TEORÍA EVOLUTIVA PERSA 600 AÑOS ANTERIOR A DARWIN TOMA EN CUENTA EL ESPÍRITU Y EL APRENDIZAJE

NO SE TRATA SOLAMENTE DE LA SUPERVIVENCIA DEL MÁS APTO, SINO DE LO QUE EL APRENDIZAJE CONSCIENTE PUEDE HACER EN FAVOR DE TODOS.
 
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Nasīr al-Dīn Tūsī nació en el 1201 de nuestra época en lo que hoy es Irán; fue una de las grandes mentes de su tiempo: destacó tanto filósofo como arquitecto, pero también hizo estudios en arquitectura, astronomía, química, biología, matemáticas, medicina y teología, y está considerado como uno de los últimos grandes pensadores persas.

Además de ser uno de los escritores persas más prolíficos, y ser considerado el padre de la trigonometría, Tusi publicó versiones definitivas en árabe de las obras de Euclides, Arquímedes, Ptolomeo y otros filósofos presocráticos. Esta diversidad y profundidad de intereses lo hacen uno de los precursores de la ciencia moderna, como podemos atestiguar al leer un par de fragmentos de su obra Akhlaq-i-Nasri (“Ética nasírea”), donde hallamos una teoría de la evolución de las especies que precede 600 años a la de Darwin.

En la tradición de la filosofía natural, Tusi comienza diciendo que el universo comenzó como elementos similares que fueron complejizándolo, hasta que la materia se desarrolló a partir del contacto con otros elementos contradictorios. Así surgieron las plantas, los minerales y los animales, entre ellos los humanos. Es en este punto donde se vuelven interesantes las similitudes con Darwin, pues se trata de una temprana teoría del parentesco. Tusi escribe:

“Los organismos que pueden obtener las nuevas características con mayor velocidad son más variados. Como resultado, adquieren ventaja sobre otras creaturas […] Los cuerpos están cambiando como resultado de las interacciones internas y externas.” 

Al hablar de la adaptación de los organismos a su medio ambiente, Tusi destaca que algunos de ellos tienen “armas reales”, ya sean “cuernos como lanzas, dientes y garras como cuchillos”, o “las espinas y púas de algunos animales similares a flechas.” Pero por el contrario, la supervivencia de otros menos armados depende del orden de su comunidad, “por ejemplo, las abejas, las hormigas y algunas especies de aves se han unido en comunidades para protegerse y ayudarse unos a otros.”

La diferencia fundamental entre los animales y las plantas, para Tusi, está en que “la razón es la característica más benéfica para los animales. Gracias a la razón, estos pueden aprender cosas nuevas y adoptar nuevas habilidades que no les son inherentes. Por ejemplo, el caballo entrenado o el halcón de cetrería se encuentran en un nivel de desarrollo mucho más alto en el mundo animal. Los primeros pasos de la perfección humana comienzan aquí.”

Es interesante observar que Tusi no coloca al ser humano como una especie de “amo y señor” de los animales, sino que entiende lo humano como un grado de desarrollo perfeccionado a partir de lo animal. Incluso se refiere probablemente a simios antropoides como los “humanos de Sudán Occidental”, quienes son más cercanos a los animales “por sus hábitos, costumbres y comportamiento”, aunque podría tratarse también de grupos humanos. 

Estas diferencias y similitudes humano-animales se complementan al pensar que “los humanos tienen características que los distinguen de otras creaturas, pero tiene otras características que lo unen con el mundo animal, el reino vegetal e incluso con los cuerpos inanimados. […] Antes [de la creación de los humanos], todas las diferencias entre los organismos eran de origen natural. El siguiente paso estará asociado con la perfección espiritual, la voluntad, la observación y el conocimiento. […] Todos estos hechos prueban que el ser humano está colocado a medio camino en la escalera evolutiva. De acuerdo con su naturaleza inherente, el humano se relaciona con los seres inferiores, y sólo con ayuda de su voluntad puede alcanzar niveles de desarrollo superiores.”

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