Golpistas: cabeza de turco

Golpistas: cabeza de turco
ULISES

 

RAÚL DEL POZO

‘Si se experimenta cualquier emoción al llegar a Asia es porque se sabe de antemano que aquello es Asia. Si no se supiera no se notaría. No hay fronteras para la vida’. Eso lo decía Julio Camba cuando estuvo de corresponsal en Turquía. Y lo cierto es que sigue siendo el Bósforo la puerta que comunica Oriente y Occidente, y sigue habiendo alambradas para la vida. Según Erdogan, islamista moderado y contradicción andante, ha sido un imán de bigote blanco con 10 millones de seguidores el que ha incendiado la puerta. Pero ese clérigo dice desde EEUU que el golpe de Estado era una simulación. El contragolpe, sin embargo, tiene toda la pinta de una atrocidad asiática: miles de militares apaleados y algunos degollados, jueces detenidos y cientos de muertos, un ejército que queda divido y enfrentado. Internet, al que tanto odia y persigue el hombre fuerte, ha sido trascendental en la noche de guerra de dos continentes, dos civilizaciones, dos religiones. El miedo empieza a ser una poderosa fuerza en Europa, donde su enfermo -Turquía- es clave en un continente con fronteras, refugiados del éxodo y la matanza, recrudecimiento del nacionalismo y hasta de la teocracia, en los convulsos días del Brexit y la carnicería de Niza.Esto no va a terminar así, porque hemos visto como arrastraban a soldados y oficiales del segundo Ejército más poderoso de la OTAN. Turquía se aleja de Europa y habrá limpieza hasta que no quede mancha; lo han jurado los vencedores del golpe.Para muchos políticos Turquía no fue nunca un país europeo a pesar de que fue griega, romana, bizantina, y por último, musulmana. Estambul, antes Constantinopla, también se llamó Nueva Roma y Bizancio. La fundó Constantino con la teocracia para huir de la libertad romana.Lord Byron atravesó a nado el estrecho de los Dardanelos cuando intentó liberar Grecia y sus 1.900 islas de la tiranía de los pachás perezosos, libertinos y estúpidos. Constantinopla, la dorada ciudad de la emperatriz Teodora, antes prostituta, que vio el trono como un sepulcro y la púrpura como un sudario donde estuvo la papisa Juana, hija de un monje, siempre fue como escribió Edmondo de Amicis una ciudad extraordinaria. ‘Viviendo en ella, se puede encender un cigarro en Europa y marcharse a Asia para arrojar la ceniza. Se puede hacer un almuerzo en un restaurante europeo y digerirlo en Asia tomando un café’.Turquía se islamiza y se aleja del laicismo europeo. Erdogan se llena de razón y considera que ha sido un regalo de Dios el golpe fallido. Ahora utilizará a los golpistas, precisamente, como cabeza de turco. Ha vuelto a utilizar, a través de SMS las mezquitas como cuarteles, los minaretes como bayonetas, los creyentes como solados, invocando al poeta nacional Ziya Gökalp, como ya hizo en otra ocasión cuando era alcalde de Estambul. Estudió en la escuela coránica, procede de una familia muy religiosa, y hay quien lo ve como la otra gran quinta columna en la Europa amenazada por la yihad.

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