El nudo gordiano

Los periodistas, cronistas, reporteros y comentaristas del mundo entero están de plácemes. Bueno, estaban. La semana pasada por lo menos. Al fin noticias sensacionales, de esas que estimulan a la audiencia y la multiplican. Todo el mundo pendiente de los periódicos y de los noticieros. Y los hombres y mujeres que los elaboran se vuelven de golpe protagonistas y adquieren una notoriedad eximia.

 

El nudo gordiano

El brutal atentado en Niza concentró la atención del mundo entero, y las agencias noticiosas hicieron su agosto con dos semanas de anticipación. De hecho ya habían comenzado a hacerlo 15 días antes, con la masacre del aeropuerto de Estambul.

El negocio es el negocio y si la publicidad y las ventas aumentan, miel sobre hojuelas. Eso no quiere decir que la gente de los medios, como todo bien nacido, no lamente profundamente lo ocurrido y no se compadezca conmovida y sinceramente por la muerte trágica y absurda de esos incautos seres, de esos desdichados semejantes que, sin deberla ni temerla, se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Ello no obsta, sin embargo, para que la muerte ejerza una atracción magnética e irresistible sobre el alma humana. Atracción paradójica, contradictoria y difícil de asumir. Confrontarse al dolor y a la tragedia ajenas produce una especie de exitación gozosa —que no placentera— con poderes casi hipnóticos. Ya lo he dicho y repetido, y antes que yo lo han afirmado muchos, Freud entre otros. Es el contradictorio e insoslayable Thanatos.

No voy a insistir en ello. Sólo le recordaré, observador leyente, la fruición con que los viandantes se detienen a observar con la mayor atención posible los accidentes viales y a las posibles víctimas. Es inevitable, y no se trata de una pulsión morbosa o malsana, sino, como afirma el propio maestro vienés, de una conducta natural, perfectamente normal y profundamente humana.

Lo que ya resulta más difícil es establecer contextos y referencias en las que inscribir lo ocurrido. Los franceses se niegan a admitir y a  entender que su país está en guerra. Y no sólo los franceses. Tal negación es universal, y es casi unánime la opinión de que calificar de “terrorismo” lo ocurrido en la costa mediterránea, queda zanjada la cuestión.

Y terrorismo es ciertamente, en el sentido estricto de la palabra. Pero es también un acto de guerra. La principal diferencia es que los franceses que matan árabes llevan uniforme mientras que los árabes que matan franceses, no.

El presidente Hollande se apresuró a decir en plena conmoción, inmediatamente después de lo ocurrido, que Francia intensificaría los bombardeos sobre Siria. Ya no sé si dijo Siria o el Estado Islámico. Pero tanto da. A los cientos de civiles que morirán despedazados bajo las bombas o los misiles, les da igual quién las lanzó y a quién iban dirigidos. Los fuegos que ellos ven en el cielo no son precisamente de artificio, como los del Boulevard des Anglais.

He ahí la gran abyección. Mientras las víctimas galas gozan de la conmiseración, el duelo solemne y el homenaje universales, los musulmanes, que no son ni más ni menos importantes ni mejores ni peores, padecen y mueren en el más ignominioso de los anonimatos, acompañados sólo de sus más cercanos, en caso de que aún sobrevivan.

Déjeme invitarlo, amigo mío, a contemplar tres testimonios gráficos. De antemano le pido disculpas. Se trata de una experiencia no precisamente agradable, pero sin duda indispensable. Presencie lo que queda hoy de tres de las principales ciudades de Siria. Vea los siguientes videos e imagine, si le da el corazón, el resto.

        Aleppo: https://www.youtube.com/watch?v=0IvFi0yMDjI

        Kobane: https://www.youtube.com/watch?v=qXmxvQwMvJw

        Homs: https://www.youtube.com/watch?v=QZhC00A5h84

La cosa es muy complicada: Francia lucha contra el EI pero también contra el gobierno de Damasco. Y de alguna manera también contra Rusia que le quiere comer el mandado. Pero el EI también lucha contra Damasco. Existen además media docena de países occidentales, encabezados por EU que participan en la doble o triple ofensiva, y un grupo indeterminado de organizaciones armadas que se enfrentan entre ellas y contra el EI y Damasco simultáneamente. Y para acabarla de amolar también están los kurdos, que se enfrentan al EI, a Damasco, a Bagdad y a Ankara. Encuéntrele usted la punta, meticuloso lector.

Únicamente hay dos cosas claras, prístinas. Una es que toda esta catástrofe, de Kabul a Bruselas, pasando por Bagdad y Niza, tiene su origen inmediato en la intervención gringa de 1990, en la llamada Guerra del Golfo. Todo el resto siguió, y seguirá, de manera automática e inexorable. La otra se llama petróleo que se llama dinero que se llama dominio que se llama estupidez criminal.

Obviamente los intereses contrapuestos e irreconciliables seguirán ad aeternum, sin embargo, por mero espíritu de sobrevivencia, en Oriente Medio, en Europa y en el mundo entero, es preciso, indispensable, terminar con la carnicería.

Para resolver el conflicto armado únicamente cabe iniciar osadas negociaciones. Varios intermediarios contribuyen a buscar rutas operativas no con artimañas. Ya otros trataron antes mediante búsquedas inútiles engañosamente neutrales. Anticipar garantías únicamente avivó suspicacias.

Si todo esto le parece un nudo gordiano inextricable, amigo mío, espérese a la semana que viene en la que hablaremos de Turquía. Y es que este mundo, ay, es cada vez menos ancho y menos ajeno.

MARCELINO PERELLO

http://www.excelsior.com.mx/opinion

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