Resultado de imagen para arpa con cerebro

En décadas recientes la neurociencia ha realizado descubrimientos fascinantes sobre el funcionamiento del cerebro humano (siempre complejo y elusivo). La manera en que aprendemos y usamos el lenguaje, la posibilidad del pensamiento abstracto, la regeneración neuronal o el efecto del trauma en nuestros procesos mentales, son algunas de las cualidades que cotidianamente ocurren pero no por ello hemos terminado de comprender su cómo o su porqué.

Entre las funciones que presume nuestro cerebro, una de las más enigmáticas es la memoria. Si bien por mucho tiempo se creyó que era una especie de “caja de recuerdos” donde éstos se almacenaban una vez vividos y permanecían así hasta que el olvido los deslavaba, o se mantenían vivos, ahora se sabe que nuestra memoria no opera realmente de esta manera, que no se trata de una unidad de almacenamiento, como la de las computadoras, sino más bien de un “archivo vivo” en el que los recuerdos se actualizan cada vez que los recordamos y también, por otro lado, en el cual dicha preservación es un tanto azarosa.

Walter Benjamin alguna vez escribió, respecto de su infancia en Berlín, que “el tiempo durante el cual estamos expuestos a las impresiones es irrelevante para el destino que éstas tienen en el recuerdo”, pues la intensidad de dicha impresión, ahora se sabe, obedece a otras circunstancias, entre las cuales las sensaciones que van aparejadas a una experiencia parecen ser decisivas para que ésta se fije o no en nuestra memoria.

En un proyecto que combina inesperada y preciosamente esta viveza de la memoria y, en general, del cerebro humano, el compositor Eduardo Reck Miranda e investigadores del Centro Interdisciplinario para la Investigación de Música Informática de la Universidad de Plymouth, desarrollaron una interfaz capaz de convertir ondas cerebrales en notas; esto con el fin de involucrar a pacientes con algún tipo de enfermedad neuronal en un proceso creativo.

Como sabemos, una de las consecuencias de padecer enfermedades neurodegenerativas es el aislamiento en el que puede caer el paciente. Sin embargo, gracias a la tecnología encefalográfica fue posible crear esta forma distinta de comunicación y contacto tanto entre pacientes como para el paciente en sí, pues si bien, por un lado, se trató de un ejercicio de composición colectiva, debido al contacto con la creatividad este esfuerzo también significó un momento de introspección y expresión.

La música es probablemente la más emotiva de las artes y también una de las que más áreas del cerebro es capaz de activar. Ambas cualidades están elocuentemente unidas en este proyecto que creó un punto de contacto entre la la mente y la disposición del mundo para dar lugar a sus solitarios ensueños creativos.

cinema iloobia
http://www.faena.com/aleph/es/articles