Verano

Verano

El verano es un barranco al que abocamos todos. Se trata de una escabrosa hondonada repleta de luz y calor. Podría tratarse de una sucursal del infierno imaginado,  pero, al contrario, se toma como una producción del cielo:  vacaciones pagadas.

Cuando el Frente Popular Francés logró este beneficio para los obreros, las vacaciones tomaron la forma de un gran bocadillo gratuito o el principio representativo de una piedad que podría llegar, con el tiempo, a lubricar el sistema.

Apoderarse de las vacaciones, tener vacaciones como un bien natural, hizo sentir a la clase proletaria que la opresión no era ya cadena perpetua y que el jefe, con achaques o mejor humor, levantaba por una semanas su pezuña del nuestro cogote.

De ese tiempo proceden todas las celebraciones estivales y un espontáneo buen humor. La celebración del verano es por sí mismo una fiesta . Una llamarada luminosa y caliente a la que nos entregamos con una  alegría singular. Agosto o julio no dejan de ser meses, fabricados como los demás, pero se siente la impresión de que las máquinas que producen la cotidianidad en serie se han estropeado y la dirección productiva debe suspenderse. Nos dan un mes, mientras repara la supuesta avería. Un mes o un menú, un rancho de domingo, para que durante 30 días nos creamos mimados y hasta circunstancialmente liberados. Otra cosa es el hacinamiento que en carreteras y playas se hay de sufrir. Pero ¿qué otra cosa habríamos imaginado que sería concretamente el progreso?

Texto y pintura de Vicente Verdú

http://www.elboomeran.com/blog

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