LOS VIAJES PSICOACTIVOS DE NIETZSCHE, EXPERIMENTOS DE INTOXICACIÓN DIONISÍACA

NIETZSCHE EXPLORÓ LAS REALIDADES ALTERNAS DE LAS DROGAS BAJO INSPIRACIÓN DIONISÍACA.
 

LOS VIAJES PSICOACTIVOS DE NIETZSCHE, EXPERIMENTOS DE INTOXICACIÓN DIONISÍACA

Friedrich Nietzsche entre otras cosas pasará a la historia como el filósofo que logró regresar lo dionisíaco a nuestra cultura y, de manera fiel a este dios de la intoxicación, padeció en carne propia sus extáticos delirios, hasta el punto de caer en una espiral de autodestrucción creativa. Y es que el éxtasis que viene del exceso, que tan alto eleva, también despedaza. En su libroNoumenautics, el filósofo Peter Sjöstedt argumenta que la filosofía de Nietzsche no puede entenderse sin su experimentación con  sustancias psicoactivas, las cuales él mismo se prescribía, aparentemente utilizando de manera taimada su título de doctor… pero en filosofía. 

Nietzsche empezó y terminó su carrera filosófica celebrando al dios griego de la intoxicación, Dionisio. En el periodo intermedio Nietzsche empezó a autoprescribirse y utilizar frecuentemente drogas que alteraban su mente como opio e hidrato de cloral. Argumentó en mi libro que la profunda inspiración de la que Nietzsche habla (en Ecce Homo) es similar al daemon de Sócrates, quizás hoy en día más comúnmente descrita como una alucinación auditiva. El daemon de Nietzsche era Dionisio… Sin estas inspiraciones inducidas por las drogas, dudo hubiera surgido la poderosa filosofía del último periodo de Nietzsche.

A la distancia es sumamente difícil decir qué tanto de la vehemencia electrizante de Nietzsche –quien dijo “No soy un hombre, soy dinamita”– venía de las sustancias con las que alteró su mente, siguiendo el juego báquico de la intoxicación, y cuánto venían de su propia naturaleza, de su propia pasión, especialmente también porque las drogas que parece haber consumido son sedativos más que estimulantes, si bien son dados a las alucinaciones y a los sueños fantásticos y delirantes. Tal vez una imaginación como la Nietzsche pudo haber transformado la adormidera en un profuso fuego alucinatorio (y es que algunos de los fumadores de opio más legendarios lo llamaban “dragón” no sólo por el orientalismo).   

Peter Sjöstedt argumenta que las drogas fueron capitales en la filosofía de la desmesura, el rapto y la provocación de las costumbres apolíneas que tanto caracterizaron a la filosofía de Nietzsche. Sjöstedt comenta que debido a sus migrañas crónicas y sus frecuentes convulsiones, Nietzsche tomaba opio, el cual él mismo se recetaba ya que tenía acceso libre a medicamentos. En una carta a amigos íntimos, Nietzsche da un atisbo de la influencia de las drogas:

Mis queridos Lou y Rée… Considérenme, los dos, como un semilunático con una cabeza inflamada que se ha alterado completamente por la larga soledad. A esto, lo que me parece un sensible entendimiento de la naturaleza de las cosas ,he llegado después de tomar una enorme dosis de opio –en mi desesperación. Pero en lugar de perder la razón, me parece que he entrado en razón como resultado. 

Sobre el hidrato de cloral, la hermana de Nietzsche reporta que el filósofo lo empezó a tomar regularmente a altas dosis en 1882 después de una influenza. Esta sustancia fue utilizada por el doctor Oliver Sacks en su famoso libro Hallucinations, donde menciona terribles alucinaciones que se produjeron después de tomar hidrato de colora, incluyendo ver cómo todas las personas en un camión tenían cabezas de huevo con frenéticos ojos de insectos, un café que se volvía morado y el súbito rostro de un elefante. 

Otro “reporte de viaje” indirecto viene de la amiga de Nietzsche, Resa von Schirnhofer, quien en 1884 visitó al filósofo quien había combinado hidrato de cloral con bromato de potasio:

Me contó cómo, cuando cerraba los ojos, veía una profusión de flores fantásticas, entrelazándose y formando espirales, constantemente creciendo y cambiando de forma y color con exótica lujuria, brotando la una de la otra. “Nunca logro descansar”, se quejó.

Esto parece ser lo más cercano una experiencia psicodélica clásica, en la que casi podemos sugerir que Nietzsche tenía visiones internas de fractales. Más allá de la especulación sobre la influencia de las sustancias psicoactivas en la filosofía de Nietzsche, lo cual es difícil de calibrar (aunque Sjöstedt le da un papel preponderante), es evidente que el filósofo tenía alta estima de los estados alterados de conciencia, ya que celebró como una de las características que definirían al superhombre los estados de conciencia a los cuales habían accedido místicos como Zoroastro, aquellas manías divinas que venían de Dionisio, dios de la intoxicación pero también de los misterios.  

Nietzsche, fiel a una filosofía que despreciaba toda mesura, parece haber llevado una vida excesiva, de alta intensidad intelectual y emocional, lo cual acercó a la tragedia –así haciendo de su vida un arte de vida. Esto lo llevó al colapso mental y a una miserable última década de existencia, la cual vivió enfermo bajo el cuidado de su madre y hermana. Era contranatura para Nietzsche atender a las palabras de Sócrates –a quien consideraba monstruoso (y no sólo por la reputación que tenía de ser físicamente muy feo)–, el filósofo ateniense que alabó siempre las virtudes de la moderación y tampoco de quien fuera su gran ídolo filosófico en la juventud, el filósofo Arthur Schopenhauer, quie escribió:

Por el opio o por el vino podemos incrementar considerablemente nuestros poderes mentales, pero al momento en el que la medida exacta del estímulo se excede el efecto será totalmente opuesto.

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