Hace mucho, mucho tiempo

El hallazgo en Groenlandia de los fósiles más antiguos de la Tierra vuelve a plantear una pregunta esencial: ¿cuán probable es la vida?

Sección transversal de estromatolitos fósiles encontrados en Bolivia.
Sección transversal de estromatolitos fósiles encontrados en Bolivia. GETTY IMAGES/MINT IMAGES RF MINT IMAGES – FRANS LANTING GETTY IMAGES/MINT IMAGES RF

 

Hace 15 años, las evidencias fósiles más antiguas de vida tenían 3.900 millones de años. Después se pusieron en duda –había maneras de explicarlas por meros procesos químicos o geológicos— y tuvimos que empezar a decir que los fósiles más antiguos que no suscitaban controversia académica tenían sólo 3.500 millones de años. Y ahora volvemos casi a la primera casilla, como puedes leer enMateria: científicos australianos han hallado en Groenlandia evidencias fósiles, de momento no discutidas, de hace 3.700 millones de años. ¿Y por qué estos ajustes de unos cuantos cientos de millones arriba o abajo son importantes?, se preguntará el lector. Pues lo son, y mucho.

Una de las cuestiones más importantes que tiene planteada la ciencia actual es: ¿cuán probable es la vida? Muchos científicos y pensadores han sostenido durante los últimos 150 años que somos un accidente tan extraordinariamente improbable, tan imposible redondeando un poco, que lo más seguro es que estemos solos en el universo. Es una idea en cierto modo religiosa, que nos devuelve al centro de la creación por más centenares de miles de millones de planetas que haya en nuestra galaxia, y por más centenares de miles de millones de galaxias que existan en el universo visible.

De ser correcto ese punto de vista, sin embargo, lo que cabría esperar es que el milagro de la vida hubiera tardado un montón en ocurrir en la Tierra. Todas esas moléculas inorgánicas, u orgánicas en el peor de los sentidos, habrían pasado lo que no está escrito para lograr organizarse, siempre por casualidad, y mucho antes de que existiera una entidad susceptible de evolución, porque de otro modo la vida habría surgido por todas partes en este cosmos inabarcable. Si la emergencia de la vida a partir de la materia inerte fuera casi imposible, es en eso en lo que la biología tendría que haberse gastado la mayor parte de su tiempo en este planeta cruel.

Pero la Tierra, amigos, solo tiene 4.500 millones de años, y durante los primeros 500 o 600 millones estuvo martirizada por un bombardeo permanente de meteoritos, planetoides y cometas gigantescos –uno de ellos nos arrancó la Luna, directamente— que seguramente convirtieron el planeta en un infierno inhabitable, no ya para nosotros, ni para las bacterias, sino incluso para las primeras moléculas que tuvieran la mínima aspiración de trasmitir una mínima información, una semilla de sentido, un germen de la evolución futura.

Si los primeros seres vivos ya existían hace 3.700 millones de años, solo nos quedan 200 o 300 millones para fabricar un milagro. Incluso en el terreno de la evolución de los seres vivos propiamente dichos, eso un lapso bastante modesto, más o menos la mitad de lo que ha trascurrido desde el origen de los animales hasta nuestros días. Para unas miserables moléculas que aún no han descubierto cómo evolucionar, se trata de un mero pestañeo. Por eso los nuevos fósiles de Groenlandia indican que la vida es un fenómeno bastante probable, y nos estimulan a seguir buscándola en la noche infinita de ahí fuera.

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