¿Y las manos del Che?

¿Y las manos del Che?

Que es que que ayer comentaba José Aymá -en la serie Epílogos de este diario- la famosa foto del Che muerto, entre militares y agentes del Gobierno boliviano.

Verla otra vez, y a toda página, me ha recordado algunas cosas, entre ellas el silencio extraño que ha caído sobre tantos tribunos españoles que no hace mucho se rasgaban la camisa cada día por el despotismo de los hermanos Fidel y Raúl Castro, pero que desde que el Papa Francisco fue a la Habana y Obama inició la distensión se están más calladitos: mejor no insistir mucho no vayamos a perder en beneficio de los norteamericanos la ocasión de suculentos negocios… A ver si vamos a hacer el panoli con el rollo de los derechos humanos en vez de aprovechar las facilidades que brindan la raza, la historia y el idioma…

En este contexto la imagen crística del Che (más exacto sería en este caso decir anticrística) es un atavismo. Como el mismo discurso de Fidel el 26 de julio de 1970, a propósito de las manos del Che, que el ministro del interior de BoliviaAntonio Arguedas (un tipo extraño, luego asesinado) conservó en un frasco de formol hasta que pudo enviarlas, clandestinamente, a La Habana.

Decía Fidel: ‘Las manos del Che están perfectamente conservadas. (…) Y es por eso que nosotros queremos preguntarle al pueblo cuál es su criterio [¡Conservarlas!], qué debemos hacer con las manos del Che [¡Conservarlas!] [Aplausos]

Las manos con que empuñó sus armas libertadoras, las manos con que escribió sus ideas brillantes [aplausos], las manos con que trabajó en los cañaverales, y en los puertos y en las construcciones. (…) hacer algo así como un Museo del Che, si se quiere un museo provisional’.

Creo que las manos hace tiempo fueron enterradas y no queda rastro, y que ese museo tampoco existe en Cuba, pero en cambio en el Museo de la Revolución de La Habana hay un conjunto escultórico en cera del Che y de Camilo Cienfuegos(muerto en accidente de aviación) muy animosos en sus uniformes verdes, con sus armas, muy verídicos.

También he visto, en un escaparate de una tienda de Canet (Barcelona), una toalla de baño con las efigies de Elvis, Marilyn, Michael Jackson y el Che.

Y sentado en un parterre de la calle Luchana de Madrid, vi a un vagabundo con su botella mediada; sobre el barrigón, la tensa camiseta lucía la efigie del Che y la consigna: ‘¡Hasta la victoria siempre!’.

IGNACIO VIDAL-FOLCH

http://www.elmundo.es/opinion

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