Cara a cara con Júpiter

Gráfico interactivo: una sonda para desvelar los secretos de Júpiter MODESTO J. CA

MARCOS BARAJAS DIEGO

En 1610, Galileo Galilei observó el movimiento de sus cuatro grandes lunas. Y en 1667, Giovanni Domenico Cassini describió el aspecto de su colorida superficie. Pero hubo que esperar a las misiones espaciales de la década de los 70 del siglo XX para comenzar a desvelar alguno de los muchos misterios que esconde Júpiter.Ahora, la ciencia da un paso más. Uno de 2.800 millones de kilómetros. Los queJuno, una pequeña nave robótica de la NASA, lleva recorriendo durante cinco años para alcanzar al gigante gaseoso. Mañana termina su viaje y la fecha, el 4 de julio, no es un día cualquiera en Estados Unidos.

«Es interesante que coincida con la Fiesta Nacional. No se ha planeado a propósito; de hecho, estoy seguro de que los científicos de la misión preferirían librar ese día», bromeaba esta semana en el festival Starmus de Tenerife el astrofísico Joel Parker, director de la división de Ciencias Planetarias del Southwest Research Institute (SwRI) en Boulder (Colorado, EEUU), el mismo centro donde trabaja el investigador principal de Juno, Scott Bolton. Pese a la expectación creada para mañana por la NASA -que promociona la misión con untrailer digno de una película de Hollywood- habrá que esperar varias semanas para disponer de nuevas imágenes, puesto que la nave llevará todos sus instrumentos en modo seguro durante la inserción en la órbita del planeta.

Juno debe su nombre a la esposa y mujer del dios romano Júpiter. Como ella, tratará de usar sus poderes para dejar al desnudo los secretos del planeta. Será la primera nave que echará un vistazo por debajo de su densa capa de nubes y obtendrá información para entender mejor su estructura y su historia, que también es la nuestra. «De la formación del Sistema Solar sólo conocemos los trazos generales: que el 99% de la nebulosa original formó el Sol y el restante 1% se aglutinó para dar lugar, entre otras cosas, a los planetas hace unos 4.500 millones de años», señala Javier Armentia, astrofísico y director del Planetario de Pamplona.

Al igual que el Sol, Júpiter está formado en su mayor parte por hidrógeno y helio. Por eso los científicos creen que fue uno de los primeros planetas en crearse y que alberga importantes pistas sobre los primeros compases de vida del Sistema Solar. De momento hay más preguntas que respuestas y las próximas horas serán decisivas para poder inclinar la balanza hacia el lado de las certezas.

Una maniobra delicada

En la noche del 4 al 5 de julio -horario peninsular español-, Juno activará su motor principal durante 35 minutos para reducir su velocidad a 542 metros por segundo. Sólo así podrá ser atrapada por la órbita de Júpiter. «Este encendido es absolutamente crítico ya que, de no hacerse, la nave pasaría a Júpiter de largo y, por tanto, nos quedaríamos sin misión», advierte Eduardo García Llama, físico e ingeniero en operaciones espaciales en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston (Texas, EEUU). La maniobra de aproximación se ejecutará sobre el polo norte y ofrecerá una perspectiva nunca vista de un planeta que la nave orbitará 37 veces durante los próximos 20 meses.

Cada 14 días, Juno volará 5.000 kilómetros por encima de las nubes más altas. Debajo de ellas existe una capa de hidrógeno sometida a tal presión que este gas llega a actuar como conductor de la electricidad. Unido a la gran velocidad de rotación de Júpiter -donde los días sólo duran 10 horas-, esto da como resultado un potente campo magnético, aunque estos dos factores por sí mismos no explican por qué es 20.000 veces más intenso que el terrestre. Sea como sea, Junorecibirá una radiación equivalente a 100 millones de radiografías como las que se realizan en las clínicas dentales mientras dure la misión. Y eso a pesar de que orbitará Júpiter por los polos -donde la exposición es menor- y de la cubierta de titanio que la protege.

Todas las cifras relacionadas con Júpiter son astronómicas. Es una bola gigante de gas 11 veces mayor que la Tierra y concentra dos veces más masa que todos los planetas, satélites, asteroides y demás cuerpos del Sistema Solar a excepción del Sol, al que tarda 12 años en dar una vuelta; de hecho, si fuera 80 veces más pesado, sería una estrella y no un planeta. Con la misión Juno, que cuenta con un presupuesto total de 1.130 millones de dólares, los científicos esperan profundizar en el conocimiento de este monstruo.

«Juno efectuará mediciones de gran resolución de los campos gravitatorio y magnético de Júpiter que permitirán determinar con gran detalle su estructura interior. Por otro lado, seremos capaces de conocer mejor su estructura atmosférica, su composición y su dinámica hasta profundidades sin precedentes, así como la estructura tridimensional de su magnetosfera polar», enumera García Llama. Este ingeniero en la NASA explica que todo ello servirá para afinar los actuales modelos de formación de planetas gigantes, conocer con mayor detalle cómo se creó y evolucionó el Sistema Solar y comprender mejor los sistemas exoplanetarios.

Sigue los pasos de Galileo

Hace 21 años, Júpiter recibió una visita parecida: la de la misión Galileo. La primera que lo orbitó. «Ofreció información de sus lunas, superficie, anillos, asteroides, etc. El problema es que contaba con tecnología de los años 80 y la transmisión de los datos era muy lenta. Juno se montó 10 años antes de lanzarse en 2011 y, por lo tanto, cuenta con tecnología de esa época. Es apasionante saber que sigue funcionando», destaca Armentia. En opinión de García Llama, Juno se ha beneficiado de la experiencia acumulada: «Los descubrimientos en relación a Júpiter que fueron posibles gracias a la misión Galileo han servido para definir la misión de Juno de forma que se pueda profundizar en lo que se descubrió entonces e investigar las cuestiones que dejara abiertas».

En este sentido, la novedad de Juno es que «tiene nuevos instrumentos que van a permitir centrarse en nuevos aspectos. Por ejemplo, mi instituto aporta un instrumento, un espectrógrafo de luz ultravioleta, que servirá para estudiar las auroras que, al igual que en la Tierra, también se producen en Júpiter. Y estas auroras ayudarán a investigar su campo magnético», señala Parker. Los datos que envíe esta nave serán analizados después por un equipo que integra científicos de Italia, Francia, Bélgica, Reino Unido y Dinamarca.

Pero antes de que eso suceda, Juno ya ha hecho frente a una gran carga de trabajo. Para empezar, en su trayecto hacia Júpiter logró batir el récord de distancia recorrida con energía solar, que hasta octubre de 2012 ostentaba la sonda Rosetta con 792 millones de kilómetros. Ambas son las únicas que han sido capaces de impulsarse más allá del cinturón de asteroides con esta tecnología. «Sin embargo, más allá de Júpiter creo que será difícil que la energía solar pueda cubrir las necesidades energéticas de futuras sondas espaciales ya que, por ejemplo, donde se encuentra Saturno -que es el planeta siguiente a Júpiter- la intensidad de la luz solar es unas 100 veces menor que la que se recibe en la Tierra», puntualiza García Llama. Además, Juno ha colaborado estrechamente con el telescopio espacial Hubble a la hora de estudiar las auroras en Júpiter: mientras este último observaba y analizaba este espectáculo de luces en su atmósfera, la nave se centraba en la influencia del viento solar sobre este fenómeno.

Mirar a Júpiter es mirar al mismo tiempo a la Tierra y levantar la vista al infinito. «Ahora sabemos que, además del nuestro, hay muchos otros sistemas solares, con planetas girando alrededor de otras estrellas. Entender cómo se formó nuestro Sistema Solar es muy importante y se han hecho muchos trabajos en este área», afirma el ex astronauta de la NASA y astrofísico Rusty Schweickart, que antes de viajar al espacio a bordo de la misión Apolo 9, en 1969, trabajó como científico en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), investigando la física atmosférica y haciendo seguimiento de estrellas. Para él, «comprender cómo se formaron los planetas y cómo surgió la vida es algo inherente a los seres humanos».

Quizá a partir de mañana, después de andar 2.800 millones de kilómetros por el espacio, Juno encuentre una parte de nosotros.

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