El pene pequeño

El pene pequeño
ULISES

 

El buen gusto se formó por primera vez bajo el cielo griego. Lo que Carlos Marx llama la noble simplicidad y una reposada grandeza. Este ideal de la reposada grandeza se observaba en los faletes de las estatuas. Los miembros viriles de los dioses, los atletas y los héroes eran pequeños, modestos y se consideraba una costumbre bárbara mostrar el pijo circuncidado. Esa obsesión por la moderación de los griegos se prolongó al Renacimiento. Al David de Miguel Ángel no se le extirpó el prepucio, a pesar de ser un rey judío. Paola Rosa, que vigila la limpieza del David utiliza delicados pinceles y aspiradores de polvo cada lunes, para que brille en el universo el mármol de Carrara -5,5 toneladas de peso- en la glorieta de Galería de la Academia de Florencia. La restauradora observa la proporción áurea del bálano que conecta con la sensibilidad contemporánea.

Los griegos, que siempre son nuestros contemporáneos, pensaban, como ahora las feministas posmodernas, que eso del quilé grande es una equivocación. El otro día en la charla Sexo, porno, feminismo en la sede del Podemos en Madrid, la estrella porno Amarna Miller -junto a las diputadas Clara Serra, Beatriz Gimeno, y la concejala Rita Maestre- fustigó la sociedad machista-patriarca, basada en la diferencia de genitales. Dijo: “Nuestro cuerpo es nuestro y hacemos con él lo que queremos”. De acuerdo, pero eso de los genitales de los hombres está muy desmitificado. Ya no se padece la envidia freudiana del pene. El tamaño del hermano pequeño vuelve a la proporción griega, cuando sólo a los esclavos se le representaba con enormes carajos.

Aristófanes creó la primera heroína femenina, Lisístrata, vista ahora como la primera sufragista. Aunque el autor fustigaba a las mujeres, que pintaban muy poco en Atenas, retrata a Lisístrata como la activista que quiere disolver el ejército. Describe al hombre ideal para las mujeres como de pecho sano, anchos hombres, lengua corta, muslos fuertes y chuzo pequeño. A pesar de que en sus funciones había procesiones fálicas, el autor entendía que el muñeco grande no era signo de masculinidad sino de barbarie. Príapo-pollón era un dios rústico, sus estatuas no eran de mármol sino de tronco de higuera y se utilizaban de espantapájaros.

Todo esto es para explicarles que, por fin, los visitantes de los museos sabrán por qué las estatuas griegas tienen el nardo pequeño. Lo ha explicado el profesorAndrew Lear (Harvard): “Un pene pequeño era algo codiciado en la antigua Grecia porque se asociaba a la moderación y al control de los impulsos”. Por eso Aristófanes se burla de los que presumían de polla grande: “Ciegos humanos, semejantes a la hoja ligera, impotentes criaturas hechas de barro deleznable, míseros mortales que, privados de alas, pasáis vuestras vida fugaz como vanas, sombras o ensueños misteriosos”. El escritor satírico, por sus provocaciones y moderneces fue desterrado a Macedonia donde murió apedreado por las mujeres. Otros dicen que se lo comieron los perros.

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