La máquina del tiempo

La máquina del tiempo

Una urna es, básicamente, una máquina del tiempo. Como el Delorean, pero alimentada por los deseos, aspiraciones y hasta los errores de una sociedad entera. Ahora se trata de decidir si ir hacia delante o hacia atrás. Tendemos a pensar (cosas de las metáforas que nos definen) que lo deseable o lo bueno se encuentra enfrente de nosotros. Que no a nuestras espaldas. Y lo hacemos por la misma y azarosa sinrazón por la que tiempo atrás decidimos que el cielo está arriba y el infierno abajo.

El 26-J se impuso la idea de detener el tiempo, de regresar a un espacio conocido que, pese a sus evidentes incomodidades y suciedades, se antojó en términos generales más seguro que cualquier otra propuesta futurista. Llegado un momento, todo eternauta (eso es un viajero del tiempo) ha de decidir dónde quiere ir. Si al tiempo de los dinosaurios o a un incierto porvenir con la Tierra arrasada por mil plagas. Eso si somos pesimistas. Si al contrario, la duda está en regresar a la época de los hombres originarios y justos, o a la de la sociedad por venir en la que todas las enfermedades serán erradicadas. A poco que nos fijemos, los dos espacios son igual de ilusorios. Otorgamos al pasado o al futuro condiciones salvíficas o desastrosas según nuestro sitio en el único espacio posible: el presente. Y lo que vale para las Elecciones Generales vale para el Brexit.

Y éste es el problema. Pensamos que votamos hacia el futuro o el pasado y no hacemos más que votar por el presente. Todo viaje en el tiempo acaba por ser un trayecto en redondo. Hay elementos que lo demuestran. Un ministro habla de asestar ‘el golpe cuando puede acabar con el animal’. De repente, el pretérito más imperfecto vuelve transfigurado en pesadilla. Y no pasa nada. La mayor parte de una opción política prefiere abstenerse antes de votar a los suyos (es lo que ha hecho IU como demuestra el sociólogo Ignacio Sánchez-Cuenca) y el rancio casticismo del cuanto peor mejor regresa al lugar exacto de su nacimiento. Son sólo dos ejemplos. Decía Vonnegut que tenemos que tener cuidado con lo que queremos ser porque somos, ni más ni menos, lo que queremos ser. En el presente. No hay forma de moverse del sitio.

LUÍS MARTÍNEZ

http://www.elmundo.es/opinion

Deja un comentario