Perplejidad sobre el infinito

Perplejidad sobre el infinito

No resulta frecuente escribir sobre un concepto tan abstracto, acotado a los filósofos y los científicos. Pero como nadie tiene el monopolio de la reflexión, voy a hacer algunos comentarios sobre el infinito o lo infinito, que adquiere distinto sentido si es un nombre o un adjetivo.

Desde que leí a Descartes siendo muy joven, siempre me he preguntado si el infinito existe o es una idea que se ha forjado en nuestra mente. Ésta es una cuestión muy difícil de responder, pero merece la pena intentarlo.

Es evidente que el infinito es un concepto cuya existencia podemos sustentar con pocas dificultades. Ahí están, por ejemplo, los números, que son infinitos porque siempre podemos imaginar uno mayor. Euclides ya demostró que los números primos son infinitos, lo cual me suscita perplejidad porque no puede ser que los números primos sean inacabables si son un subconjunto de los números naturales.

Podemos imaginar también que el tiempo es infinito, al menos en la física de Isaac Newton, aunque esta suposición plantea muchos problemas porque es difícil pensar en algo que no tenga comienzo ni fin. Kant sostenía que el tiempo formaba parte de la sensibilidad y que no podía ser disociado del sujeto. Einstein dio un paso adelante al relativizar el tiempo y vincularlo a la materia.

Pero si el tiempo no es infinito, ¿qué otra cosa puede serlo?. Alguien podría responder que el espacio sí lo es. Pero la ciencia contemporánea ha demostrado que el espacio está en expansión desde hace aproximadamente 13.000 millones de años, tras la gran explosión que produjo el universo que hoy conocemos. Por tanto, el espacio tampoco es infinito.

Si el tiempo y el espacio no son infinitos, es muy complicado pensar en otras magnitudes físicas que lo sean. Todo lo que podemos concebir en nuestra cabeza que exista fuera de nosotros tiene límites. Lo que nos lleva a concluir que el infinito como sustantivo sólo existe en nuestro cerebro.

Otra cosa es lo infinito. Podemos afirmar que hay un amor o un instinto de supervivencia infinito, pero estamos otra vez en el orden del lenguaje. Lo infinito como adjetivo es una metáfora. Siendo todo lo existente finito, su adjetivación no puede ser infinita.

Nos queda, por último, la hipótesis de Dios, pero, como decía Wittgenstein, sobre eso no podemos hablar. Su existencia pertenece al dominio de la fe, que es una de las fuerzas más poderosas que operan en el ser humano.

Todo me lleva a pensar que el infinito sólo existe como un concepto, que es una categoría mental. Podemos representarnos un centauro o una sirena, pero eso no significa que sean reales. Igual sucede con el infinito.

Me parece que el infinito es un espejismo, un sueño en el que nos miramos desde nuestra absoluta finitud y valga la contradicción de juntar ambos términos.

Descartes sostenía que el infinito es una idea innata, grabada en el alma por Dios. Una bella solución que remite el asunto al Ser Supremo. Como no puedo sacar una conclusión definitiva, quede aquí expresada mi perplejidad.

PEDRO G.CUARTANGO

http://www.elmundo.es/opinion

Pintura: Alejandro Saint Fuente

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