HISTORIAS VACÍAS

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Ayer después de publicar mi columna en dónde comenté que iré a la marcha del sábado, me puse mi coqueta pijama color queso de puerco, metí mis pies en las sábanas, cerré los ojos y me dormí.

Apenas cerrar los ojos tuve dos sueños pero uno llamó particularmente mi atención. Estaba yo en un concierto de Arjona y en determinado momento el canta autor se subió a una bocina y desde el escenario se dejó caer de espaldas con los brazos en cruz sobre el público, mismo que lo fue pasando hasta la puerta de salida en dónde lo arrojó a la calle. Vítores. Yo quedaba totalmente emocionado hasta las lágrimas y recuerdo que todo el sueño me pregunté ¿por qué los políticos no brincan igual?
Por la mañana al despertar pensé ir a un Starbucks para escribir esta historia pero preferí llegar a un café pequeño que si bien no ofrece café gourmet, es agradable, no tiene tanta gente y sobra donde sentarse.
Pasaron veinte minutos antes de que un mesero se fijara en mi y me tomara la orden, y pasaron otros veinte para que volviera y me dijera en tono solemne -Disculpe señor, ¿como va a querer su café?
-Si se alarga más la espera, como a un hijo- respondí
Por fin llegó mi café y al fin pude platicarles esta historia que creo que no sirve para nada, pero no tenía mayor cosa que contar. Es más o menos como aquella conversación entre un asaltante y su víctima:

-La bolsa o la vida-
-Elija usted.. las dos están vacías-

Andreas Zanetti

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