Los juegos del ‘jeitinho’

Juegos Olímpicos de Río 2016
Fragmento del mural “Etnias”, el grafiti de 3.000 metros cuadrados del artista brasileño Eduardo Kobra.DIEGO AZUBEL EFE/EPA

 

Centenares de periodistas han aterrizado ya en Río de Janeiro y observado con alarma cómo, cuando faltan 72 horas para que se encienda el pebetero olímpico, nada parece funcionar como es debido. “Por qué Río no está preparada para los Juegos”, rezaba el martes la edición digital de nada menos que The Wall StreetJournal. Es evidente que hay motivos para estar preocupados por la situación de la capital simbólica de Brasil. La inmensa mayoría de las pegas que se le pusieron a la candidatura olímpica siguen ahí, en mayor o menor medida. Nadie sabe si los proverbiales atascos de tráfico cariocas van a entorpecer el desarrollo de las pruebas. Los recientes atentados terroristas no han hecho sino redoblar las preocupaciones sobre la seguridad, ya puesta en duda por el control que el narcotráfico ejerce sobre zonas enteras de la ciudad y la fama de brutalidad de la policía local. El virus del zika (un problema nuevo) y la contaminación (un problema antiguo) ponen en peligro la salud de los atletas. Todo, además, en una situación de bloqueo político que hace improbable una respuesta rápida de las autoridades.

Pero las dudas también fueron persistentes hasta la inauguración del Mundial de fútbol, hace dos años. Cuando el balón empezó a rodar, la inmensa mayoría de los millones de espectadores en las ciudades sede (entre ellas, Río) solo tuvieron que preocuparse por el juego de sus equipos en el campo.

Los que han llegado a la Villa Olímpica se han encontrado con una ciudad cambiada, con un barrio portuario, antes dilapidado, renovado con nuevos museos y obras de arte (como el mural de la foto, inaugurado esta semana). En los próximos días sin duda habrá problemas. Pero en este acontecimiento, en el que, como siempre, la inmensa mayoría de los cariocas querrán mostrar al mundo la mejor de las caras de su ciudad, las dificultades se solventarán con las dos herramientas que mantienen a Río desde su fundación, en 1565, y la convierten en la ciudad que aman millones de personas: el jeitinho (expresión que puede traducirse como “acción rápida e imperfecta pero que de alguna manera resuelve el problema”) y un estilo de vida basado en la alegría y en tomarse las cosas con tranquilidad. Quizá nos convenga a todos actuar de la misma manera.

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