La mayor locura inglesa antes del Brexit: cuando la ginebra devastó Gran Bretaña en el siglo XVIII

La popularización de esta bebida alcohólica llevó a los empresarios británicos a utilizar todo tipo de aditivos, causando un grave problema de salud en toda Gran Bretaña que llevó al Gobierno a actuar con la ley en la mano

«El callejón de la ginebra» (1751), del pintor y grabador William Hogarth, donde se ilustran los estragos y excesos de la ginebra en la Inglaterra del siglo XVIII
«El callejón de la ginebra» (1751), del pintor y grabador William Hogarth, donde se ilustran los estragos y excesos de la ginebra en la Inglaterra del siglo XVIII

La situación se está volviendo caótica. Los políticos del Reino Unido tienen una sensación generalizada de bochorno y reconocen que su país se ha convertido en el «hazmerreír de Europa». El escritor John Le Carré opina sobre el tema: «Es sin duda alguna la mayor idiotez y la mayor catástrofe que ha perpetrado el Reino Unido desde la invasión de Suez en 1956». Y el grupo Sky lanza un nuevo «canal efímero» para cubrir todas las noticias que no hablen del Brexit, después de que un sondeo mostrara que los británicos evitan las noticias debido al interminable, confuso e incoherente proceso de salida de la Unión Europea.

La cuestión del Brexit se ha convertido en una cuestión de emergencia nacional que parece estar desquiciando a todo el mundo, comparable a algunos de los peores momentos de la historia de Gran Bretaña (guerras mundiales aparte) como el que les contamos a continuación. Y es que, para muchos británicos y para la mayoría de los europeos, la actitud del Gobierno conservador de Boris Johnson y su partido es, de hecho, una locura. Y en medio: recursos judiciales, manifestaciones populares, broncas inimaginables en el parlamento, leyes exprés, acoso callejero a los ministros, prórrogas infinitas para las elecciones generales y decenas de dimisiones, entre otras cosas.

Para remontarnos a uno de los momentos de mayor locura en Gran Bretaña antes del Brexit debemos retroceder hasta el siglo XVIII. Y quedó perfectamente retratado en 1751, cuando circuló en el país el que puede considerarse como el anuncio contra el consumo de «drogas» más potente de la historia. Fue creado por el ilustrador y pintor satírico William Hogarth, considerado como el padre de los cómics occidentales. En su cartel podía verse a una mujer con la cabeza echada hacia atrás, absolutamente borracha y vestida con harapos destrozados. Lo más impactante de la imagen es que mujer aparece con un bebé que se le acaba de resbalar de las manos y está a punto de despeñarse por las escaleras sin que ella se de cuenta por el abuso de la ginebra.

Ginebra contra cerveza

El anuncio, con más de dos siglos y medio de antigüedad, intentaba representar las graves consecuencias que había traído consigo el consumo de ginebra. La bebida alcohólica se había convertido para los ingleses de entonces en la mayor droga que podía consumir el hombre. Una bebida que amenazaba con desgarrar a la sociedad británica en el siglo XVIII, a diferencia de la cerveza, representada como un proveedor de felicidad, como demuestra otro grabado del mismo ilustrador y del mismo año titulado «La calle de la cerveza».

La locura que generó la ginebra en Gran Bretaña dista mucho de la imagen que esta bebida tienen hoy en día, por ejemplo, en España, donde está de moda y amenaza con destronar al güisqui. Los menorquines fueron los primeros en consumirla aquí, después de que los británicos la trajeran al conquistar Menorca en 1708. En marzo de 1893, la revista «Blanco y Negro» publicaba un artículo titulado «Vida bohemia», en el que ya podía leerse: «La única verdad en este mundo es la ginebra».

Antes de que generara un verdadero problema de salud en Gran Bretaña, la ginebra ya tenía casi tres siglos de historia. Se había inventado en los Países Bajos a finales del siglo XV o principios del XVI, no está del todo claro. A principios del XVII se usó para mejorar la función renal y la digestión. Fue en el siglo XVIII cuando empezó a consumirse con tónica como remedio medicinal combatir la malaria. Y en la primera mitad, debido al crecimiento desorbitado de su consumo entre las clases medias y bajas, acabó convirtiéndose en una emergencia nacional.

«Acta de la Ginebra»

Las láminas de Hogarth se publicaron para apoyar el «Acta de la Ginebra», una ley con la que el Gobierno inglés quiso prohibir su elaboración, venta y consumo. Una especie de ley seca que se implantó por primera vez en 1732. La imagen que tenía este licor anteriormente usado como medicina había cambiado mucho para las autoridades inglesas desde que apareció citado por primera vez en un tratado de destilación de 1582 como «acqua-juniperi». Es decir, la antecesora del «jenever» holandés y del «gin» inglés.

El responsable de que la fórmula de la ginebra llegara a Gran Bretaña fue el Rey holandés Guillermo de Orange después de acceder al trono británico, en 1698, como Guillermo III. Pocos años después su consumo se hizo incontrolable entre los ingleses. Los soldados que volvían de los Países Bajos comenzaron a beberla en cantidades ingentes como bebida para el ocio y no como medicina, utilizando a diario el pretexto de la prescripción médica.

Los empresarios vieron la oportunidad y no dudaron en añadir a la bebida cualquier tipo de aditivo que hiciera su sabor más aceptable, para que se siguiera consumiendo y no tener que reducir su producción. Era como si la población más pobre, que aspiraba a beber como el Rey, aceptara cualquier ginebra sin darse cuenta de que ellos no podían permitirse la ginebra que bebía el Monarca. Pero las casas de destilación de peor calidad crecían a medida que aumentaban los consumidores.

«Ácido sulfúrico»

Para producirla acabaron usando «ácido sulfúrico, aceite de trementina y cal. Era como la muerte en un vaso», aseguraba a la BBC Lesley Salmonson, autor de «Ginebra: Una historia global». «Fue ferozmente adulterado», añade Jenny Uglow, autor de «Hogarth: una vida y un mundo», quien cuenta en su libro que la ginebra «fue vendida en todas partes, desde las tiendas de ultramarinos hasta los establecimientos de abastecimiento de los barcos. Había un bar en cada edificio».

El grave deterioro de su calidad produjo muy pronto consecuencias nefastas para los millones de consumidores. Uno de los ejemplos más sobrecogedores de la locura que generó la ginebra fue el de Judith Defour, una mujer condenado en 1734 por estrangular a su hija con el fin de vender su ropa para poder comprar ginebra. La autora acabó confesando y fue condenada a la horca.

La ginebra terminó siendo prohibida mediante el mencionado «Acta de la ginebra» de 1751. Como era de esperar, el resultado no fue el deseado: proliferaron las destilerías clandestinas, el precio subió hasta límites insospechados y, sobre todo, se produjo un deterioro aún mayor de su calidad, causando estragos físicos y psíquicos entre la población. Sin embargo, esta nueva ley consiguió parcialmente su objetivo. El consumo se redujo y la mayor parte de las tiendas pequeñas donde se vendía el licor desaparecieron. Pero como contrapartida generó el mayor interés por parte de los consumidores.

Al cabo de un tiempo, la prohibición tuvo que ser levantada de nuevo y la ginebra recuperó definitivamente su esplendor en Gran Bretaña. Sobre todo, gracias a las normas que regularon su elaboración, comercio, consumo y fiscalidad. A principios del siglo XIX, James Burrough produce la famosísima Beefeater, una de las más vendidas en el mundo actualmente… y ya nadie se acuerda de aquella madre del anuncio de William Hogarth.

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