Obama, negro de «jazz y son»

Obama, negro de «jazz y son»

 

Obama fue recibido por Felipe VI y Soraya Sáenz de Santamaría, que se protegía del calor con un abanico. Llegó a Serrano 75. Los embajadores le prestaron su alcoba nupcial guardada por dos armarios del servicio secreto, conectados con la séptima planta, donde están los chicos de la CIA. Por la mañana, entre maceros y pífanos, recordó Obama que la primera vez que estuvo en Madrid llevaba una mochila a la espalda.

Unos centenares de ciudadanos protestaron delante de la embajada. Pero las cosas han cambiado una barbaridad desde que los españoles se manifestaban en Torrejón de Ardoz, donde aterrizó anteanoche el Air Force One, y desde donde salió ayer por la tarde con dirección a Rota después de entrevistarse con los principales políticos. «Los yanquis vienen volando,/ urracas azucareras,/ urracas que urraqueando/ hasta nos están llevado/ el aire de las palmeras», decía Alberti. Barack Obama -luce de negro de «jazz y son» (Nicolás Guillén)- baila o juega al golf sobre un solo pie y no llega urraqueando, sino con el mensaje de la amistad, aunque detrás de él alguien lleva el maletín del apocalipsis: bombas nucleares y misiles de largo alcance.

Estábamos contra ellos porque nos hundieron el Maine, nos desembarcaron en las Baleares como hicieron en Sicilia y porque la izquierda no creía que el imperialismo fuera la democracia. Éramos tan antiamericanos como los turcos o los griegos, a pesar de la libertad salvaje de los caballos del Oeste y de que nos enviaron leche en polvo cuando éramos niños.

Luego, a principios del siglo XXI, el presidente Aznar intentó que España abandonara el rincón de la Historia. «Nuestra aportación en las Azores cambiará la posición de España en el mundo», decía. Contra el 80% de la población apoyó la doctrina Bush en una guerra que no termina nunca. Gore Vidal decía que el Gobierno de su país en esa matanza era la «compañía de petróleo y gas Bush-Cheney».

Barack Obama es bello, echa caramelos por la boca e hizo posible aquella profecía: las manos que cogen algodón un día cortarán las azaleas y los gladiolos de la Casa Blanca. Los padres de la libertad pensaron que con un negro en la Presidencia llegaría una nueva época. Lo intentó primero Jesse Jackson, y por fin lo consiguió Obama años después de la lucha que estalló en Montgomery (Alabama, 1955), cuando la costurera negra Rosa Parks se subió a un autobús y se sentó en un asiento de los blancos. El conductor le exigió que se levantase y Rosa dijo no.

En otras ciudades, los niños negros escoltados por soldados, con la bayoneta calada, entraron en clases donde sólo podían entrar los blancos. Aquel sueño deLuther King en el que veía a los pequeños escolares negros ir a la escuela cogidos de la mano de los chicos blancos se cumplió con este presidente, que es más popular en Europa que en Norteamérica aunque ha vencido a la recesión y esMarco Aurelio si se le compara con el que puede sucederle: Donald Trump, que convertiría la Presidencia de los Estados Unidos en un reality show.

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Ilustraciòn de Ulises

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