Ni tonta ni desvalida

CINE

90 años del nacimiento de Marilyn Monroe

Ni tonta ni desvalida

Todas las épocas tienen sus modas y sus mitos, sus personajes y sus cuentos. Marilyn Monroe nació en plenos años 20 y triunfó en los 50, pero la verdadera fama le llegó a partir de su muerte, ocurrida en agosto de 1962, cuando su imagen de chica de calendario había hecho estragos hasta en la Casa Blanca. Sus affaires con el presidente J. F. Kennedy y su hermano, el fiscal Robert Kennedy, la auparon a las cabinas de los camiones y seguramente contribuyeron a su muerte. Cincuenta años después de aquella noche de alcohol y barbitúricos, Marilyn sigue alimentando leyendas indescifrables. Ha sido su venganza.

Nació como Norma Jean Baker, rodeada de orfandades y desafectos. Iba de casa en casa y de adopción en adopción, buscando el cariño que no le dieron los suyos. A los 16 años se casó para tener familia propia, pero la suerte le jugó una mala pasada y lo que encontró a partir de aquel momento fue candidatos a su cuerpo. Era carne de póster y tenía la sonrisa roja y una mirada en la que quedaban atrapados los hombres que se le acercaban. Unos la querían para usarla. Otros, para redimirla o ejercer de Pigmaliones con ella. Pudo ser el caso de su segundo marido, el escritor Arthur Miller, que a menudo se interponía para ofrecerle sus textos o para censurar los de otros.

No era gran actriz, aunque trabajó con directores y actores consagrados de los que se valió para engrandecerse. Ellos le prestaban el talento y ella, su aura. Repasando su biografía, todos los títulos suenan a la misma comedia: Como casarse con un millonario, Con faldas y a lo loco, La tentación vive arriba, El príncipe y la corista, etcétera. Quizás la única película que diferenció a Marilyn fue Niágara.

La mujer desvalida que algunos creyeron advertir dio mucho juego en la creación del mito. Marilyn fue un producto típicamente americano en cuya elaboración no sólo intervino la industria cinematográfica, sino el periodismo, la Casa Blanca, el FBI y el erotismo como factor de estabilización en la postguerra.

Marilyn no era alta ni delgada. Viendo sus muslos, cualquiera habría dicho que estaba mal alimentada. Y es que la proteína no abundaba en las clases modestas del que ya era el primer país del mundo. Con las medidas femeninas que ahora triunfan, Marilyn Monroe no se habría comido una rosca. Sin embargo, su cuerpo de muñeca plastificada levantaba pasiones allí donde fuera.

Marilyn era curvilínea y mullida, usaba pelo platino y tenía las tetas puntiagudas. Para los fervorosos del mito, ella les hizo sombra a todas las demás, desde Rita Hayworth a Lauren Bacall o Ava Gardner. Sólo Brigitte Bardot, que ya despuntaba, logró imponerse a la muñeca que volvía locos a los americanos. La Bardot superó la picardía de Marilyn y creó un repertorio de gestos que revolucionó los posados en el star system. No necesitaba subirse a los tacones para evocar el fetichismo y sus vestidos eran más provocativos que su desnudez. Sin embargo, muchas de las mujeres que hoy quieren convertirse en sex symbols mimetizan los mohines de la Monroe, sus boca de buzón y su culo en pompa.

Unos soñaban con ella y otros, como los Kennedy, huían de la pesadilla. Marilyn, sintiéndose utilizada, amenazó con dinamitar la Casa Blanca haciendo públicos los secretos de Estado que escribía en su diario. Una de las versiones de su muerte es que los Kennedy se la quitaron de en medio. El presidente habría de dormirse muchas veces con la mujer que salía de una inmensa tarta y le cantaba el Happy Birthday con un vestido muy ceñido al cuerpo y sin ropa interior. Se dijo entonces que hubieron de coserlo una vez puesto para que pareciera su segunda piel. Seguro que John F. Kennedy debió de soñar con él incluso después de muerto.

CARMEN RIGALT

http://www.elmundo.es/cultura

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