicológica que se centra en los denunciantes. Todo indica cierta desesperanza, pero después del escándalo llega la indignación, y por último, el veredicto de la conciencia.

JAVIER LÓPEZ ASTILLEROS

DOCUMENTALISTA Y ANALISTA POLÍTICO

https://blogs.publico.es/otrasmiradas

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