LA MAGIA DE LA COLABORACIÓN: JUNTOS FUNCIONAMOS MEJOR

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La música y la neurociencia comprueban que los seres humanos se desempeñan mejor cuando interactúan y están conectados con otros, cuando alcanzan eso que podría llamarse armonía.

Indre Viskontas es una soprano especializada en ópera y es, también, una neurocientífica. Su trabajo ha sabido combinar los misterios del cerebro humano y sus mecanismos, con los de la música, dos áreas cuyo contacto es fascinante. En una entrevista hecha por Nautilus, la canadiense habló sobre la química que es evidente entre músicos que se conectan entre sí (y los circuitos cerebrales que forman parte de ella), esa que puede sentirse cuando tocan juntos, eso que hace a una agrupación musical fantástica y que refleja una armonía que es evidente.

La historia de Viskontas incluyó el haber crecido en un hogar lleno de música, en Toronto; su madre es la directora de un coro. Ella, además de cantar ópera y ser parte de otros ensambles musicales, tiene un doctorado en neurociencia cognitiva por la Universidad de California. Hoy, la descendiente de migrantes lituanos dirige una pequeña compañía de ópera, es la presentadora de Cadence —una serie de podcasts sobre la relación entre la música y la mente— y es profesora de humanidades y ciencias en el Conservatorio de Música de San Francisco. Todo esto hace de Viskontas una investigadora fuera de lo común, pues su conocimiento deriva directamente de su experiencia artística y creativa.

Fue ese sentimiento que resulta de tocar con otros músicos, esa sensación que Viskontas llama un “sentimiento mágico”, lo que la llevó a estudiar las interacciones entre músicos a nivel cerebral. Cuando un grupo de intérpretes está en sintonía, sostiene la canadiense, hay un intercambio de información que alimenta a todas las partes de esa interacción. Eso que sucede a nivel inconsciente cuando esta sensación aparece es una de lasazones, quizás, por las cuales el hombre está tan fascinado por el arte.

En el terreno neurológico, explica Viskontas, cuando un artista está en sincronía con otro, hay partes del cerebro que se activan, regiones que no presentan actividad cuando estamos solos. Viskontas explica esto con una sencilla metáfora: cuando olvidas un nombre y tratas de recordarlo con insistencia, éste se bloquea porque en ese momento, los recursos cognitivos de la persona están yendo en una dirección distinta. Lo mismo sucede cuando estamos solos, esos momentos donde una voz interior crítica se activa. En cambio, cuando estamos acompañados, esa voz interior desaparece porque nuestra intención y atención están en monitorear y responderle a alguien más. Esto es algo difícil de conseguir cuando eres un intérprete musical que trabaja en solitario.

En la entrevista, Viskontas narra que muchas veces ella encontraba más soltura en su voz al momento de presentarse en público (y acompañada por otros músicos), que durante los ensayos. En términos neurológicos, Viskontas lo explica así: el hemisferio izquierdo del cerebro, ese responsable de la comprensión del lenguaje (conocida también como área de Wernicke) está conectada al área responsable de la producción del lenguaje (o área de Broca) por un tracto fibroso llamado fascículo arqueado. Así, cuando tratamos de repetir una palabra que alguien más ha dicho, el mensaje cerebral viaja por ambas áreas a través del fascículo. En las personas normales, este tracto es mucho más grueso en el lado izquierdo que en el derecho. Esto es una generalidad, excepto en el caso de los cantantes quienes, a medida que desarrollan sus habilidades vocales, hacen que su tracto sea más grueso, lo ejercitan, pues crean más conexiones en esa área. Esto hace de los cantantes mejores al momento de escuchar algo y producirlo vocalmente.

Todo esto explica el hecho de que cuando un músico intérprete está interactuando con otro utiliza y refuerza dichas conexiones cerebrales, algo que implica un control consciente del cuerpo y respuestas automáticos del cuerpo y el cerebro.

El trabajo actual de Viskontas incluye una serie de experimentos que son parte de un proyecto llamado The Ensemble Project. Éste pretende investigar las maneras en las que los músicos que tocan acompañados pueden lograr interpretaciones más evocativas y conmovedoras. Las pruebas incluyen la observación de músicos tocando acompañados pero con distintas variantes —viéndose o no a los ojos, dirigiendo sus cuerpos hacia los otros músicos o no, o tocando con expresiones gestuales o sin ellas. Los resultados indican que, en la mayoría de los casos, los músicos logran interpretaciones más íntimas cuando no se ven, pues tienen que confiar en guías auditivas para su interpretación, algo que evita distracciones en el contexto, y una mayor concentración.

Algunos estudios neurológicos recientes han indicado que la música es capaz de incitar la producción de los químicos cerebrales relacionados con las relaciones sociales, otras investigaciones indican que el interpretar música genera la producción de sustancias relacionadas con la felicidad, como la serotonina y la dopamina; otros más han indicado que la improvisación musical, en el jazz específicamente, desactivan esas parte del cerebro que evalúa nuestro comportamiento, y activa aquellas relacionadas con la motivación interior.

Todo esto nos lleva a una conclusión sorprendente: la música genera lazos sociales entre quienes la interpretan, y mientras éstos son más fuertes, la música suena mejor. Además, los estudios de Viskontas parecen indicar que cuando los músicos están conectados entre sí al momento de interpretar una pieza crean una conexión con la audiencia más íntima.

El cerebro es social, porque los humanos lo somos. Las investigaciones de Viskontas no pretenden reducir el sentimiento musical a meros impulsos y mecanismos neurológicos, pero sí explicar una parte de él. Más aún, su trabajo hace evidente una parte de la naturaleza humana que podría extrapolarse a muchos más aspectos de la vida, además del universo musical: cuando estamos en sincronía con otros, no sólo esa voz crítica se puede acallar, sino que nuestra emociones generan conexiones cerebrales que no podríamos hacer solos. La conexión con otros es tan importante que excede el ámbito de la música y es un primer paso para un sinfín de posibilidades que incluyen hacer de este mundo un lugar mejor, siempre con la ayuda de otros.

Imagen: Dominio público

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