Una tribu amazónica demuestra que tus gustos musicales son una influencia

Un experimento con la gente Tsimane de Bolivia pone a prueba si la preferencia popular por algunos acordes es innata o cultural

El experimento con la gente Tsimane. Los sonidos se presentaron a través de auriculares cerrados conectados a una computadora portátil
El experimento con la gente Tsimane. Los sonidos se presentaron a través de auriculares cerrados conectados a una computadora portátil – Josh McDermott
J. DE J.Madrid

 

Da igual si eres un apasionado de la música clásica, escuchas pop, prefieres el rock o solo compras discos de jazz. En los estilos musicales occidentales, algunas combinaciones de notas son generalmente consideradas más agradables que otras. Para la mayoría de nuestros oídos, un acorde de Do y Sol, por ejemplo, suena mucho mejor que la chirriante combinación de Do y Fa sostenido, que históricamente se ha conocido como la nota o la música del diablo.

De hecho, respondemos favorablemente a los llamados acordes consonantes, en los que, como ya descubrieron los antiguos griegos, la relación de las frecuencias de dos notas se basa en números enteros. Pero, ¿de dónde vienen esas preferencias? Durante décadas, los neurocientíficos se han preguntado si son innatas, si nacemos como ellas programadas en nuestro cerebro y son comunes a todos los seres humanos, o si, al contrario, no son más que una influencia determinada culturalmente.

Este debate ha sido difícil de resolver, en gran parte porque hoy en día hay muy pocas personas en el mundo que no estén familiarizadas con la música occidental y sus acordes consonantes. Por ese motivo, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Brandeis (EE.UU.) decidieron realizar un curioso experimento con un pueblo cuyos oídos permanecen «vírgenes». Y obtuvieron una respuesta clara que demuestra lo mucho que nos influye el entorno cultural.

 

El oído de los Tsimane

Un voluntario se somete al experimento
Un voluntario se somete al experimento– J. McDermott

En el estudio, descrito en la revista Nature, participaron más de 100 miembros de la tribu amazónica de los Tsimane, una sociedad agrícola y recolectora de cerca de 12.000 personas que vive en Bolivia y que tiene escasa o ninguna experiencia con la música occidental. Algunos de ellos habitan a varios días de distancia de la ciudad o centro urbano más cercano. La propia música de la tribu comprende tanto el canto como una parte instrumental, pero por lo general es interpretada por un solo individuo a la vez.

Curiosamente, los investigadores encontraron que los acordes disonantes, como la combinación de Do y Fa sostenido, fueron calificaron por estas personas de tan agradables como los acordes consonantes. No había diferencia. «El estudio sugiere que las preferencias por la consonancia dependen de la exposición a la cultura musical occidental, y que no son innatas», concluye Josh McDermott, del Departamento de Cerebro y Ciencias cognitivas del MIT.

Puestos a prueba

Los investigadores hicieron dos grupos de estudio, uno en 2011 y otro en 2015. En cada estudio, se pidió a los participantes que calificaran cuánto les gustaban algunos acordes disonantes y otros consonantes. El equipo también realizó pruebas para asegurarse de que los participantes podían detectar la diferencia entre los sonidos disonantes y los consonantes, y encontraron que sí eran capaces.

El equipo realizó las mismas pruebas con un grupo de bolivianos de habla hispana que vive en un pequeño pueblo cerca de los Tsimane, y con residentes en La Paz, la capital boliviana. También pusieron a prueba a grupos de músicos y no músicos americanos.

«Lo que encontramos es que la preferencia por la consonancia varía espectacularmente entre los cinco grupos», dice McDermott. «En los Tsimane es indetectable, y en los dos grupos de Bolivia, hay una preferencia estadísticamente significativa pero pequeña. En los grupos americanos es un poco más grande, y es mayor en los músicos que en los no músicos».

Cuando se les pidió calificar sonidos no musicales tales como risas, jadeos y sonidos sintéticos, los Tsimane mostraron respuestas similares a las de otros grupos. También parecían tener la misma aversión ante una calidad musical conocida como aspereza acústica.

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