La indecencia y lo que sigue

La indecencia y lo que sigue

El jueves se llevó a cabo el temible y temido referéndum británico acerca de la membresía del Reino Unido en la Unión Europea. Las encuestas predecían un resultado ajustado entre los favorables a continuar con la permanencia y los partidarios de la ruptura. En el fondo, sin embargo, nadie creía que el disparate del Brexit, “la salida”, podría, de ninguna manera llegar a realizarse. Sería terrible, una locura.

 

Y hete aquí, que en una de sus bromas, la sacrosanta democracia hizo triunfar a los separatistas con el 52% contra 48% de los unionistas. Nadie sabe exactamente cómo fue, pero ahora todo el mundo, los del Sí y los del No se jalan los cabellos. Ya no hay marcha atrás. La democracia dicta. Es la más severa de las dictaduras.

Ni modo que ahora hagan otro referéndum para refrendar o anular el primero. Los británicos no se atreverían ni se atreverán a tal engendro. De manera que ahora ya están abatidos, contritos e instalados en el Bregret, “el arrepentimiento”. Las consecuencias, de todo tipo, en el mundo entero, no se han hecho esperar, pero lo peor está por venir. A ver hasta dónde llegan, y a ver cómo le hacen. Ya hablaré mañana con más detalle de este brutal golpe de efecto. Hoy prefiero dedicar el espacio que me resta al otro absurdo que nos obsequió el fin de semana. Esta vez un poco más al sur, en la yermas praderas que se pateó el sufrido Rocinante. Se llevaron a cabo comicios generales en el Estado Español, también, por supuesto, bajo la égida soberana de su majestad la Democracia. Y la volvió a cagar.

 

Ante el pasmo de unos y otros, volvieron a ganar los neofalangistas de Mariano Rajoy. Esta vez, con un margen mucho más amplio que en las elecciones de diciembre. Es inconcebible. El prestigio de este verdadero miasma estaba por los suelos, más bien por los subsuelos. Es decir, debía haber estado, pero pues no. El pueblo español, en libre ejercicio de su irrenunciable soberanía y proverbial gentileza, le otorgó el triunfo aplastante.

Aunque parezca paradójico, tal fenómeno no lo es. Nada lo es. Aquí deberemos diferenciar entre la España estricta y los territorios sometidos de Cataluña y el País Vasco, y las cosas se aclararán bastante. Dejo aparte Galicia, Navarra, el País Valenciano y las Baleares, con problemáticas distintas.

Asi pues, en la España española el PP del tal Rajoy, obtuvo el 36% de los votos. Mientras que en Cataluña solamente 12% y en el País Vasco el 11%. Ah. El paso siguiente reclama considerar los otros partidos en liza. Fundamentalmente el PSOE, UP (Unidos Podemos) y C’s (Ciudadanos). Todos ellos perdieron votos. Y el secreto no es tan secreto. Basta tener en cuenta el vigoroso, irrefrenable movimiento de independencia de los catalanes. Y todo el movimiento electoral, campañas y comicios incluidos, giraron en torno a esta cuestión. En particular, en España para combatirlo y en Cataluña para favorecerlo. Esta circunstancia determinó que muchos de los españoles eligieran la opción más “capaz” de detener los anhelos independentistas de Cataluña. Y ese no podía ser otro que Mariano Rajoy. Cuanto más fascista e inescrupuloso, mejor. Los demás como que le daban el avión a los catalanes y eso tal vez los favoreció tantito en Cataluña, pero los hundió en España. En efecto, tanto en el País Vasco como en Cataluña no poca gente optó por votar no tanto independentista, como la opción más probable de derrocar a Rajoy. Y esa en general fue UP, que no aumentó su votación, pero que consiguió mantenerla, salvándose de la debacle de los demás (en Cataluña).

Ello explica satisfactoriamente lo sucedido hasta ahora, pero no el enredo que se viene encima para formar gobierno. Ninguno de los partidos tiene el 50% de los sufragios ni de las curules. Así pues, es preciso realizar alianzas. Y es ahí donde la puerca tuerce el rabo. Pues no hay ninguna convincente. Posible tal vez sí, si alguien está dispuesto a dar las nalgas a alguien. Se viene un juego sucio, un juego en las atarjeas.

Partidos antagónicos lograrán obtener mayorías al ofrecer transacciones impúdicas garantizando resultados estratégicos. Varios, incluso, concitarán alianzas aborrecibles sin importar exhibirse sórdidos. Obnubilarán una nutrida audiencia uncida ondeando toda retórica oportunista.

Las dos únicas alianzas a la vista son la llamada “Gran Coalición”, al modo de Alemania, en la que los archienemigos socialdemócratas y democratacristianos se coaligaron para llevar a la Cancillería a Angela Merkel, en nombre de la “estabilidad”, estabilidad en torno a quién sabe qué. Al limbo, supongo. En España eso equivaldría a ayuntar PP y PSOE, que no es tan contranatura como debería parecer. La otra sería una onírica unión de “izquierda”, entre el PSOE, UP y “alguien más”. Pero está en chino, pues Cataluña vuelve a ser el escollo insalvable. UP obtuvo sus votos catalanes prometiendo un referéndum oficial y vinculante sobre la independencia, y a los “socialistas” mesetarios se les ponen los pelos de punta al oír apenas hablar de la cuestión. A ver quién embadurna a quién. Éstas son pues las dos más recientes gracejadas de Doña Democracia. No hay ninguna sorpresa. Lo que sí me puede es que haya todavía alguien que se tome en serio esta estúpida indecencia.

MARCELINO PERELLO

http://www.excelsior.com.mx/opinion

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