FRAGMENTO DE “ELCAPITÁN SALIÓ A COMER Y LOS MARINEROS TOMARON EL BARCO” de Bukowski

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El hipódromo está cerrado. No hay apuestas entre hipódromos con Pomona, y que me cuelguen si voy a asarme en el coche para ir hasta allí. Probablemente acabe en las carreras de noche de Los Alamitos. Me han traído el ordenador del taller, pero ya no me corrige la ortografía. He estado hurgando en esta máquina, intentando resolver el problema. Seguramente tendré que llamar al taller, preguntarle al tipo: “¿Qué hago ahora”? Y él me dirá algo así como: “Tienes que transferirlo del disco principal al disco duro”. Probablemente acabaré borrándolo todo. La máquina de escribir descansa a mis espaldas y me dice: “Mira, yo sigo aquí”
Hay noches en las que este cuarto es el único sitio donde quiero estar. Y, sin embargo, subo aquí y me siento como una cáscara vacía. Sé que podría armar una buena y hacer que las palabras bailaran en esta pantalla si me emborrachara, pero tengo que recoger a la hermana de Linda en el aeropuerto mañana por la tarde. Viene a hacernos una visita. Se ha cambiado el nombre, de Robin a Jharra. Cuando las mujeres se van haciendo mayores, se cambian de nombre.
quiero decir, que muchas lo hacen. ¿Y si lo hiciera un hombre? Imaginaos que llamase a alguien:
-Oye, Mike, soy Tulip.
-¿Quién?
– Tulip. anteriormente Charles, pero ahora Tulip. No responderé más a Charles.
– Que te follen, Tulip.
Mike cuelga…
Hacerse viejo es muy extraño. Lo principal es que lo tienes que estar repitiendo: soy viejo, soy viejo.
Te ves en el espejo mientras bajas por las escaleras mecánicas, pero no miras directamente al espejo, echas una miradita de lado, con una sonrisa de precaución
No tienes tan mal aspecto; pareces una vela polvorienta. Qué se le va a hacer, que les den por el culo a los dioses, que le den por el culo a todo este juego. Tendrías que haberte muerto hace 35 años. Esto es un poco de paisaje extra, más ojeadas al espectáculo de los horrores. Cuanto más viejo es un escritor, mejor debería escribir; ha visto más, sufrido más, perdido más, está más cerca de la muerte. Esta última es la mayor ventaja. Y siempre está la siguiente página, ese folio en blanco de 21 X 29,7. La apuesta sigue en pie. Luego siempre recuerdas algo que ha dicho alguno de los muchachos. Jeffers: “Muéstrale sol a tu ira.” Una maravilla. O Sartre: “El infierno son los demás.” Dio en el blanco, y lo atravesó. Nunca estoy solo. Lo mejor es estar solo pero no del todo.
A mi derecha, la radio se esfuerza por traerme más música clásica de la grande. Escucho 3 o 4 horas de esta música todas las noches, mientras hago otras cosas o no hago nada. Es mi droga, me limpia completamente de toda la porquería del día. Los compositores clásicos hacen eso por mí. Los poetas, los novelistas, los cuentistas, no lo consiguen. Una pandilla de farsantes. La escritura tiene algo que atrae a los farsantes. ¿Qué será? Los escritores son los más difíciles de soportar, en la página o en persona. Y son peores en persona que en la página y eso es bien malo. ¿Por qué decimos “bien malo”? ¿Por qué no “mal malo”?
Bueno, los escritores son bien malos y mal malos. Y nos encanta maldecirnos unos a otros. Miradme a mi.
En cuanto a la escritura, básicamente sigo escribiendo de la misma manera que hace 50 años; puede que un poco mejor, pero no mucho. ¿Por qué tuve que cumplir los 51 años antes de poder pagar el alquiler con lo que escribía? Quiero decir, si no estoy equivocado y mi escritura no ha cambiado, ¿por qué tardé tanto? ¿Tuve que esperar a que el mundo me alcanzara? Y ahora, si me ha alcanzado, ¿dónde estoy? Estoy jodido, eso ya lo sé. Pero no creo que se me haya subido a la cabeza la poca o mucha suerte que he tenido. ¿Se da cuenta uno cuando se le suben las cosas a la cabeza? De todos modos no he caído en la complacencia. Hay algo dentro de mí que no puedo controlar.
Nunca puedo cruzar un puente con el coche sin pensar en el suicidio. Nunca puedo contemplar un lago o un océano sin pensar en el suicidio. Bueno, tampoco le doy demasiadas vueltas. Pero se me aparece de repente en la cabeza: SUICIDIO. Como una luz que se enciende. En la oscuridad. El hecho de que exista una salida te ayuda a quedarte dentro. ¿Me explico? De lo contrario, no quedaría más que la locura. Y eso no tiene gracia, amigo. Y terminar un buen poema es otra muleta que me ayuda a seguir adelante.
No sé lo que le pasará a otra gente, pero yo, cuando me agacho para ponerme los zapatos por la mañana, pienso: “Ah, Dios mío, ¿y ahora qué?” Estoy jodido por la vida, no nos entendemos. Tengo que darle bocados pequeños, no engullirla toda. Es como tragar cubos de mierda. Nunca me sorprende que las cárceles y los manicomios estén llenos, y que las calles estén llenas.
Me gusta mirar a mis gatos, me relajan. Me hacen sentirme bien. Pero no me metáis en una sala llena de humanos. No me hagáis eso jamás. Sobre todo en un día de fiesta. No lo hagáis.
Me enteré de que encontraron a mi primer mujer muerta en la India, y que nadie de su familia quiso hacerse cargo del cadáver. Pobre chica. Tenía un defecto en el cuello, no podía girarlo. Aparte de eso, era perfectamente hermosa. Se divorció de mi, e hizo bien. Yo no era lo bastante bueno ni lo bastante grande para poder salvarla.

Bukowski
de “El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco”

http://solobukowski.blogspot.mx/

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