“Todos podemos confesar crímenes que no cometimos”

"Todos podemos confesar crímenes que no cometimos"
La doctora Julia Shaw, profesora e investigadora en el Departamento de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de South Bank de Londres. DAVID S. BUSTAMANTE

La psicóloga especializada en falsa memoria Julia Shaw sostiene en su estudio que la memoria se puede construir a través de distintos procesos

Hizo un estudio por el que convenció al 70% de los participantes de que había cometido un crimen que no ocurrió

ANA CABANILLAS

 

Hay algo en común entre las personas con buena memoria y las que tienden a olvidar con facilidad: en ninguno de los dos casos, sus recuerdos son tan fiables como pensaban. Julia Shaw, psicóloga forense de la Universidad de Bedfordshire(Reino Unido) y especializada en falsos recuerdos, sostiene que nuestra memoria se puede alterar, hasta el punto de llevar a a personas inocentes a confesar un crimen que no cometieron. Incluso a relatar los pormenores del delito.

Shaw, que ha participado esta semana en el curso La experiencia en el diseño del futuro: la memoria en acción, organizados por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, basa esta afirmación en el la investigación que llevó a cabo con 60 jóvenes de entre 18 y 31 años a quienes trató convencer de que habían cometido, entre los 11 y los 14 años, un crimen que en realidad no sucedió -robo, agresión o argesión con un arma-. ¿El resultado? Un 70% de ellos reconocieron haber cometido el delito y aportaron detalles de los hechos.

“Sólo el 30% de ellos reconocieron que era algo inventado o que no reconocían ningún detalle”, señala. “Dentro de este porcentaje también hubo quienes dijeron ‘te creo, pero no lo recuerdo’, así que hay diferentes variaciones dentro de ese 30%, pero la mayoría acabó aceptando el crimen, elaborando y añadiendo nuevos recuerdos”, señala Shaw sobre el estudio que llevó a cabo, Constructing Rich False Memories of Comitting, uno de los mayores en este campo y publicado en la revista Psychological Science.

El proceso de construcción de la memoria

El método consistía en varias fases. La primera de ella era conseguir la confianzade sus interlocutores. Para ello, el primer paso fue contactar con sus padres, que ofrecieron detalles y fotografía de la época en la que, supuestamente, se desarrollaron los hechos. “En la primera entrevista, les daba detalles reales de su vida, y les pedía que me hablaran de aquel delito”, relata Shaw. A través de estos datos, la psicóloga ganaba credibilidad y conseguía la confianza de los participantes.

“Al principio me decían que no sabían de qué estaba hablando y yo les decía que era normal no acordarse, que yo les iba ayudar”, relata la psicóloga que, mediante una serie de refuerzos, y gracias a imágenes facilitadas por sus informadores, llegaba la siguiente fase. “Con las fotografías comenzaba la imaginación, comenzaban a suponer cómo habría sido, y después de tres entrevistas observabas que el lenguaje cambiaba, que los recuerdos cambiaban, que había más detalle y que eso que estaban suponiendo al principio es como si lo estuvieran verdaderamente recordando”.

“Con este tipo de refuerzos, pueden pensar que están accediendo a la memoria real, en vez de estar fabricándola”, relata. “Lo que haces es aumentar la confianza en esas piezas, que cada vez se vuelven más elaboradas, con lo que al final el 70% cumplió con los requisitos de tener recuerdos construidos”.

La conclusión para Shaw es clara: “Cualquiera podría confesar un crimen que no ha cometido”. En este punto, asegura que “existen casos en los que incluso la policía tiene la evidencia de que una persona no podría haberlo hecho y que esa persona diga que está segura de recordar haberlo cometido”. El trabajo de la investigadora, psicóloga forense, consiste precisamente en evitar este tipo de situaciones y asegurar que estos recuerdos construidos no desemboquen en falsas confesiones durante procedimientos judiciales.

“Superviso todos los pasos de la cadena y, si veo que hay algún punto donde se quiebre, aviso de que puede ser un recuerdo falso. Es algo probable, pero nunca vas a poder decirlo con total certeza”. Estos fallos pueden consistir en la repetición continuada de preguntas, en no dar demasiada información, evitar dar sugerencias y, en definitiva, “asegurarse de que todo lo que dicen está viniendo de ellos y no estás ejercitando la imaginación”.

Aunque detalla que no hay factores que puedan prevenir de este tipo de recuerdos, sí que reconoce perfiles más vulnerables a sufrirlos: “Los más jóvenes, personas con bajo coeficiente intelectual o dificultades para separar la ficción de la realidad, como esquizofrenia, son más propicios”. Personas con demenecia o en situaciones “en las que que puedes llenar espacios en blanco”, como en estado de embriaguez, también son más propensos. “Pero incluso la gente con la mejor memoria del mundo, que puede superar a muchas otras en esto, tiene falsos recuerdos”, reconoce, tajante. “Cualquier persona puede tener falsos recuerdos, la cuestión es cuánto trabajo conlleve”.

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