Boxeo de sombra

Es notablemente curioso que para referirse a la misma situación, la lengua inglesa recurra a una expresión que es casi un antónimo de la que usamos en español. Al aludir a una coyuntura delicada y peligrosa, ellos dicen estar caminando sobre “hielo delgado”, thin ice, mientras que nosotros, al contrario, prereferimos andar “con pies de plomo”, cosa poco recomendable si nos movemos sobre superficies quebradizas y resbaladizas.

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Sea hielo o sea plomo, esa parece ser hoy la circunstancia en la que se encuentra el Presidente de México. El haber convocado a una entrevista informal, a los dos principales candidatos a la presidencia de Estados Unidos, representa sin duda una iniciativa audaz. Acertadísima o catastrófica, aún no lo sé, pero audaz sin duda.

En efecto, estoy desconcertado, me encuentro descolocado. En un principio, la misma noche del martes pasado, cuando se dio a conocer la noticia, consideré exaltado que se trataba de un error monumental. ¿Dónde se ha visto? ¿Desde cuándo está permitido intervenir de manera descarada en los asuntos internos de otra nación?

Sin embargo, con el paso de los días y de las diferentes reacciones, no tengo más remedio que reconsiderar mi reacción inicial y ponerla en duda. A lo mejor se trata de una maniobra táctica arriesgada, pero a fin de cuentas con posibilidades no desdeñables de convertirse en un logro político y diplomático sin antecedentes.

Las recientes declaraciones nada menos que del mismísimo Rudolph Giuliani, presente en la entrevista, paradójica y sorprendentemente dejan bien parado a Peña en detrimento de Trump, quien queda en evidencia como un mentiroso chanflón. A ello se añade lo dicho por la candidata rival, Hillary Clinton, quien consideró públicamente que Trump había dejado en ridículo a Estados Unidos.

Obviamente, cualquiera que hubiera sido el desenlace, habría sido aprovechado por la demócrata para segar la hierba bajo los pies de su adversario. Pero igualmente obvio es que tal actitud ya había sido considerada y sopesada por el equipo del mandatario mexicano.

El balance, hoy por hoy, es incierto, pero parece favorecer al hombre de Los Pinos. Por supuesto, de la misma manera, todos los chairos, peñabots y peñatrolls del mundo aprovechan la encrucijada para echar tierra sobre quien ya agarraron de puerquito, pero su embestida, esta vez, parece tambalearse, falta de sustento.

Un buen ejemplo nos lo obsequia el supuesto tuit de @HillaryClinton en el que recuerda el refrán “Dime con quién andas y te diré quién eres” que inunda las redes y que se quiere asociar a la entrevista entre Peña y Trump. Sólo que, ay, está fechado el 25 de agosto, cinco días antes de que ésta se anunciara. Buen intento, muchachos.

Tan pedestre engañifa —tal como denuncia y aclara con toda pertinencia Alberto Monroy, en el propio Twitter— se refiere al apoyo recibido por Donald Trump de parte del Ku Klux Klan. Ya lo he dicho: las redes sociales han tenido diferentes y discutibles efectos, entre ellos la exponencial proliferación de la mentira.

El meollo del asunto es, ya lo sabe usted, indigestado lector, el tan famoso como fantasmal muro propuesto por Trump. Ni siquiera eso, sino a cuenta de quién correría, lo que convierte la cuestión en más espectral y grotesca todavía. De todos modos, el dribling de Peña al “negarse a pagarlo” resultó hábil y rentable, y puso en aprietos al vociferante güero.

La política es precisamente eso: boxeo de sombra. A lo largo de la historia son numerosos los ejemplos de aparentes pasos en falso que derivaron finalmente en éxitos espectaculares. 

Permítame recordar incidentes más escabrosos relegados ahora, de entre muchos únicamente  comentaré hoy aquellos sonados, no olvidando casos habidos en distintas esferas con aspectos bastante afines replicando escándalos tremendos.

La victoria de Hernán Cortés y la consecuente conquista de la Gran Tenochtitlán, al frente de menos de 700 hombres, la ignominiosa Noche Triste incluida. Espectacular sin duda el alarde de Napoleón Bonaparte al declararse emperador en nombre de la República. No tuvo madre. La grabación del diálogo entre las dos efes, Fidel y Fox, la del “comes y te vas”, tampoco.

El aumento de la popularidad del tal Juan Carlos al gritonear, de manera poco aristocrática digamos, al presidente Chávez. El gran Cortázar afirma que Sugar Ray Robinson vencía a sus oponentes con puras fintas, con los golpes que no daba. Y, para terminar y no dejar, recordemos al gran ajedrecista ruso Mijail Tal, quien se hizo célebre ganando sus partidas a base de jugar mal.

En cualquier caso la aleas todavía no jacta est. La moneda está en el aire y los dados en el cubilete. Es el turno de la Hillary que no lo tiene fácil. El Excélsior de ayer dice que dijo que no va a venir, a pesar de que el inefable PAN, viendo el  aparente éxito de la jugada del Ejecutivo, ya quiere que sea el Congreso el que la invite. No le digo.

Sea como fuere, no deja de dar gusto que por una vez, aunque sólo sea una, los ingerencistas hayamos sido nosotros.

MARCELINO PERELLO

http://www.excelsior.com.mx/opinion

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